La selección femenina de fútbol de los Estados Unidos: Por qué el dominio ya no es una garantía

La selección femenina de fútbol de los Estados Unidos: Por qué el dominio ya no es una garantía

Hablemos claro. Durante décadas, ver a la selección femenina de fútbol de los Estados Unidos era como ver una película de acción donde el héroe nunca recibe un rasguño. Ganaban. Siempre. O casi siempre. Pero si viste el Mundial de 2023 o has seguido de cerca los amistosos recientes, sabes que el aire de invencibilidad se ha esfumado. El fútbol mundial finalmente alcanzó a las gigantes, y honestamente, es lo mejor que le pudo pasar al deporte, aunque a los fans de las "Stars and Stripes" les duela el orgullo.

No es que hayan dejado de ser buenas. Para nada. Siguen teniendo a jugadoras que te pueden arruinar el día en un abrir y cerrar de ojos, como Sophia Smith o Trinity Rodman. Sin embargo, el resto del planeta dejó de tenerles miedo. Países como España, Inglaterra y Francia ya no se conforman con "dar pelea"; ahora salen a quitarles el balón, a dominarlas tácticamente y, lo más importante, a ganarles.

El fin de la era de la fuerza bruta

Hubo un tiempo en que la selección femenina de fútbol de los Estados Unidos ganaba simplemente por ser más atletas que las demás. Eran más rápidas. Más fuertes. Tenían un fondo físico que parecía inagotable. En los años 90 y principios de los 2000, si el partido llegaba al minuto 70 empatado, sabías que las estadounidenses iban a pasar por encima de sus rivales por pura potencia.

Pero el fútbol cambió.

Hoy en día, la táctica y la técnica individual han equilibrado la balanza. España, por ejemplo, demostró que puedes neutralizar el atletismo estadounidense con pases cortos y una estructura posicional impecable. Básicamente, si no tienes el balón, no puedes usar tu velocidad. Las jugadoras estadounidenses se encontraron de repente corriendo tras sombras, frustradas porque el caos que solían provocar ya no funcionaba contra equipos con un IQ futbolístico de élite.

Emma Hayes, la nueva estratega al mando, lo sabe perfectamente. Su llegada desde el Chelsea no fue solo un cambio de nombre en el banquillo; es una cirugía a corazón abierto para la identidad del equipo. Hayes no busca jugadoras que solo corran; busca jugadoras que piensen bajo presión.

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Nombres propios y el recambio que no fue tan simple

La transición generacional ha sido... complicada. Kinda accidentada, si somos sinceros. Decir adiós a leyendas como Megan Rapinoe, Carli Lloyd o Alex Morgan no es solo perder goles; es perder ese "clutch factor", esa mentalidad de que, pase lo que pase, vas a encontrar la red.

  • Rose Lavelle: Sigue siendo la joya de la corona cuando está sana, pero las lesiones han sido un problema constante.
  • Naomi Girma: Probablemente la mejor defensa central del mundo ahora mismo. Es la calma en medio de la tormenta.
  • Mallory Swanson: Su ausencia en el pasado Mundial por lesión fue, quizás, el factor determinante del fracaso estadounidense.

El problema es que durante un tiempo se pensó que bastaba con poner a las jóvenes más talentosas y el éxito llegaría por inercia. Error. El sistema de desarrollo en EE. UU. (basado mucho en el fútbol universitario o NCAA) está siendo cuestionado. Mientras en Europa las niñas de 15 años ya están en academias profesionales aprendiendo conceptos tácticos avanzados, en Estados Unidos muchas siguen compitiendo en un entorno de "correr y patear". Es una brecha que se está notando en el escenario internacional.

La lucha fuera de la cancha: El legado del Equal Pay

No puedes hablar de la selección femenina de fútbol de los Estados Unidos sin mencionar su batalla legal. Fue una guerra de años. En 2022, finalmente lograron ese acuerdo histórico de igualdad salarial con la U.S. Soccer Federation. Fue una victoria masiva, no solo para ellas, sino para las mujeres en el deporte global.

Muchos críticos dicen que se distrajeron. Que se enfocaron tanto en la política y los derechos que descuidaron el césped. Es un argumento fácil, pero bastante flojo. Estas jugadoras demostraron que se puede ganar un Mundial (como en 2019) mientras demandas a tu propio empleador. Lo que sí es cierto es que esa lucha generó una presión mediática asfixiante. Ahora, cada vez que pierden, hay un sector de la audiencia esperando para decir: "pidieron cobrar igual, ahora jueguen igual". Es injusto, pero es la realidad del escrutinio actual.

¿Qué falló en el Mundial de Australia y Nueva Zelanda?

El 2023 fue un baño de realidad. La eliminación en octavos de final ante Suecia —en esa tanda de penaltis agónica donde el balón entró por milímetros— fue el punto más bajo en la historia del programa. Nunca habían quedado fuera antes de las semifinales. Fue un shock sistémico.

