Las películas de James Franco: lo mejor, lo peor y lo que probablemente olvidaste

Las películas de James Franco: lo mejor, lo peor y lo que probablemente olvidaste

James Franco es un tipo raro. No lo digo de forma despectiva, sino como un hecho empírico basado en su carrera de más de dos décadas. Un día lo ves siendo el héroe de acción en un blockbuster de Marvel y al siguiente está dirigiendo una adaptación ininteligible de un clásico literario que nadie pidió. Por eso, repasar las películas de James Franco es como meterse en un laberinto donde las paredes cambian de lugar constantemente. Hay genialidad, hay mucha experimentación pretenciosa y, seamos honestos, hay un par de desastres que preferiríamos borrar de la memoria colectiva.

Mucha gente se quedó con la imagen del Harry Osborn de principios de los 2000. Otros lo descubrieron fumando hierba en una comedia de Seth Rogen. Pero la realidad es que su filmografía es un caos fascinante. Franco ha pasado de ser el "it boy" de Hollywood a un paria de la industria, y luego a una especie de fantasma que aparece en proyectos independientes. Si estás buscando qué ver, tienes que saber filtrar. No todo lo que toca este hombre es oro, aunque cuando acierta, lo hace de una manera que muy pocos actores de su generación consiguen igualar.

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El ascenso meteórico y la sombra de Spider-Man

Todo empezó realmente con Freaks and Geeks. Si no has visto esa serie, deja de leer y búscala, aunque aquí estamos para hablar de cine. Su salto a la gran pantalla fue explosivo. A principios de siglo, conseguir el papel de Harry Osborn en la trilogía de Spider-Man de Sam Raimi era como ganar la lotería.

Fue un papel complicado. Franco originalmente audicionó para ser Peter Parker. No lo consiguió, obviamente, pero Raimi vio algo en esa mirada medio dormida y esa sonrisa torcida que encajaba perfecto con el hijo resentido de Norman Osborn. A lo largo de las tres películas, vemos una evolución extraña. En la primera es el mejor amigo; en la segunda, un hombre consumido por la venganza; y en la tercera... bueno, en la tercera vuela en un skate volador y tiene amnesia. Esas películas de James Franco definieron la estética del cine de superhéroes antes de que el MCU lo estandarizara todo.

Pero mientras cobraba cheques millonarios por usar mallas verdes, Franco hacía cosas pequeñas. Hacía drama. Se nota que siempre quiso ser más que una cara bonita. En City by the Sea (2002), trabajó junto a Robert De Niro. No cualquiera aguanta el tipo frente a De Niro a los 24 años. Ahí demostró que tenía rango, que podía ser vulnerable y oscuro sin necesidad de efectos especiales.

127 Horas: El momento en que todos nos tapamos los ojos

Si hay una película que define su capacidad actoral, es 127 Hours (2010). Danny Boyle, el director de Trainspotting, tomó una decisión arriesgada: dejar a un solo actor atrapado en una grieta durante 90 minutos. Es una apuesta suicida si el actor no es bueno.

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Franco interpreta a Aron Ralston, el montañista que tuvo que amputarse el brazo con una navaja desafilada para sobrevivir. Es una interpretación física brutal. Lo vemos pasar por la negación, la euforia inducida por la deshidratación y, finalmente, la aceptación más cruda. La escena de la amputación es famosa por hacer que la gente se desmayara en las salas de cine. No es broma. Hubo reportes reales de paramédicos atendiendo a espectadores en el Festival de Cine de Telluride.

Ese papel le valió una nominación al Oscar. Fue el pico de su prestigio. En ese momento, Franco era intocable. Podía hacer lo que quisiera. Y lo que quiso hacer fue comedia fumada.

La era dorada de las comedias con Seth Rogen

Honestamente, la mejor versión de James Franco suele ser la que está al lado de Seth Rogen. Hay una química ahí que no se puede fabricar. Todo empezó con Pineapple Express (2008).

Franco interpreta a Saul Silver, un camello de marihuana que es extrañamente dulce y despistado. Se robó la película. Nadie esperaba que el galán de Spider-Man fuera tan buen comediante físico. Luego vinieron otras joyas (o placeres culpables, según a quién preguntes):

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  • This Is the End (2013): Donde se interpreta a sí mismo como una versión narcisista y obsesionada con el arte de su propia persona. Es meta-humor en su máxima expresión.
  • The Interview (2014): La película que casi causa una guerra con Corea del Norte. Franco está desatado aquí, interpretando a un presentador de televisión con el coeficiente intelectual de una tostadora.
  • The Disaster Artist (2017): Para muchos, su obra maestra. Interpretar a Tommy Wiseau, el creador de la "peor película de la historia" (The Room), requería un equilibrio perfecto entre la burla y la empatía. Franco lo logró. Ganó el Globo de Oro, y justo cuando parecía que iba directo al segundo Oscar, su pasado personal empezó a pasarle factura.

