Si cierras los ojos y piensas en los años 80, hay una imagen que aparece casi de inmediato: un chico con chaleco acolchado naranja, subido a una patineta y mirando desesperadamente un reloj de pulsera. Es Michael J. Fox. Pero reducir su carrera a un condensador de flujo es un error monumental. Honestamente, cuando repasas la lista completa de películas y programas de tv de Michael J. Fox, te das cuenta de que no solo estábamos viendo a una estrella de cine; estábamos presenciando a un actor con un timing cómico casi sobrenatural que, más tarde, se convertiría en un símbolo de resiliencia humana.
Fox no era el tipo duro de Hollywood. No era Schwarzenegger ni Stallone. Era el "chico de al lado" que todos queríamos ser o tener como amigo. Esa energía eléctrica y un poco ansiosa es lo que hizo que millones de personas se pegaran al televisor cada semana.
El fenómeno de Family Ties: Donde todo empezó
Antes de los viajes en el tiempo, existió Alex P. Keaton. Es curioso porque, en teoría, el público no debería haber amado a Alex. Era un joven republicano obsesionado con el dinero y Richard Nixon, viviendo en una casa llena de padres hippies liberales.
Pero Fox le dio algo especial.
Hizo que la ambición fuera encantadora. Durante siete temporadas en Family Ties (Enredos de familia), Michael J. Fox perfeccionó el arte de la comedia de situación. Su capacidad para escupir diálogos rápidos mientras mantenía una expresión facial de absoluta seriedad le valió tres premios Emmy consecutivos. Básicamente, él cargaba con el peso del show. Es bien sabido que el creador Gary David Goldberg inicialmente no lo quería para el papel porque lo veía muy bajo, pero después de una audición, supo que Fox tenía "el brillo".
Ese brillo fue el que llamó la atención de un tal Steven Spielberg.
La trilogía Back to the Future: Un rayo en una botella
No se puede hablar de las películas y programas de tv de Michael J. Fox sin detenerse en 1985. Fue el año en que su vida cambió para siempre. La historia de la producción de Back to the Future es casi tan caótica como la película misma. Como Fox estaba grabando la serie durante el día, solo podía filmar como Marty McFly por las noches y los fines de semana. Dormía tres horas. A veces se despertaba en el set de la cocina de los Keaton sin saber si tenía que decir una línea sobre Reagan o sobre plutonio.
¿El resultado? Una de las mejores actuaciones en la historia del cine de aventuras.
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Marty McFly no es un superhéroe. Es un adolescente que se siente fuera de lugar, que teme fracasar como su padre y que tiene una lealtad inquebrantable hacia un científico loco. La química entre Fox y Christopher Lloyd es, sencillamente, irrepetible. Lo que mucha gente olvida es que Fox no fue el primer Marty; filmaron semanas con Eric Stoltz, pero la película no funcionaba porque faltaba esa chispa de comedia física que solo Michael podía aportar.
El impacto de las secuelas
En la segunda parte, Fox tuvo que interpretar a múltiples personajes: Marty, Marty Jr. y hasta a su propia hija, Marlene. Fue un despliegue de versatilidad técnica que a menudo se pasa por alto. Para la tercera entrega, el tono cambió al Western, demostrando que Fox podía manejar el romance y la acción con la misma naturalidad que los chistes sobre Pepsi Free.
El giro hacia lo adulto: Corazones de hierro y Bright Lights, Big City
Fox sabía que no podía ser el adolescente eterno. A finales de los 80, intentó romper su imagen de "chico bueno".
En Bright Lights, Big City (1988), interpretó a un joven escritor en Nueva York cuya vida se desmorona por el consumo de cocaína y el duelo. Fue un riesgo. La crítica se dividió, pero su actuación mostró una vulnerabilidad cruda que nadie esperaba.
Luego vino Casualties of War (Corazones de hierro) de Brian De Palma.
Trabajar junto a Sean Penn fue un reto físico y mental. Fox interpreta a un soldado en Vietnam que se opone a sus compañeros tras el secuestro de una joven local. Si quieres ver el rango actoral de Fox, olvida las risas por un momento y mira sus ojos en esta película. Hay una decencia moral que él proyecta de forma natural, algo que no se puede fingir.
El regreso triunfal a la televisión: Spin City
A mediados de los 90, la carrera cinematográfica de Fox tuvo altibajos con películas como The Frighteners (una joya infravalorada de Peter Jackson, por cierto). Pero su verdadera casa siempre fue la pantalla chica.
