Edward Norton es un tipo complicado. No lo digo yo, lo dice básicamente cualquier director que haya tenido que negociar con él en una sala de montaje. Es ese actor que llega al set con el guion reescrito por él mismo, exigiendo que su personaje tenga tres capas más de profundidad o, como pasó en The Incredible Hulk, intentando convertir una peli de acción de Marvel en una tragedia shakesperiana. Esa intensidad es exactamente la que hace que las películas de Edward Norton sean algo de otro planeta.
Cuando aparece en pantalla, sabes que no vas a ver a un tipo leyendo líneas. Vas a ver a un camaleón. A veces es un nazi arrepentido con los músculos a punto de explotar, otras un tipo gris con insomnio crónico que quiere ver el mundo arder. Pero, ¿qué ha pasado con él? ¿Por qué parece que Hollywood le ha puesto en una especie de "lista negra" silenciosa mientras otros de su generación siguen acumulando blockbusters?
El debut que dejó a Hollywood con la boca abierta
Pocos actores pueden decir que su primera película les valió una nominación al Óscar. Norton lo hizo.
Corría el año 1996. Gregory Hoblit buscaba a alguien para interpretar a Aaron Stampler en Primal Fear (La dos caras de la verdad). El papel era un caramelo: un joven monaguillo tartamudo acusado de un asesinato brutal. Dicen que Leonardo DiCaprio lo rechazó. Entonces llegó este chico de Yale, con cara de no haber roto un plato en su vida, y se inventó el tartamudeo en la audición.
El resultado fue una de las actuaciones más impactantes de la década de los 90. Es imposible olvidar ese giro final. La transición de la vulnerabilidad absoluta a la maldad pura en una fracción de segundo. Ahí nació el mito. Hollywood creyó que tenía al nuevo Marlon Brando entre manos. Y quizás lo tenían, pero con toda la carga de "dificultad" que eso conlleva.
Fight Club y el fenómeno de las películas de Edward Norton
Si hablamos de películas de Edward Norton, tenemos que hablar del elefante en la habitación: Fight Club.
En su momento fue un fracaso de taquilla. A los ejecutivos de Fox les dio un ataque al corazón cuando vieron que la campaña de marketing no sabía cómo vender una película sobre hombres pegándose en sótanos y fabricando jabón con grasa humana. David Fincher, fiel a su estilo perfeccionista, encontró en Norton al "Narrador" perfecto. Un hombre sin nombre, el epítome de la angustia existencial de la generación X.
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La química con Brad Pitt fue legendaria. Mientras Pitt era el carisma destructivo, Norton era el ancla emocional. Lo curioso es que, para prepararse, ambos tomaron clases de boxeo, taekwondo e incluso aprendieron a fabricar jabón de verdad. Esa dedicación se nota. Cada vez que ves a Norton perder peso y ganar ojeras a lo largo de la cinta, no es maquillaje barato. Es el método.
Fight Club se convirtió en una película de culto por una razón: Norton hizo que el cinismo pareciera intelectual.
El peso físico de American History X
Hay un momento en la historia del cine que se queda grabado a fuego: Edward Norton, sin camiseta, con una esvástica tatuada en el pecho, siendo arrestado mientras mira fijamente a la cámara.
Para American History X, Norton se transformó. Literalmente. Ganó casi 15 kilos de puro músculo. Pero no era solo el físico. Era la mirada. Interpretar a Derek Vinyard requería mostrar la inteligencia detrás del odio, y luego la agonía del arrepentimiento. Tony Kaye, el director, terminó odiando a Norton porque el actor se metió en la sala de edición para montar su propia versión de la película. Norton quería más tiempo en pantalla para el arco de redención de su personaje. Kaye quería algo más crudo y corto. Al final, la versión de Norton es la que vimos, y le valió otra nominación al Óscar.
Es una de las mejores actuaciones de la historia. Punto. La escena del bordillo sigue siendo insoportable de ver hoy en día.
El conflicto con Marvel y el "adiós" a las grandes franquicias
Aquí es donde la cosa se pone espinosa. En 2008, Norton protagonizó The Incredible Hulk. En teoría, él iba a ser el Bruce Banner del Universo Cinematográfico de Marvel.
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Pero Norton es Norton.