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Vlatko Andonovski, el técnico anterior, fue criticado duramente por su falta de ajustes. El equipo se veía rígido. Parecía que jugaban con el freno de mano puesto. No había conexión entre el mediocampo y la delantera, y la dependencia de las individualidades era casi dolorosa de ver. Lo que realmente dolió no fue la derrota en sí, sino ver a una selección femenina de fútbol de los Estados Unidos que no tenía una idea clara de a qué quería jugar.

El camino hacia 2027: El efecto Emma Hayes

La gran pregunta ahora es: ¿pueden volver a la cima? La respuesta corta es sí, pero no será como antes. El dominio absoluto de ganar por 13-0 a rivales menores se acabó. Ahora el camino es de espinas.

Emma Hayes está implementando un sistema mucho más flexible. Ella valora la versatilidad. En sus primeros partidos, hemos visto a una selección que intenta construir desde atrás con más paciencia, sin miedo a arriesgar el pase interior. La clave será ver cómo integran a la nueva camada con las veteranas que aún quedan.

La defensa parece sólida con Girma liderando, pero el centro del campo sigue siendo un rompecabezas. Necesitan encontrar a esa jugadora que dicte el ritmo, alguien que sea el metrónomo del equipo. Alguien que herede el peso que antes llevaban Julie Ertz o Sam Mewis.

Detalles que nadie menciona pero que importan:

  1. La exportación de talento: Por primera vez, estamos viendo a más jugadoras estadounidenses irse a Europa (como Lindsey Horan en el Lyon o Mia Fishel en el Chelsea). Esto es vital para que aprendan diferentes estilos de juego.
  2. La competitividad de la NWSL: La liga local ha crecido mucho, lo que es bueno, pero también significa que las jugadoras llegan más desgastadas físicamente a los torneos internacionales.
  3. La salud mental: Tras el fracaso de 2023, el equipo ha empezado a hablar mucho más abiertamente sobre la presión psicológica de representar a una nación que solo acepta el oro.

La realidad del ranking FIFA

A veces el ranking miente, pero en este caso, refleja una verdad incómoda. Perder el puesto número uno dolió. Sin embargo, estar en el "pelotón" de las mejores (junto a España, Francia, Alemania e Inglaterra) le quita un poco esa diana de la espalda. Ser el "underdog" o simplemente un aspirante más podría quitarles algo de esa rigidez mental que mostraron últimamente.

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La selección femenina de fútbol de los Estados Unidos sigue teniendo el "pool" de jugadoras más grande del mundo. Tienen los recursos financieros. Tienen la infraestructura. Lo que les falta es recuperar la humildad táctica: aceptar que ya no son superiores por naturaleza y que necesitan trabajar más que las demás en la pizarra.

Pasos a seguir para entender el futuro del equipo

Si quieres seguir el rastro de hacia dónde va este equipo, no te quedes solo con los resultados de los marcadores. Hay cosas mucho más sutiles que observar en los próximos meses.

Primero, fíjate en la posición de las laterales. Con Hayes, las laterales ya no solo corren por la banda para centrar; a menudo se cierran al medio para crear superioridad numérica. Si ves que el equipo logra controlar los partidos desde el centro, es señal de que la evolución táctica está funcionando.

Segundo, observa la presión tras pérdida. La identidad histórica de este equipo era asfixiar al rival apenas perdían la pelota. En el último año, esa presión era desordenada y dejaba huecos enormes atrás. Si logran recuperar esa agresividad pero de forma coordinada, volverán a ser una pesadilla para cualquier defensa.

Finalmente, sigue de cerca la integración de las jugadoras sub-20. Hay un talento inmenso en las categorías inferiores que está pidiendo paso. La capacidad de Hayes para darles minutos significativos sin quemarlas será lo que determine si en el Mundial de 2027 veremos a un equipo renovado o a uno que sigue viviendo de las rentas del pasado.

El fútbol femenino ya no es un monólogo de las barras y las estrellas. Es una conversación global, ruidosa y competitiva. Y honestamente, aunque les cueste más ganar trofeos, ver a esta selección obligada a reinventarse es mucho más interesante que verlas ganar por inercia. La era de la complacencia terminó; la era de la estrategia acaba de empezar.


Acciones recomendadas para aficionados y analistas:

  • Monitorear la rotación de jugadoras en la NWSL para identificar quiénes están adaptándose mejor al ritmo de juego europeo que busca imponer Emma Hayes.
  • Analizar los mapas de calor de los próximos amistosos internacionales; una mayor densidad en el tercio medio indicará una transición exitosa hacia un fútbol de posesión.
  • Comparar el rendimiento de las jugadoras que militan en clubes europeos versus las que permanecen en el sistema estadounidense para entender la evolución de la competitividad técnica individual.