Venezuela dejó de ser la "Cenicienta". Es una frase que suena a cliché, pero cuando miras a la selección de fútbol sub 17 de venezuela, te das cuenta de que la etiqueta se quedó corta hace años. Ya no es suerte. No es un grupo de chamos que tuvo una buena racha en un Sudamericano. Es un sistema.
Honestamente, lo que pasó en el Mundial de Indonesia 2023 fue la confirmación de algo que se venía cocinando en las canchas de pasto sintético y en los torneos regionales del país. Clasificar a octavos de final no fue un accidente. Fue el resultado de tener a tipos como David Martínez, que a los 17 años ya jugaba con una madurez que asusta, liderando un grupo que no le tiene miedo a las potencias. La Vinotinto juvenil tiene una identidad. Juegan con una mezcla de garra y una técnica depurada que antes solo veíamos en cuentagotas.
El fenómeno David Martínez y el "Efecto Exportación"
Si vamos a hablar de la selección de fútbol sub 17 de venezuela, tenemos que hablar de la joya de la corona. David "La Joya" Martínez. No es solo que el chamo tenga una zurda prodigiosa; es que el tipo entiende el juego. Su traspaso al Los Angeles FC (LAFC) de la MLS es un hito. ¿Por qué? Porque antes, los jugadores venezolanos tenían que esperar a destacar en la absoluta para salir. Ahora, los scouts de todo el mundo tienen los ojos puestos en el Futsal y en las academias venezolanas desde los 14 años.
Pero no fue solo él. Tienes a figuras como Yiandro Raap, un lateral con formación europea (PSV Eindhoven) que decidió vestir la vinotinto por sus raíces. Esa mezcla es vital. Tienes el talento de barrio, el que se formó en las calles de Caracas o Puerto Ordaz, mezclado con la disciplina táctica que traen chamos que están en canteras de élite en el extranjero. Esa amalgama le dio a Ricardo Valiño, el técnico que tomó las riendas con una visión clarísima, las herramientas para competir de tú a tú con selecciones como México o Alemania.
El fútbol venezolano cambió su chip. Ya no salen a "ver qué pasa". Salen a proponer.
Lo que nadie te dice sobre el Sudamericano Sub-17
El camino al Mundial es un infierno. El Sudamericano es, probablemente, el torneo juvenil más difícil del planeta. Juegas cada dos días en condiciones climáticas brutales y contra potencias como Brasil y Argentina que tienen presupuestos infinitos.
En 2023, la selección de fútbol sub 17 de venezuela logró lo que muchos creían imposible: consistencia. No fue un partido ganado por un error del rival. Fue un despliegue de superioridad física en el hexagonal final. Es curioso, pero mucha gente piensa que el éxito de estas categorías es pura inspiración. Mentira. Hay una estructura de seguimiento de datos (scouting) que la Federación Venezolana de Fútbol (FVF) empezó a implementar en serio.
Usan tecnología de GPS para medir cada carrera. Analizan video para corregir el posicionamiento de los centrales. Básicamente, se profesionalizaron las bases. Y eso se nota cuando ves a un central de 16 años salir jugando con una calma que parece que tuviera 30.
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La importancia de la preparación internacional
Un error histórico de Venezuela era encerrarse en el CNAR (Centro Nacional de Alto Rendimiento) en Margarita y solo jugar contra equipos locales. Eso se acabó. Para el último ciclo mundialista, la sub-17 hizo giras por Turquía y Argentina. Se dieron golpes contra selecciones que juegan a otra velocidad.
Esa exposición es la que evita que el jugador se "asuste" cuando llega al escenario grande. Cuando debutaron contra Nueva Zelanda en el Mundial y ganaron 3-0, lo hicieron con una autoridad casi arrogante. Fue hermoso de ver. No estaban felices por estar ahí; estaban ahí para cumplir un trabajo. Esa mentalidad es el mayor logro de los cuerpos técnicos recientes.
Desmontando el mito de la "Generación de Oro"
A veces me da risa cuando los medios locales llaman a cada grupo nuevo la "Generación de Oro". Es una presión innecesaria. Lo cierto es que la selección de fútbol sub 17 de venezuela de 2023 y la que viene para los próximos ciclos no son "de oro", son profesionales en formación.
Hay una diferencia sutil pero enorme.
La generación que llegó a la final del Mundial Sub-20 en 2017 (con Yangel Herrera y Soteldo) puso el listón altísimo. Los chamos de la sub-17 actual crecieron viendo eso. Para ellos, ir a un Mundial no es un sueño imposible, es el objetivo mínimo.
- Punto clave: El talento físico del jugador venezolano ha evolucionado. Ahora vemos jugadores más altos, más fuertes y con mejor resistencia aeróbica.
- Dato real: En el último Mundial sub-17, Venezuela fue uno de los equipos con mayor efectividad en duelos individuales ganados en el mediocampo.
- El factor psicológico: Se trabaja con psicólogos deportivos desde los módulos de preselección. El miedo escénico está desapareciendo.
