Lo que nos dicen los resultados de la selección mexicana sobre el proceso de Javier Aguirre

Lo que nos dicen los resultados de la selección mexicana sobre el proceso de Javier Aguirre

La realidad golpea fuerte. Si has seguido de cerca los resultados de la selección mexicana en los últimos meses, sabrás que la sensación térmica en el entorno del Tri no es precisamente de optimismo desbordado. No es solo que se gane o se pierda. Es el cómo. Estamos en el tercer ciclo mundialista consecutivo donde la silla del director técnico parece un asiento eyectable y, honestamente, la llegada de Javier "El Vasco" Aguirre junto a Rafa Márquez se siente como el último cartucho de una escopeta que ya se está quedando sin pólvora.

¿Por qué importa tanto analizar esto ahora? Porque el Mundial de 2026 está a la vuelta de la esquina. México no tiene eliminatorias. No tiene esa tensión competitiva que te da jugar en San Pedro Sula o en el Estadio Cuscatlán por puntos reales. Solo tiene amistosos y la Nations League de la Concacaf. Y si miramos los marcadores recientes, el diagnóstico es reservado.

El peso de los resultados de la selección mexicana en la era post-Copa América

La estrepitosa salida en fase de grupos de la Copa América 2024 fue el clavo que cerró el ataúd del proyecto de Jaime Lozano. Los números no mienten: una victoria pírrica ante Jamaica, un empate sin goles contra Ecuador y la derrota ante Venezuela. Ese 1-0 contra los sudamericanos dolió más que una simple estadística; fue la confirmación de que la jerarquía de la Concacaf ya no asusta a nadie en el resto del continente.

Cuando Aguirre tomó el mando para su tercera etapa, la expectativa era orden. Disciplina. Esa "maña" que solo un tipo que ha sobrevivido décadas en el fútbol español puede aportar. Sin embargo, los primeros resultados de la selección mexicana bajo su mando han sido una montaña rusa de bostezos y chispazos. El 0-0 contra Canadá en Arlington fue un recordatorio de que los canadienses ya no son esos tipos que solo saben jugar hockey; hoy son atletas de élite que nos compiten de tú a tú físicamente.

Luego vino el amistoso contra el Valencia CF en Puebla. Un club español que llegó con suplentes y canteranos, y que aun así le sacó un empate 2-2 a un México que parecía no saber qué hacer con la pelota frente a su propia gente. La rechifla en el Estadio Cuauhtémoc fue un termómetro real del hartazgo de la afición. No puedes empatar contra un equipo B de La Liga cuando se supone que estás preparando una Copa del Mundo en casa.

La crisis de gol: un problema que los números no esconden

Si revisas las hojas de anotación, hay un nombre que brilla por su ausencia o por su inconsistencia: Santiago Giménez. El "Bebote" la rompe en la Eredivisie, pero con la camiseta verde, el arco se le cierra. Es rarísimo. Luego tienes a Henry Martín, que cumple en la Liga MX, y a un Raúl Jiménez que, afortunadamente, está viviendo un segundo aire en el Fulham de la Premier League.

El 2-0 contra Estados Unidos en Guadalajara fue, quizás, el único respiro real en meses. Ver a Raúl anotar de tiro libre y asistir a la "Chino" Huerta fue como encontrar un oasis en el desierto. Pero ojo, no nos engañemos. Ese equipo estadounidense venía con ausencias clave como Pulisic o McKennie. Ganar siempre es bueno, pero los resultados de la selección mexicana deben analizarse con pinzas para no caer en el triunfalismo tóxico que tanto daño le hace al fútbol nacional.

¿Qué nos dice la Nations League sobre el nivel actual?

La Nations League de la Concacaf se ha convertido en el espejo más cruel para México. Históricamente, el Tri caminaba en la confederación. Hoy, sufrir contra Honduras ya no es la excepción, es casi la norma. El partido de ida de los cuartos de final en San Pedro Sula, donde México cayó 2-0, mostró las costuras de un equipo que se quiebra bajo presión.