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Spin City lo trajo de vuelta como Mike Flaherty, el subalcalde de Nueva York.
Era como una versión adulta y más pulida de Alex P. Keaton. El ritmo de la serie era frenético, ideal para su estilo. Sin embargo, fue durante esta época cuando el secreto que Fox guardaba desde 1991 se hizo imposible de ocultar. El Parkinson estaba avanzando.
Honestamente, es increíble volver a ver esas primeras temporadas sabiendo lo que estaba pasando detrás de cámaras. Él usaba su mano izquierda para manipular objetos o la mantenía en el bolsillo para ocultar los temblores. Cuando finalmente lo anunció y dejó el show en el año 2000, fue un momento desgarrador para la industria.
Las películas de voz: Un legado para las nuevas generaciones
Incluso cuando su condición física le dificultaba estar frente a la cámara, Fox no se detuvo. Su voz es icónica.
- Stuart Little: Le dio vida al ratón más famoso de los 90, aportando esa mezcla de valentía y ternura.
- Atlantis: The Lost Empire: Interpretó a Milo Thatch, un cartógrafo nerd que es básicamente el héroe improbable definitivo.
- Homeward Bound: ¿Quién no lloró con Chance, el Bulldog americano?
Estas interpretaciones permitieron que una generación de niños conociera su talento sin siquiera saber quién era el hombre detrás de la voz.
El resurgimiento y los roles de invitado "malvados"
Lo que más admiro de la etapa tardía en las películas y programas de tv de Michael J. Fox es su falta de autocompasión. En lugar de interpretar a "personas enfermas santificadas", Fox decidió usar su Parkinson como una herramienta narrativa.
Su papel como Louis Canning en The Good Wife y The Good Fight es magistral.
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Canning es un abogado cínico que utiliza sus síntomas físicos para manipular al jurado y ganar casos. Es brillante, molesto y absolutamente cautivador. Fox se divirtió claramente interpretando a un villano que no pide disculpas. También lo vimos parodiándose a sí mismo en Curb Your Enthusiasm, enfrentándose a Larry David en una de las secuencias más incómodas y divertidas de la serie.
Esa capacidad para reírse de su propia tragedia es lo que lo eleva a otro nivel de respeto.
El documental "Still": La pieza final del rompecabezas
Si realmente quieres entender la trayectoria completa, tienes que ver el documental de Apple TV+ lanzado hace poco, Still: A Michael J. Fox Movie. No es un repaso aburrido de su biografía. Es una mirada cinética, editada como si fuera una película de acción, sobre lo que significa vivir bajo una presión constante.
En el documental, Fox admite que solía tomar pastillas como si fueran dulces para ocultar sus síntomas durante las entrevistas. Es una lección de honestidad brutal.
Qué aprender de su filmografía
Repasar la carrera de Michael J. Fox no es solo un ejercicio de nostalgia. Hay lecciones prácticas aquí:
- El timing lo es todo: Ya sea en una comedia de situación o escapando de un Biff Tannen, la precisión en el movimiento y la palabra es lo que separa a un actor promedio de una leyenda.
- La vulnerabilidad no es debilidad: Sus mejores papeles (como en Casualties of War) son aquellos donde permite que el miedo sea visible.
- Adaptabilidad: Cuando su cuerpo cambió, su carrera no murió; simplemente evolucionó hacia el doblaje y roles de carácter más complejos.
Para cualquier cinéfilo o alguien que busque inspiración, volver a ver Back to the Future es obligatorio, pero no te quedes ahí. Busca The Frighteners para ver su lado más oscuro o los episodios de The Good Wife para ver su inteligencia actoral en estado puro.
Michael J. Fox nunca fue "pequeño". Siempre llenó la pantalla con una energía que la mayoría de los actores más grandes físicamente envidiarían. Su legado en las películas y programas de televisión es un testimonio de que el talento, cuando se mezcla con una voluntad de hierro, es literalmente imparable.
Si quieres explorar más sobre su impacto, lo mejor es empezar por ver su trabajo cronológicamente. Notarás cómo su voz se vuelve más profunda y sus gestos más económicos, pero esa chispa en los ojos, esa que convenció a Spielberg hace cuatro décadas, sigue intacta. No busques solo entretenimiento; busca la evolución de un hombre que decidió que su diagnóstico no sería el final de su historia, sino un nuevo guion que escribir.