El experimento constante y los fracasos directoriales

Aquí es donde las películas de James Franco se vuelven difíciles de defender para el público general. Franco tiene una obsesión con la literatura clásica americana. Ha intentado dirigir y protagonizar adaptaciones de William Faulkner y Cormac McCarthy.

As I Lay Dying (2013) y The Sound and the Fury (2014) son películas densas. Usa pantallas divididas, monólogos internos interminables y una estética que a veces parece más un proyecto universitario de lujo que una producción de Hollywood. La crítica no fue amable. Se le acusó de pretencioso. De querer abarcar demasiado.

También está Child of God, basada en la novela de McCarthy. Es una película sobre un hombre que se vuelve necrófilo en los Apalaches. No es exactamente algo que verías un domingo por la tarde con tu abuela. Pero hay que reconocerle algo: el tipo no tiene miedo al riesgo. Prefiere fallar haciendo algo extraño que tener éxito haciendo siempre lo mismo.

¿Dónde está James Franco ahora?

Tras las acusaciones de conducta inapropiada que surgieron en 2018, la carrera de Franco se frenó en seco. Desapareció del radar de las grandes producciones. Sus apariciones se volvieron escasas, limitándose a proyectos europeos o cine independiente de bajo perfil.

Recientemente se anunció su regreso con proyectos como Hey Joe o interpretando a Fidel Castro en Alina of Cuba. Esta última elección generó mucha controversia, especialmente por parte de actores latinos como John Leguizamo, quienes cuestionaron por qué un actor anglo interpretaba a una de las figuras más icónicas de la historia cubana. Es el tipo de polémica que parece seguir a Franco allá donde va.

A pesar de todo, su legado cinematográfico es innegable. Desde su papel en Spring Breakers (2012) como Alien —ese gánster con trenzas y dientes de plata que es puro "camp"— hasta su trabajo en la serie de HBO The Deuce, donde interpretó a dos gemelos involucrados en los inicios de la industria porno en Nueva York, Franco ha demostrado una versatilidad que molesta a sus detractores.

Qué ver si quieres entender su carrera

Si quieres hacer un maratón de las mejores películas de James Franco, mi recomendación es que sigas este orden para no volverte loco:

  1. Milk (2008): Interpreta a Scott Smith, la pareja de Harvey Milk (Sean Penn). Es una actuación contenida, tierna y esencial para entender que Franco puede ser un actor de reparto increíble.
  2. Spring Breakers: Es una película polarizante. O la amas o la odias. Pero su personaje es icónico. "Look at my shit!", gritaba mientras enseñaba sus armas y su dinero. Es cine pop en su estado más puro y lisérgico.
  3. 127 Hours: Imprescindible. Es la prueba de que puede sostener una película él solo.
  4. The Disaster Artist: Es divertida, triste y una carta de amor al cine, incluso al cine malo.

James Franco es un recordatorio de que en Hollywood puedes ser muchas cosas a la vez, pero nunca puedes escapar de ti mismo. Su filmografía es un reflejo de su personalidad: caótica, ambiciosa, a veces brillante y a veces profundamente irritante. Pero nunca aburrida.

Para quienes buscan profundizar en su trabajo, lo mejor es alejarse de los grandes títulos y buscar sus colaboraciones con directores como Harmony Korine o Gus Van Sant. Ahí es donde realmente se ve al artista que intenta, desesperadamente, ser algo más que una estrella de cine. El futuro de su carrera es incierto, pero el catálogo de películas que deja atrás es uno de los más eclécticos de la última era de Hollywood.

Si decides explorar su faceta como director, prepárate. No es un camino fácil. Pero si entras con la mente abierta, podrías encontrar algo de valor en ese caos de adaptaciones literarias y experimentos visuales que tanto le apasionan. Al final del día, Franco es un entusiasta del arte, para bien o para mal.


Siguientes pasos para cinéfilos:

  • Revisa su etapa en televisión: Antes de las películas, su papel en Freaks and Geeks puso las bases de todo lo que vino después. Es una cápsula del tiempo perfecta.
  • Compara sus dos facetas: Mira Pineapple Express y 127 Hours el mismo fin de semana. Es la mejor forma de entender el rango abismal que maneja este actor.
  • Investiga el cine de Tommy Wiseau: Antes de ver The Disaster Artist, es casi obligatorio ver The Room. Entenderás mucho mejor el mérito de la interpretación de Franco y por qué se obsesionó tanto con ese personaje.