Si echas la vista atrás y piensas en el México de los años 80, hay rostros que simplemente no puedes borrar de la memoria. Uno de ellos es el de Laura Flores. Pero 1986 no fue un año cualquiera para ella. Fue, básicamente, el epicentro de un torbellino emocional y profesional que terminó por definir quién es hoy.
Seguro has visto sus videos actuales o sus clips en TikTok, donde se muestra súper honesta sobre sus cirugías o su vida en Estados Unidos. Sin embargo, la Laura Flores joven de 1986 era otra historia. Era una mujer de 23 años que estaba lidiando con la fama explosiva de las telenovelas, una carrera musical en ascenso y, honestamente, un caos sentimental que llenó las portadas de las revistas de chismes de la época.
El año de Ave Fénix y el peso de la fama
En 1986, Laura estaba en plena grabación de Ave Fénix. No era una actriz novata; ya traía el impulso de éxitos como Los años pasan (1985) y Los años felices (1984), donde interpretaba a María T. Pero Ave Fénix tenía algo distinto. La trama, que giraba en torno a una familia que lo pierde todo y debe renacer, parecía un espejo de lo que muchas veces pasa en la vida real de los artistas.
Ella interpretaba a Paulina. Verla en pantalla en esos años era entender por qué se convirtió en un ícono de la juventud. Tenía esa mezcla de dulzura y una fuerza que empezaba a asomar. Pero mientras en la televisión todo parecía estar bajo control, en su vida personal las cosas se estaban poniendo... digamos que complicadas.
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El dilema del corazón: Entre el fútbol y el altar
Aquí es donde la historia se pone interesante y un poco triste, según cómo lo veas. A mediados de los 80, Laura Flores mantenía un noviazgo muy mediático con el futbolista Carlos Hermosillo. Eran la pareja del momento. Él, una estrella del Club América encaminándose al Mundial de México 86; ella, la joven estrella de Televisa.
Pero justo antes de que arrancara el Mundial, la bomba estalló. Laura terminó con Hermosillo. No fue una ruptura sutil. La razón dejó a todo el mundo con la boca abierta: decidió casarse casi de inmediato con el músico uruguayo Sergio Fachelli.
Imagínate el drama. 1986 fue el año en que Argentina levantó la copa en el Estadio Azteca, pero en las redacciones de espectáculos, el tema era por qué Laura había dejado al delantero estrella para irse al altar con el intérprete de "Quiéreme tal como soy".
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Sergio Fachelli: Un matrimonio que marcó una época
La boda con Fachelli ocurrió precisamente en 1986. Ella era muy joven, tenía apenas 23 años. Sergio no solo era su esposo, sino también su productor musical. Juntos formaron un dúo que funcionaba increíble en los escenarios pero que, tras bambalinas, empezó a desgastarse rápido.
Muchos dicen que Laura buscaba estabilidad, otros dicen que fue un impulso de juventud. Lo cierto es que este matrimonio fue el primero de varios intentos de la actriz por encontrar el amor definitivo, algo de lo que ella habla hoy con una madurez impresionante, sin esconderse. En aquel entonces, trabajar y vivir con tu pareja era la fórmula del éxito para muchos, pero para Laura Flores significó una carga emocional muy pesada mientras intentaba mantener su estatus de "niña buena" de la televisión.
Música y baladas: El sonido de una generación
No podemos hablar de la Laura Flores de 1986 sin mencionar la radio. Su voz estaba en todas partes. Aunque su disco más icónico, Fruto Prohibido, salió un poquito después (en 1987), durante el 86 estuvo promocionando activamente su faceta como cantante de baladas románticas.
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Era la época de los sintetizadores, el cabello con mucho volumen (el famoso crepé) y las letras que te desgarraban el alma. Ella encajaba perfecto. Logró lo que pocos: que la gente la respetara como actriz de drama y, al mismo tiempo, comprara sus discos.
Por qué nos sigue fascinando esa versión de Laura
¿Qué tiene de especial esa etapa? Básicamente, que representa la transición. Laura dejó de ser la "promesa" para convertirse en una realidad de la industria.
- Autenticidad: A diferencia de otras estrellas que creaban un muro de misterio, ella siempre ha sido transparente. Incluso en el 86, sus entrevistas se sentían reales.
- Versatilidad: Pocas artistas podían conducir un programa, protagonizar una novela y grabar un álbum en el mismo ciclo solar sin quemarse.
- Resiliencia: Enfrentar las críticas por su ruptura con Hermosillo y su boda repentina no fue fácil en un México que todavía era bastante conservador.
A veces olvidamos que detrás de los filtros de hoy hubo una juventud llena de decisiones arriesgadas. Laura Flores en 1986 era el motor de su propia carrera, tomando las riendas cuando muchas otras se dejaban guiar por managers o padres.
Si te da curiosidad ver cómo era esa energía, te recomiendo buscar clips de sus presentaciones en vivo de esa época. La calidad de la imagen puede ser granulada, pero el carisma es innegable.
Para entender a la artista de hoy, hay que mirar a esa chica que en el 86 decidió que no quería seguir el guion que otros le escribían, ni en el amor ni en el set. Lo que puedes hacer ahora para profundizar es buscar el álbum De corazón a corazón, que captura perfectamente ese sentimiento de mediados de los 80, o revisar las entrevistas recientes donde ella misma analiza sus errores de juventud con una honestidad que, sinceramente, se agradece.