Quería un tono oscuro, parecido a la trilogía de Batman de Nolan. Marvel quería... bueno, lo que Marvel siempre hace: chistes, colores brillantes y una conexión fácil con los Vengadores. Las discusiones en el set fueron constantes. Kevin Feige, el cerebro de Marvel, acabó lanzando un comunicado bastante duro años después, diciendo que buscaban a un actor que encarnara el "espíritu de colaboración" de los demás miembros del reparto. Básicamente, llamaron a Norton "difícil" delante de todo el mundo.
Lo sustituyeron por Mark Ruffalo. Fue un punto de inflexión. A partir de ahí, las películas de Edward Norton cambiaron de escala. Se alejó de los grandes presupuestos para refugiarse en proyectos más personales y en la dirección.
La etapa con Wes Anderson: Un respiro de aire fresco
Afortunadamente para nosotros, Wes Anderson no tiene miedo de los actores intensos. En el universo simétrico y colorido de Anderson, Norton encontró un lugar donde su precisión casi obsesiva encaja perfectamente.
En Moonrise Kingdom está fantástico como el jefe de los exploradores, un tipo que se toma su trabajo con una seriedad cómica. Luego vino The Grand Budapest Hotel y más recientemente Asteroid City. En estas cintas vemos a un Norton más relajado, capaz de reírse de sí mismo, pero manteniendo esa técnica impecable que lo caracteriza.
El "meta-regreso" en Birdman
Si alguien quería saber qué pensaba la industria de Edward Norton, solo tiene que ver Birdman de Alejandro González Iñárritu.
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En la película, Norton interpreta a Mike Shiner, un actor de teatro brillante pero absolutamente insoportable que exige autenticidad total, hasta el punto de querer tener sexo real en el escenario o emborracharse de verdad durante una función. Es, en esencia, una parodia de sí mismo. Es brillante. Fue su tercera nominación al Óscar y una demostración de que, aunque sea difícil trabajar con él, el resultado suele valer el dolor de cabeza.
Por qué ya no lo vemos tanto (y por qué sigue importando)
Hoy en día, Norton dedica mucho tiempo a causas ambientales y a su faceta como inversor tecnológico (fue uno de los primeros en meter dinero en Uber, por cierto). No necesita el dinero de Hollywood. Por eso, cuando elige participar en películas de Edward Norton, lo hace por interés real.
Su trabajo en Glass Onion: A Knives Out Mystery nos recordó lo bien que se le da interpretar a tipos egocéntricos con complejos de Dios. Su personaje, Miles Bron, es una crítica mordaz a los gurús tecnológicos de Silicon Valley. Lo hace con una naturalidad que asusta.
Joyas ocultas que deberías ver ahora mismo
Si ya viste las clásicas, hay un par de actuaciones que la gente suele pasar por alto y que son canela en rama:
- 25th Hour (La última noche): Dirigida por Spike Lee. Norton interpreta a un hombre que va a entrar en la cárcel al día siguiente. El monólogo frente al espejo insultando a todo Nueva York es una clase maestra de interpretación.
- The Painted Veil (El velo pintado): Un drama de época donde interpreta a un médico en China durante una epidemia de cólera. Es contenida, elegante y rompe el corazón.
- Motherless Brooklyn (Huérfanos de Brooklyn): Aquí no solo actúa, también dirige. Interpreta a un detective con síndrome de Tourette. Es un proyecto pasional que tardó 20 años en realizar. No es perfecta, pero su actuación es prodigiosa.
Lo que podemos aprender de su carrera
La trayectoria de Norton nos enseña que el talento no siempre es suficiente en una industria que prioriza la eficiencia y la docilidad. Él eligió el camino difícil. Prefirió pelearse por una escena que simplemente cobrar el cheque y callarse.
Para disfrutar de las películas de Edward Norton hay que entender que no estás viendo a una estrella de cine tradicional. Estás viendo a un artista que, para bien o para mal, cree que el cine es algo serio. Casi sagrado.
Si quieres profundizar en su filmografía, mi consejo es que empieces por el orden cronológico de sus tres nominaciones al Óscar: Primal Fear, American History X y Birdman. Verás la evolución de un actor que se niega a ser domesticado. Luego, salta a 25th Hour. Es, probablemente, su trabajo más honesto y el que mejor define esa rabia contenida que siempre parece estar a punto de estallar bajo su piel.
Busca estas películas en plataformas como HBO Max o Apple TV, donde suelen estar disponibles los clásicos de Warner y New Line Cinema. No te conformes con los clips de YouTube; la magia de Norton está en cómo construye la tensión durante dos horas hasta que, inevitablemente, algo se rompe.