Sinceramente, mucha gente entra a la tienda y señala cualquier pantalla rectangular de diez pulgadas llamándola "iPad". Es normal. Apple ha hecho un trabajo de marketing tan brutal que el nombre de su producto se convirtió en el nombre de la categoría entera, como pasó con Kleenex o Rimmel. Pero si estás intentando decidir dónde gastar tus ahorros, tienes que entender que la diferencia en ipad y tablet va mucho más allá del logo de la manzana mordida en la parte de atrás.
No es solo el precio. Tampoco es solo el color. Es una cuestión de filosofía de software, de cuánto tiempo quieres que te dure el bicho y de si piensas usarlo para ver Netflix en la cama o para intentar editar un video en 4K mientras viajas en tren.
El caos de Android frente al jardín vallado de Apple
Si hablamos de una tablet "normal", casi siempre nos referimos a una que corre Android. Aquí es donde empieza el lío. Marcas como Samsung, Xiaomi o Lenovo hacen un hardware increíble, a veces incluso más bonito y delgado que el de Apple. Pero el problema es lo que vive dentro.
Android nació para teléfonos. Google ha intentado mil veces adaptar el sistema a pantallas grandes, y aunque con Android 14 y 15 la cosa ha mejorado un montón, todavía te encuentras con aplicaciones que son simplemente la versión de móvil estirada. Se ve feo. Se desperdicia espacio. En cambio, iPadOS está obsesivamente optimizado. Las apps en el iPad suelen aprovechar cada centímetro de la pantalla, con menús laterales y gestos que tienen sentido.
La longevidad y el valor de reventa
Hay algo que nadie te dice en los anuncios: una tablet barata de 200 euros probablemente deje de recibir actualizaciones en un año y medio. Es triste, pero real. Apple, por el contrario, es famosa por mantener vivos sus dispositivos durante seis o siete años. Si te compras un iPad hoy, lo más seguro es que en 2030 siga funcionando dignamente.
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Además, si dentro de dos años decides que quieres el modelo nuevo, tu iPad usado todavía valdrá un dinero decente en el mercado de segunda mano. Una tablet Android de gama media, honestamente, suele perder casi todo su valor en cuanto sale de la caja.
Rendimiento: ¿M4 o procesadores móviles?
Aquí es donde la diferencia en ipad y tablet se pone técnica pero interesante. Apple empezó a meter sus chips "M" (los mismos que usan en sus ordenadores MacBook) dentro de los iPad Pro y Air. Eso es una locura de potencia. Básicamente, tienes el motor de un Ferrari en el cuerpo de un compacto.
¿Lo necesitas? Probablemente no si solo vas a leer correos. Pero si eres ilustrador y usas Procreate con cien capas, o si editas audio profesional en Logic Pro, esa potencia marca la diferencia entre que la tablet vuele o que se quede congelada. Las tablets Android de gama alta, como la serie Tab S de Samsung, usan chips Snapdragon que son muy rápidos, sí, pero en potencia bruta de un solo núcleo, Apple sigue llevando la delantera por bastante.
La pantalla y el consumo de medios
No todo es trabajar. Seamos realistas: la mayoría usamos estos aparatos para ver series. Aquí es donde algunas tablets Android ganan la partida. Samsung, por ejemplo, utiliza paneles AMOLED con negros perfectos y, lo más importante, una relación de aspecto de 16:10.
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¿Qué significa esto? Que cuando ves una película, casi no hay franjas negras arriba y abajo. El iPad es más "cuadrado" (4:3), lo cual es fantástico para leer documentos o navegar por la web, pero para ver cine es un poco menos inmersivo porque te sobran bordes negros por todos lados. Es un compromiso. Tienes que elegir qué vas a hacer el 80% del tiempo.
El ecosistema: la trampa de seda
Si ya tienes un iPhone o un Mac, la diferencia en ipad y tablet se acaba ahí mismo. La integración es casi mágica. Copias un texto en el iPhone y lo pegas en el iPad. Usas el iPad como segunda pantalla de tu portátil sin cables. Es comodísimo. Si usas Windows o prefieres la libertad de mover archivos como si fuera un pendrive, Android te va a dar menos dolores de cabeza. Apple sigue siendo muy "especial" con su gestión de archivos, aunque la app Archivos ha mejorado algo, sigue siendo un sistema un poco cerrado y desesperante para algunos.
Accesorios y el mito de sustituir al portátil
Mucha gente compra una tablet pensando: "voy a vender mi portátil". Error. O al menos, un error a medias. El Apple Pencil es, probablemente, el mejor lápiz digital del mercado por su latencia casi inexistente. Pero cuesta una pasta. Y el teclado Magic Keyboard también es caro.
En el mundo de las tablets Android, a veces el lápiz ya viene incluido en la caja (gracias, Samsung). Es un detalle que se agradece y que reduce el desembolso inicial. Pero incluso con teclado y ratón, ninguno de los dos sistemas sustituye del todo a un PC o Mac para tareas pesadas de multitarea. Organizar veinte ventanas a la vez sigue siendo más fácil en un ordenador de toda la vida.
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Hablemos de precios reales
Puedes encontrar tablets Android por 150 euros que sirven para que los niños vean YouTube. El iPad más barato ya suele rondar los 350-400 euros. Hay un escalón de entrada que no todo el mundo quiere saltar. Si tu presupuesto es ajustado, la diferencia en ipad y tablet es que en Android tienes opciones para todos los bolsillos, mientras que Apple empieza en la "gama media-alta" y de ahí solo sube.
¿Qué deberías hacer ahora?
Antes de sacar la tarjeta, párate a pensar un segundo en esto. No compres por impulso.
- Identifica tu app imprescindible: Si quieres usar Procreate o Final Cut para iPad, no hay vuelta de hoja: necesitas un iPad. Si quieres libertad para instalar emuladores o apps de fuera de la tienda oficial, vete a Android.
- Mira tu teléfono: Si tienes un iPhone, el iPad te va a hacer la vida más fácil. Si eres de Android, una Samsung Tab se llevará de lujo con tu móvil.
- Prueba el formato en persona: Ve a una tienda y sujeta un iPad (4:3) y una Lenovo o Samsung (16:10). La sensación en la mano al leer o escribir es muy distinta.
- Calcula el coste total: No mires solo el precio de la tablet. Suma el lápiz y la funda con teclado. A veces, una tablet "barata" acaba costando lo mismo que un iPad si le sumas accesorios de calidad.
La mejor compra no es la que tiene más potencia, sino la que no acaba olvidada en un cajón a los tres meses porque te resulta incómoda o porque se ha quedado lenta. Analiza tu flujo de trabajo, sé honesto con cuánto vas a producir versus cuánto vas a consumir, y entonces elige. En 2026, la brecha se ha estrechado, pero las personalidades de ambos mundos siguen siendo polos opuestos.