Portugal ya no es esa selección que iba a los torneos a ver qué pasaba. Olvídate de los años noventa cuando clasificar a un Mundial era un milagro. Hoy, la selección de fútbol de Portugal es una potencia que mete miedo, pero que vive en una crisis de identidad constante por culpa de su propia abundancia. Tienen demasiados buenos jugadores para tan poco espacio en el campo.
Es rarísimo. Tienes a Bernardo Silva, Bruno Fernandes, Rafael Leão y Vitinha, pero a veces el equipo parece atascado. Juegan como si tuvieran el freno de mano puesto. ¿Por qué? Honestamente, gran parte de la conversación gira en torno a un solo hombre. Sí, el de siempre.
El peso histórico y el dilema de CR7
Mucha gente cree que el éxito de la selección de fútbol de Portugal empezó con la Eurocopa 2016. Error. La base se construyó mucho antes, pero ese título en Francia rompió un complejo de inferioridad histórico. Fue el momento en que dejaron de ser "los que juegan bonito y pierden" para ser "los que saben sufrir". Eder metió ese gol y todo cambió.
Pero ahora estamos en 2026 y la sombra de Cristiano Ronaldo es gigantesca. Es el máximo goleador histórico del fútbol internacional. Superó los 130 goles. Es una locura. Sin embargo, el debate en las calles de Lisboa o Oporto no es sobre sus récords, sino sobre el sistema. Bajo el mando de Roberto Martínez, el equipo ha intentado ser más fluido, más de posesión, pero siempre surge la misma duda: ¿se juega para el equipo o se juega para alimentar la estadística del 7?
No es una crítica fácil. Si lo sientas, pierdes al mejor rematador de la historia. Si lo pones, condicionas la movilidad de Leão o la llegada de Diogo Jota. Es un problema que cualquier entrenador querría tener, pero que quema las manos.
📖 Related: Cleveland Guardians vs Atlanta Braves Matches: Why This Interleague Rivalry Hits Different
La verdadera sala de máquinas: Más allá de los nombres
Si te fijas bien en cómo se para la selección de fútbol de Portugal hoy en día, el equilibrio no lo da la delantera. Lo da el medio campo. João Palhinha es, posiblemente, el jugador más infravalorado de todo el esquema. Sin él, los genios creativos no podrían ni moverse. Es el tipo que barre, que ensucia el juego del rival y que permite que Bruno Fernandes pueda arriesgar pases filtrados de 40 metros.
Hablemos de Bruno. A veces es desesperante. Pierde balones que te dan ganas de apagar la tele, pero luego te saca una asistencia que nadie más vio. Esa es la esencia de este Portugal actual: un equipo de momentos individuales brillantes más que una máquina colectiva perfecta como la España de 2010 o la Alemania de 2014.
La defensa y el relevo generacional
Pepe se retiró y dejó un hueco emocional enorme. Era el abuelo que pegaba gritos y ordenaba todo. Ahora, Rúben Dias es el jefe absoluto. Es un líder vocal, un tipo que viene de la escuela de Guardiola y que entiende el juego de posición. Pero ojo con los laterales. Nuno Mendes y João Cancelo son prácticamente extremos. De hecho, a veces defienden tan poco que obligan a los centrales a hacer coberturas suicidas.
Es un equipo descompensado por talento ofensivo. Tienen laterales que atacan, medios que llegan y extremos que no bajan. Básicamente, es un caos organizado que sobrevive porque la calidad técnica individual es absurdamente alta. En cualquier momento, Vitinha se inventa un regate en la salida y rompe dos líneas de presión. Eso no se entrena, se tiene.
👉 See also: Cincinnati vs Oklahoma State Basketball: What Most People Get Wrong About This Big 12 Grind
Lo que nadie te dice sobre la formación en Portugal
¿Cómo un país de 10 millones de personas saca tantos jugadores top? No es casualidad. La Federación Portuguesa de Fútbol (FPF) invirtió millones en la Cidade do Futebol. Pero el verdadero secreto son las academias del Benfica, Sporting y Porto.
El Benfica, por ejemplo, ha sacado más de 1.000 millones de euros en ventas en la última década. João Félix fue el ejemplo más influyente, aunque su carrera no haya explotado como se esperaba en la selección. El sistema portugués no busca solo atletas; busca jugadores inteligentes. Saben que no pueden competir en físico con Francia, así que compiten en cerebro y técnica.
La Euro 2024 y el aprendizaje hacia el Mundial
Muchos dicen que lo de la Euro 2024 fue un fracaso. Caer ante Francia en penaltis duele, claro. Pero lo que realmente dolió fue la sensación de que Portugal no quiso ganar el partido antes de llegar a los doce pasos. Faltó colmillo. Faltó esa agresividad que tenían en 2016.
La selección de fútbol de Portugal actual sufre de un exceso de respeto por el balón. A veces dan demasiados pases laterales. Se vuelven predecibles. Equipos como Georgia ya demostraron que si les cierras los espacios y les sales a la contra, los pones en aprietos serios. Roberto Martínez tiene el reto de hacer que este equipo sea más vertical, más "sangriento" en el área rival.
✨ Don't miss: Chase Center: What Most People Get Wrong About the New Arena in San Francisco
¿Qué sigue ahora? Pasos para entender el futuro
Si quieres seguir de cerca a este equipo sin perderte en el ruido mediático, fíjate en estos puntos clave que definirán los próximos dos años:
- La transición post-Cristiano: No será un retiro normal. Será un evento sísmico. El equipo tendrá que aprender a repartir la responsabilidad del gol entre Gonçalo Ramos, Diogo Jota y los que vengan de la sub-21.
- El rol de João Neves: Este chico es el futuro. Tiene una madurez que no es normal para su edad. Es el heredero natural de la gestión del juego y probablemente sea el capitán de aquí a cinco años.
- La gestión de egos: Martínez es un diplomático. Lo fue en Bélgica y lo es aquí. Pero en algún momento tendrá que tomar decisiones impopulares si quiere ganar un trofeo grande. No se puede tener a todos los "10" en el campo al mismo tiempo.
- La Nations League como laboratorio: Portugal suele tomarse este torneo muy en serio (ganaron la primera edición). Úsalo para ver quiénes son los jugadores que realmente rinden cuando la presión sube y no solo contra selecciones pequeñas en eliminatorias.
La selección de fútbol de Portugal está en una encrucijada fascinante. Tienen el talento para ganar cualquier torneo, pero les falta decidir quiénes son realmente cuando el Rey ya no esté en el trono. Es una transición lenta, a veces dolorosa, pero necesaria para que la nueva generación deje de ser "promesa" y se convierta en leyenda por derecho propio.
Sigue los partidos clasificatorios con ojo crítico. No te quedes solo con el marcador. Mira cuánto espacio ocupa Vitinha, mira si Leão decide por fin ser decisivo los 90 minutos y, sobre todo, observa cómo reacciona el banquillo cuando las cosas se ponen feas. Ahí está la verdadera respuesta sobre el techo de este equipo.