Las mejores películas de acción: por qué las listas de siempre se equivocan tanto

Las mejores películas de acción: por qué las listas de siempre se equivocan tanto

Admitámoslo. La mayoría de los ránkings sobre cine de género son un desastre predecible que solo repite lo que dice IMDb. Si buscas las mejores películas de acción, probablemente esperas ver una lista encabezada por Die Hard o alguna de Marvel. Pero el cine de mamporros y persecuciones ha cambiado una barbaridad en la última década. Ya no nos conformamos con explosiones digitales que no tienen peso físico. Queremos sentir el impacto. Queremos ver a coreógrafos que se juegan el físico para que tú, sentado en el sofá con una bolsa de patatas, sientas un subidón de adrenalina real.

El género está vivo. Muy vivo.

A veces me pregunto si seguimos valorando la acción por su historia o simplemente por cómo de bien se rompe un hueso en pantalla. La respuesta es un poco de ambas. El cine de acción puro es, en esencia, danza. Una danza violenta, coordinada y carísima de producir. Si una película no te hace contener el aliento durante una secuencia de cinco minutos, entonces ha fallado en su propósito principal. No importa cuántos millones de dólares en CGI le hayan tirado encima a la pantalla.


El mito de la nostalgia frente a la técnica moderna

Mucha gente se queda estancada en los 80. Es comprensible. Arnold Schwarzenegger y Sylvester Stallone definieron una era de músculos aceitados y frases lapidarias que hoy nos parecen entrañables. Sin embargo, si hablamos estrictamente de las mejores películas de acción desde un punto de vista técnico, la vieja escuela tiene las de perder contra la precisión quirúrgica del cine actual.

Mad Max: Fury Road cambió las reglas del juego en 2015. George Miller, un señor que ya pasaba de los setenta años, le dio una lección de energía a todos los directores jóvenes de Hollywood. Lo que hizo en esa película no fue solo cine; fue un milagro logístico. Casi todo lo que ves son coches reales saltando por el desierto de Namibia. Hay una honestidad en el metal retorcido que el ordenador no puede replicar. Cuando hablamos de calidad, la tangibilidad es el factor X que separa una peli del montón de una obra maestra.

¿Por qué nos obsesionamos con el realismo? Básicamente porque el cerebro humano es muy bueno detectando cuando algo no cuadra. Cuando ves a Keanu Reeves entrenar durante meses con armas de fuego reales para John Wick, lo notas en cada movimiento. No es un doble de riesgo escondiendo la cara con cortes de edición rápidos. Es el actor, ahí mismo, recargando una Glock en dos segundos mientras tumba a tres tipos. Esa autenticidad es lo que ha rescatado al género del abismo de la edición hiperactiva que casi lo mata en los años 2000.

El efecto Jason Bourne y la cámara temblorosa

Hubo una época oscura. Todo empezó con la saga de Bourne. No me malinterpretes, las pelis de Paul Greengrass son geniales, pero crearon un monstruo: el shaky cam. De repente, todos los directores pensaron que si movían la cámara como si el operador estuviera teniendo un ataque, la escena sería "más intensa". Mentira. Solo conseguían que nos mareáramos.

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Por suerte, esa tendencia está muriendo. Directores como Chad Stahelski o David Leitch han devuelto la cámara al trípode o a desplazamientos fluidos. Nos dejan ver la pelea. Nos dejan entender quién le está pegando a quién. Esa es la verdadera evolución de las mejores películas de acción. La claridad narrativa dentro del caos.


Del sudeste asiático con amor (y mucha sangre)

Si de verdad quieres saber dónde se está cocinando lo mejor del género, tienes que mirar hacia Indonesia y Corea del Sur. Punto. Mientras en Estados Unidos se preocupaban por las clasificaciones por edades para que los niños pudieran ir al cine, en Asia estaban revolucionando la violencia cinematográfica.

Gareth Evans, un galés perdido en Yakarta, soltó una bomba llamada The Raid (Redada Asesina). No hay mucho que explicar: un equipo de SWAT entra en un edificio lleno de criminales y tiene que salir de ahí. Es pura adrenalina. La técnica de artes marciales que muestran, el Pencak Silat, es de una ferocidad que deja a las peleas de Batman como si fueran un juego de niños en el patio del recreo. La secuela, The Raid 2, es básicamente El Padrino pero con gente rompiéndose la cara con martillos en un metro. Es cine de autor disfrazado de carnicería.

Joyas coreanas que ignoramos a nuestro riesgo

  • The Man from Nowhere: Un clásico instantáneo. El ritmo es impecable.
  • The Villainess: La escena inicial en primera persona inspiró directamente a media industria de Hollywood.
  • Oldboy: Sí, tiene una trama increíble, pero esa pelea en el pasillo con un martillo es historia del cine. Una sola toma. Sin cortes. Pura planificación.

Corea del Sur entiende que para que la acción duela, primero te tiene que importar el personaje. No es solo violencia gratuita; es violencia con consecuencias emocionales. Esa es la gran diferencia.