Sin embargo, no todo es color de rosa. La falta de un torneo local juvenil de alto nivel y con continuidad sigue siendo el talón de Aquiles. Muchos de estos chamos dependen de que sus clubes en la Liga FUTVE les den minutos en primera división, y no todos los técnicos se arriesgan a poner a un adolescente cuando se están jugando el descenso o la entrada a copas internacionales.
¿Qué viene ahora para la Sub-17?
La FIFA cambió las reglas del juego. Ahora los Mundiales Sub-17 serán anuales a partir de 2025. Esto cambia todo. La selección de fútbol sub 17 de venezuela ya no puede trabajar por "ciclos" de dos años. Tiene que haber una maquinaria constante de detección de talento.
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Qatar será la sede de los próximos cinco mundiales de esta categoría. Esto significa que la logística de la FVF tiene que estar a la altura. Ya no sirve con prepararse tres meses antes. El scouting tiene que ser nacional e internacional los 365 días del año. Hay niños en España, Estados Unidos y Colombia con padres venezolanos que mueren por jugar con la Vinotinto. Ese es el mercado que Venezuela está empezando a explotar con éxito.
El esquema táctico de Valiño
Ricardo Valiño no inventó el agua tibia, pero sí ordenó la casa. Su esquema suele ser un 4-2-3-1 que se transforma rápidamente. Lo que más impresiona de este grupo es la transición defensa-ataque. Recuperan y en tres toques están en el área rival.
No se obsesionan con la posesión estéril. Son verticales.
A veces pecan de ansiedad, claro. Son chamos. En el partido contra Alemania en el Mundial, hubo momentos de desconexión defensiva que costaron caro. Pero esa es la curva de aprendizaje. Prefiero mil veces un equipo que se equivoca por intentar atacar que uno que se encierra y reza para que el tiempo pase.
El rol de las academias privadas
Si la selección está bien, es en gran parte por el trabajo silencioso de academias como Puerto Cabello, Caracas FC o la Academia Rayo Zuliano. Estas instituciones entendieron que el negocio no es ganar el torneo local, sino exportar.
Cuando exportas un jugador a los 17 años, como pasó con Kervin "Tuti" Andrade (aunque él explotó un poco después, su proceso formativo es el ejemplo), el beneficio económico permite reinvertir en las canchas donde se forman los próximos sub-17. Es un círculo virtuoso que apenas estamos empezando a ver en su máxima expresión.
La selección de fútbol sub 17 de venezuela es la vitrina. Los agentes de Europa están ahí con sus libretas, anotando nombres. Cada vez que un chamo como Lucciano Reinoso o Juan Arango Jr. (sí, el hijo de la leyenda) toca la pelota, hay alguien en Portugal o Bélgica calculando su valor de mercado.
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Los desafíos que nadie quiere mencionar
Hay que ser honestos. La crisis económica en Venezuela sigue afectando. Muchos talentos se pierden porque no tienen para el pasaje para ir a entrenar o porque su nutrición no es la adecuada en las etapas críticas de crecimiento.
La FVF ha intentado paliar esto con los Centros de Desarrollo, pero la cobertura no es total. Todavía hay estados del país que están "desconectados" del radar de la selección nacional. Además, está el tema de los documentos. Muchos jugadores que emigraron de niños tienen problemas para tramitar su pasaporte venezolano a tiempo para los torneos oficiales. Es una traba burocrática que ha dejado fuera a más de un crack potencial.
¿Cómo seguir el progreso de estos jugadores?
Si quieres saber quiénes serán las estrellas de la selección absoluta en 2030, tienes que mirar a la sub-17 hoy. No hay otra forma.
- Sigue las cuentas oficiales: La FVF suele transmitir por streaming algunos partidos amistosos y módulos de entrenamiento.
- Mira la Liga FUTVE Junior: Es el semillero. Ahí es donde se ve quién tiene "madera" y quién es solo humo de redes sociales.
- No te quedes solo con los goles: Fíjate en el despliegue táctico. En el fútbol moderno, un lateral que sabe cerrar espacios es más valioso que un delantero que hace tres goles de carambola.
La selección de fútbol sub 17 de venezuela ya no es un proyecto de fe. Es una realidad competitiva. El reto ahora es no morir de éxito y entender que el proceso es más importante que un resultado aislado en un torneo.
Pasos a seguir para el fanático y el analista
Si de verdad quieres entender hacia dónde va el fútbol venezolano, deja de mirar solo a la selección mayor y ponle el ojo a los procesos juveniles.
- Monitorea los traspasos: Cada vez que un jugador de la sub-17 firma con un equipo extranjero, aunque sea para las inferiores, es una victoria para el sistema.
- Analiza el biotipo: Observa cómo la selección está buscando jugadores con mayor envergadura física para competir en el juego aéreo, una debilidad histórica nuestra.
- Apoya lo local: Ir al estadio a ver un partido de categorías menores ayuda más de lo que crees; genera presión competitiva y visibilidad para los chamos.
Venezuela tiene el talento. Ahora tiene el método. Solo falta que la constancia no se rompa por cuestiones extradeportivas. El futuro se ve bien, pero hay que seguir trabajando como si todavía fuéramos los últimos de la fila.