Paraguay respira fútbol. No es una frase hecha, es la realidad de un país donde el barro de las canchas de barrio es el primer laboratorio de cracks. Pero si miramos de cerca, el verdadero corazón del sistema no está siempre en la selección mayor, sino en la selección de fútbol sub-17 de Paraguay.
Es un semillero constante. Una fábrica que, a pesar de los altibajos lógicos de la edad, siempre parece encontrar la forma de competir contra gigantes como Brasil o Argentina. Honestamente, ver a los "Albirrojitos" es como mirar un tráiler de lo que será el fútbol paraguayo en cinco años. Es intensidad pura. Es ese estilo aguerrido que todos conocemos, pero mezclado con una técnica que a veces sorprende a los que todavía creen que en Paraguay solo se sabe cabecear.
El ADN de la selección de fútbol sub-17 de Paraguay
¿Qué hace que este equipo sea diferente? Básicamente, es la transición. A los 16 o 17 años, el jugador paraguayo ya tiene una madurez física que asusta. No es casualidad que históricamente Paraguay sea un hueso durísimo de roer en los Sudamericanos de la categoría. La selección de fútbol sub-17 de Paraguay se construye sobre una base de resistencia y una disciplina táctica que se hereda de los clubes locales como Olimpia, Cerro Porteño o Libertad.
Históricamente, el equipo ha tenido momentos de gloria absoluta. Tenemos que remontarnos a finales de los 90 y principios de los 2000 para entender cómo se forjó esta identidad. Bajo la tutela de técnicos que entienden el "sentir" paraguayo, la sub-17 ha logrado clasificar a múltiples Mundiales de la FIFA, dejando huella no solo por el resultado, sino por la entrega. El equipo no negocia el esfuerzo. Nunca.
A veces, la gente se olvida de que nombres que hoy brillan en Europa pasaron por este proceso. Es un filtro. Un embudo donde solo los que tienen el temple de acero logran cruzar hacia el profesionalismo.
Los hitos que marcaron el camino
Si hablamos de logros, no podemos pasar por alto las participaciones en los Mundiales. Paraguay ha tenido actuaciones destacadas en torneos de la categoría, como aquel Mundial de Egipto 1997 donde se llegó a los cuartos de final. Fue una locura. Ese equipo demostró que se podía jugar de igual a igual contra cualquiera.
Luego vino la generación de Nueva Zelanda 1999. Ahí, la selección de fútbol sub-17 de Paraguay alcanzó un quinto puesto histórico. Eran otros tiempos, claro, pero la esencia era la misma: defensa sólida y transiciones rápidas. En años más recientes, como en el Mundial de India 2017, vimos una versión mucho más ofensiva y vistosa, liderada por talentos que rápidamente saltaron al exterior.
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Es interesante ver cómo cambia la percepción. Antes, Paraguay era solo "centro, cabeza y gol". Ahora, los procesos de formación en la Asociación Paraguaya de Fútbol (APF) incluyen mucha más posesión y criterio con la pelota. Los chicos de la sub-17 actual ya no se sienten inferiores técnicamente. Salen a proponer. Sorta de evolución necesaria para no quedarse atrás en el fútbol moderno.
El rol de la cantera de Libertad y Cerro Porteño
No se puede entender a esta selección sin mirar lo que pasa en Tuyucuá o en Barrio Obrero. El Club Libertad ha invertido millones en su centro formativo. Es, probablemente, la mejor academia del país hoy por hoy. Aportan la columna vertebral: mediocampistas con buen pie y delanteros potentes. Por otro lado, Cerro Porteño sigue siendo "El Club del Pueblo" y su capacidad para detectar talento en el interior del país es inigualable.
Cuando estos talentos se juntan en Ypané, que es donde entrena la selección, se produce una química especial. Los entrenadores de las juveniles, como en su momento lo fueron Elvio Paolorosso o los coordinadores actuales, buscan que el chico no pierda la picardía del "piki-vóley" o del fútbol de calle, pero que le sume el profesionalismo europeo.
El desafío del Sudamericano: Una guerra de nervios
Clasificar al Mundial en Sudamérica es, posiblemente, más difícil que jugar el Mundial mismo. Te enfrentas a Brasil y Argentina, que son potencias mundiales, y a Ecuador, que en juveniles se ha vuelto un monstruo físico. La selección de fútbol sub-17 de Paraguay suele basar su éxito en la regularidad.
En los últimos torneos, hemos visto que la clave es el hexagonal final. Es ahí donde se ve de qué están hechos los chicos. La presión es brutal. Hay ojeadores de todo el mundo en las gradas. Real Madrid, Manchester City, Juventus... todos tienen sus ojos puestos en ese número 10 paraguayo que está encarando por la banda.