¿Qué hace que una película de acción sea realmente buena?

No es el presupuesto. En serio. Hemos visto desastres de 300 millones de dólares que son aburridísimos. La clave está en lo que los expertos llaman "geografía de la escena". Si no sé dónde está el héroe respecto al villano, la tensión desaparece.

Tomemos como ejemplo Mission: Impossible - Fallout. Christopher McQuarrie y Tom Cruise entienden esto a la perfección. En la secuencia del salto HALO o en la persecución en helicóptero por Cachemira, siempre sabes qué está pasando. Sabes que si Tom no llega a ese punto en diez segundos, se acabó. Esa claridad espacial es lo que construye el suspense.

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Kinda loco pensar que Tom Cruise, a su edad, siga siendo el mayor activo del cine de acción mundial. El tipo se rompió un tobillo saltando entre edificios y la toma está en la película. Eso es compromiso. Hay una delgada línea entre la valentía y la locura, y las mejores películas de acción suelen caminar por ella constantemente.

La importancia del villano

Un héroe es tan bueno como el obstáculo que tiene delante. Hans Gruber en Die Hard no era un gigante con superpoderes; era un tipo inteligente, sofisticado y despiadado. El cine moderno a veces olvida que necesitamos odiar (o respetar) al antagonista para que la pelea final signifique algo. Cuando la amenaza es una nube de píxeles en el cielo, nos da igual. Cuando es un tipo con un lápiz, como en el caso de Wick, la cosa se pone interesante.


El futuro: ¿Hacia dónde vamos?

Estamos entrando en una era donde la tecnología está permitiendo cosas locas, pero el público pide realismo. Es una paradoja curiosa. Queremos drones que vuelen a través de explosiones (como se vio en Ambulance de Michael Bay, que es una masterclass de uso de drones FPV), pero queremos que las explosiones sean de verdad.

El cine indio también está pidiendo paso. Si no has visto RRR, deja de leer y búscala. Es exagerada, es ruidosa, es musical y tiene algunas de las secuencias de acción más creativas y visualmente impactantes de los últimos años. Es el ejemplo perfecto de que el género no tiene por qué ser siempre serio o "sucio" para ser de calidad. A veces, lanzar un tigre a la cara de un soldado británico es exactamente lo que el cine necesita.

Honestamente, el género está en un momento dulce. Hemos superado la etapa de los superhéroes genéricos y estamos volviendo a las historias de especialistas, de gente que sabe caerse y de directores que saben dónde poner la cámara.


Cómo ver cine de acción como un experto

Para disfrutar de las mejores películas de acción no hace falta ser un erudito, pero ayuda fijarse en ciertos detalles que elevan la experiencia. No te quedes solo con la superficie. El cine de acción es el lenguaje más universal que existe; no necesitas subtítulos para entender una patada en la boca.

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  1. Observa los cortes de edición: Si hay más de tres cortes en una secuencia de lucha de cinco segundos, probablemente el actor no sabe pelear y lo están ocultando. Valora las tomas largas.
  2. Escucha el diseño de sonido: El sonido de un disparo o de un motor dice mucho del presupuesto y el cariño que le han puesto a la obra. En Heat, los disparos suenan como cañonazos reales porque grabaron el audio en las calles de Los Ángeles, no en un estudio.
  3. Fíjate en el entorno: ¿Los personajes usan lo que hay a su alrededor o solo se pegan puñetazos en un espacio vacío? Jackie Chan es el maestro de esto. Una silla, una escalera o una chaqueta pueden ser armas letales. Eso es creatividad pura.

A estas alturas, ya deberías tener claro que el género es mucho más profundo de lo que parece. No son solo tipos duros caminando mientras algo explota detrás (aunque eso mola bastante). Es precisión, es riesgo y es, por encima de todo, espectáculo visual en su estado más puro.

Tu hoja de ruta para el próximo fin de semana:

Si quieres hacer un maratón que realmente valga la pena, olvida las recomendaciones de los algoritmos de streaming por un momento. Empieza con Hard Boiled de John Woo para entender el uso de la cámara y las pistolas como si fuera ballet. Luego, salta a The Raid para ver la evolución del combate cuerpo a cuerpo. Termina con Top Gun: Maverick para recordar por qué las cámaras IMAX y los aviones reales siempre ganarán a la pantalla verde.

No busques solo entretenimiento barato. Busca películas que respeten tu inteligencia y tu vista. El buen cine de acción te deja exhausto, como si hubieras estado ahí mismo esquivando balas con el protagonista. Eso es lo que buscamos. Eso es lo que hace que estas películas sean, sin ninguna duda, las mejores de su clase.

Busca siempre la versión con mejor calidad de sonido disponible; la acción se disfruta con los oídos tanto como con los ojos. Si tienes un sistema de sonido en casa, Mad Max o John Wick 4 son los discos que quieres poner para poner a prueba los bajos. No te conformes con menos. El esfuerzo de miles de especialistas merece ser visto y escuchado en las mejores condiciones posibles.