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Aguirre intentó sacudir el avispero. Metió a Memo Ochoa, que a sus 39 años sigue siendo el centro de un debate nacional que parece no tener fin. ¿Es falta de relevo generacional o es que los jóvenes simplemente no dan el ancho? Malagón está ahí, empujando, pero la jerarquía en el Tri se respeta a veces por encima del rendimiento actual. El resultado de ese partido en Honduras fue un balde de agua fría que obligó a una remontada épica (y sufrida) en el Estadio Nemesio Diez de Toluca.

Ganar 4-0 en la vuelta sirvió para avanzar al Final Four, pero la pregunta queda en el aire: ¿Por qué necesitamos estar al borde del abismo para reaccionar?

La dependencia de la localía y la altitud

Toluca salvó los papeles. El 4-0 fue contundente, sí. Jorge Sánchez anotando, Henry apareciendo dos veces. Pero fíjense en esto: la altitud y el apoyo de la gente son muletas. Cuando la selección sale de su zona de confort o de los estadios llenos de paisanos en Estados Unidos (el famoso "MexTour"), el rendimiento cae en picada.

Los resultados de la selección mexicana fuera de territorio nacional o del cobijo comercial de la MLS son preocupantes. Para un equipo que aspira a llegar al famoso quinto partido en 2026, la falta de una identidad de juego clara fuera de casa es un lastre pesado. Aguirre apuesta por el 4-2-3-1 o un 4-3-3 que muta según el rival, pero la transición defensa-ataque sigue siendo lenta, predecible y, a veces, desesperante.

Desmitificando el "Gigante de la Concacaf"

Muchos analistas, como David Faitelson o Christian Martinoli, llevan años diciendo que el término "Gigante" ya caducó. Y tienen razón. Si miramos los resultados de la selección mexicana contra Estados Unidos en los últimos cinco años, el balance es desolador. Perder finales de Nations League y Copas Oro se volvió costumbre.

El problema es estructural. Mientras la MLS exporta jóvenes a Europa a los 17 o 18 años, en la Liga MX los precios de los jugadores locales están tan inflados que nadie sale. ¿Para qué se va a ir un extremo mexicano a sufrir a Bélgica por la mitad del sueldo si en Tigres o Monterrey puede ganar millones? Eso se refleja en la selección. Falta ese "roce" internacional que solo te da jugar contra los mejores cada fin de semana.

  • Exportación: Mínima en comparación con EE. UU. y Canadá.
  • Formación: Pocos minutos para menores en la liga local.
  • Mentalidad: Un conformismo que explota cuando llegan los torneos cortos.

Honestamente, el aficionado promedio ya no se compra el discurso de los procesos largos. Queremos ver que el equipo genere tres jugadas de gol seguidas sin perder la pelota de forma infantil.

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La hoja de ruta hacia 2026: ¿Qué esperar?

El calendario que viene para México no es sencillo. Al no haber eliminatorias, la FMF está intentando cerrar acuerdos con selecciones de la UEFA o la CONMEBOL, pero es difícil porque ellos tienen sus propios torneos. Básicamente, nos vamos a inflar de jugar contra Panamá, Costa Rica y alguna selección europea de segundo nivel que esté libre en fechas FIFA.

Para que los resultados de la selección mexicana mejoren de fondo, Aguirre necesita definir su columna vertebral. ¿Es Luis Romo el dueño del mediocampo? ¿Va a ser Edson Álvarez el líder definitivo de la zaga o seguirá rotando entre la contención y la central? La incertidumbre no ayuda a la cohesión del grupo.

Rafa Márquez, desde el banquillo como asistente, tiene la tarea de pulir a los defensas. Se nota su mano en ciertos movimientos de salida, pero el material humano es el que es. No tenemos a tres Rafael Márquez ni a tres Hugo Sánchez. Tenemos un grupo de jugadores con talento, pero con una irregularidad desesperante.