A veces nos falta ese último empujón para ser campeones continentales, algo que todavía es una deuda pendiente, pero la consistencia de estar siempre ahí, peleando los cupos mundialistas, habla de un proceso serio. No es suerte. Es trabajo de hormiga en las formativas de los clubes paraguayos.
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¿Qué falla en la transición a la Mayor?
Esta es la pregunta que se hace todo el mundo en Asunción. ¿Por qué si la sub-17 compite tan bien, a la selección mayor le cuesta tanto últimamente? La respuesta es compleja. Muchos chicos se venden muy rápido al extranjero. Se van a los 18 años a ligas donde no juegan, pierden ritmo y su progresión se estanca.
La selección de fútbol sub-17 de Paraguay es el pico de rendimiento juvenil, pero el salto al fútbol adulto es un abismo. Hay una desconexión táctica a veces entre lo que se enseña en juveniles y lo que pide el fútbol de élite profesional. Sin embargo, en los últimos dos años, la APF ha intentado unificar criterios. Quieren que todas las categorías jueguen a lo mismo. Veremos si da frutos a largo plazo.
El factor psicológico y el entorno
No todo es patear una pelota. Estos chicos lidian con una presión económica gigante. Muchos vienen de familias humildes y ven en el fútbol la única salida. Eso los hace más fuertes en la cancha, pero también más vulnerables ante representantes que solo buscan el negocio rápido. La formación integral es el nuevo caballo de batalla. Ahora se les exige estudiar, se les da apoyo psicológico y nutricional. Ya no es solo "corré y meté".
Jugadores que definieron una era
Es imposible no mencionar nombres. ¿Se acuerdan de Sergio Díaz? En su momento fue la gran joya de la sub-17 que terminó en el Real Madrid Castilla. O más recientemente, Julio Enciso, que aunque saltó etapas muy rápido, es el ejemplo de lo que el sistema paraguayo puede producir: un jugador con desparpajo, remate de media distancia y una confianza ciega en sus condiciones.
La selección de fútbol sub-17 de Paraguay ha sido el trampolín para tipos como Roque Santa Cruz en su momento, o incluso defensas férreos como Gustavo Gómez. La lista es eterna. Lo que une a todos ellos es que en la sub-17 aprendieron qué significa ponerse la camiseta albirroja. Es un sentido de pertenencia que se mama desde esas categorías.
Cómo seguir de cerca a las futuras promesas
Si de verdad quieres saber quiénes van a ser las figuras del futuro, tienes que ver los torneos de las divisiones formativas en Paraguay. La sub-17 suele jugar amistosos internacionales con frecuencia. La APF ha entendido que el roce con selecciones europeas o asiáticas es vital. Ya no basta con ganarle a los vecinos; hay que saber sufrir contra el orden táctico de los alemanes o la velocidad de los africanos.
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Para cualquier analista de fútbol, seguir a la selección de fútbol sub-17 de Paraguay es una inversión de tiempo inteligente. Siempre hay un diamante en bruto. Siempre hay un central que gana todo por arriba o un extremo que te vuelve loco con el regate.
Claves para entender el presente de la sub-17:
- Inversión en infraestructura: El Centro de Alto Rendimiento de la APF (Cardif) es ahora el lugar donde se centraliza todo. Esto ha profesionalizado los entrenamientos de los chicos de todos los clubes.
- Captación en el interior: Se están haciendo visorias en departamentos alejados como Itapúa o Concepción. El talento ya no solo sale de la capital.
- Cuerpo técnico especializado: Ya no se ponen técnicos por compromiso. Se busca gente que sepa trabajar con adolescentes, que es una etapa biológica y mental complicadísima.
Para los seguidores del fútbol, el consejo es claro: no miren solo los resultados. Miren los procesos. La selección de fútbol sub-17 de Paraguay está en un proceso de reinvención. Se busca mantener la garra de siempre pero sumando una inteligencia táctica que permita competir en mundiales de forma más ambiciosa.
El próximo Sudamericano será una prueba de fuego. Hay una camada de jugadores nacidos entre 2008 y 2009 que vienen pidiendo pista con mucha fuerza. Si se logra mantener el equilibrio entre el talento individual y el orden colectivo, Paraguay seguirá siendo esa fábrica inagotable de futbolistas que exporta pasión a todo el mundo.
Para apoyar el crecimiento de estos jóvenes, lo ideal es seguir las transmisiones oficiales de la APF y prestar atención a los torneos de las formativas, donde realmente se cocina el futuro de la Albirroja. La paciencia es clave; no todos los cracks de 16 años llegan a los 20 siendo estrellas, pero el camino recorrido en la sub-17 es, sin duda, la mejor escuela que un futbolista paraguayo puede tener.