Datos específicos que duelen

Para entender la magnitud del bache, veamos estos puntos:

  1. México ha recibido goles en la mayoría de sus enfrentamientos contra equipos del Top 20 del ranking FIFA en los últimos dos años.
  2. La efectividad en tiros de esquina a favor es de las más bajas en torneos oficiales recientes.
  3. La posesión de balón no se traduce en peligro real; el Tri circula mucho el balón en zonas intrascendentes (el famoso "U" de posesión).

Kinda frustrante, ¿verdad? Uno espera que con tanto dinero invertido en la estructura, el fútbol fluyera más natural.

Acciones críticas para el futuro inmediato

Si queremos que los próximos resultados de la selección mexicana dejen de ser un dolor de cabeza, hay pasos específicos que el cuerpo técnico y la directiva deben tomar sin miedo al qué dirán. La complacencia es el enemigo número uno.

Primero, se debe priorizar el rendimiento sobre la jerarquía. Si un jugador está en la banca en Europa, quizá no debería ser titular indiscutible por encima de alguien que vuela en la Liga MX. El "Vasco" es conocido por ser pragmático, y este es el momento de demostrarlo.

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Segundo, la gestión emocional. El jugador mexicano suele venirse abajo cuando recibe un gol tempranero. Lo vimos en el Mundial de Qatar y lo hemos visto en la Nations League. Trabajar con psicólogos deportivos de élite no es un lujo, es una necesidad básica para un equipo que jugará con la presión de ser local en 2026.

Tercero, dejar de usar los partidos en Estados Unidos solo para recaudar dólares. Se necesitan rivales que exijan, incluso si eso significa perder y que el ranking FIFA baje. Jugar contra selecciones africanas de primer nivel (como Marruecos o Nigeria) daría una perspectiva mucho más real que enfrentar a Nueva Zelanda en un estadio de fútbol americano a medio llenar.

La realidad es que el camino al éxito no es lineal. Habrá más derrotas que nos harán dudar de todo. Sin embargo, el análisis frío de los marcadores nos dice que México tiene con qué competir, pero solo si deja de creerse el gigante que dejó de ser hace una década. La humildad táctica será la clave para que, en el verano de 2026, no estemos hablando de otro fracaso anunciado, sino de una selección que, por fin, aprendió de sus propios errores.

Para monitorear el progreso real, fíjate en la cantidad de porterías en cero que logre Aguirre contra rivales que no sean de nuestra zona. Ahí es donde se ganan los torneos cortos. Menos posesión estéril y más efectividad vertical; ese es el único camino para cambiar la narrativa de los números.

Pasos a seguir para el aficionado y el analista

  • Sigue la progresión de minutos: No te fijes solo en el marcador final, observa cuántos jugadores menores de 23 años están teniendo minutos reales en partidos de alta presión.
  • Analiza los rivales de los amistosos: Un triunfo 3-0 contra una selección del Caribe no dice nada; un empate 1-1 contra un equipo europeo de media tabla dice mucho más sobre la estructura defensiva.
  • Monitorea la actividad en Europa: El éxito del Tri depende directamente de que jugadores como Johan Vásquez, César Montes y Edson Álvarez mantengan la titularidad en sus clubes.
  • Cuestiona las convocatorias: Si los mismos nombres siguen apareciendo tras resultados negativos, el proceso de renovación es una simulación.

El fútbol no es de merecimientos, es de goles. Y hoy por hoy, a México le cuesta un mundo marcarlos y le resulta muy fácil recibirlos por distracciones propias. El tiempo corre.


Nota sobre los datos: Todos los resultados mencionados corresponden a partidos oficiales de la FIFA, Concacaf Nations League y amistosos internacionales registrados hasta la fecha actual. Los rendimientos individuales están basados en las estadísticas de juego proporcionadas por Opta y los reportes de campo de las transmisiones oficiales.