Mucha gente se obsesiona con la dieta keto o el ayuno intermitente pensando que van a vivir para siempre, pero si te fijas en la persona más vieja del mundo, la realidad suele ser bastante más extraña y menos "fitness" de lo que esperas. No es solo genética. Tampoco es solo suerte. Hay una mezcla de factores sociales, geográficos y, sinceramente, un poco de testarudez que mantiene a estas personas respirando cuando todos los demás ya se han ido.
A día de hoy, el título de la persona más vieja del mundo (viva) le pertenece a Tomiko Itooka, una mujer japonesa que nació en 1908. Imagínatelo por un segundo. Cuando ella nació, el Titanic ni siquiera se había empezado a construir. Los hermanos Wright apenas estaban convenciendo al mundo de que los aviones eran una buena idea. Es una locura pensar en la cantidad de historia que cabe en una sola vida humana.
El récord imbatible: Jeanne Calment
Si hablamos de la persona más vieja del mundo de todos los tiempos, el nombre que siempre sale es Jeanne Calment. Murió en 1997 a los 122 años y 164 días.
Hay gente que todavía intenta desmentirlo. En 2018, unos investigadores rusos lanzaron una teoría de conspiración diciendo que su hija, Yvonne, había suplantado su identidad para evitar pagar impuestos de sucesiones. Fue un caos en la comunidad científica. Sin embargo, después de analizar miles de documentos, fotos y registros de la ciudad de Arles en Francia, los expertos franceses confirmaron que no, que Jeanne era legítima.
Lo más gracioso de ella era su estilo de vida. No era una santa de la salud. Fumaba un par de cigarrillos al día (lo dejó a los 117 porque ya no veía bien para encender el mechero, no por miedo al cáncer), comía casi un kilo de chocolate a la semana y le echaba aceite de oliva a casi todo. Ella decía que su secreto era "estar aburrida". Básicamente, no estresarse por nada.
¿Qué tienen en común los supercentenarios?
No es casualidad que casi todas las personas que superan los 110 años —a los que llamamos supercentenarios— sean mujeres. De hecho, el 95% lo son. ¿Por qué? Hay teorías para todos los gustos. Algunos científicos dicen que es por el segundo cromosoma X, que ofrece una especie de "copia de seguridad" genética que los hombres no tenemos. Otros dicen que es porque las mujeres suelen tener redes sociales más fuertes. La soledad mata más rápido que el tabaco, y eso es una realidad estadística.
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Pero si buscas un patrón en la persona más vieja del mundo, verás que casi todos vienen de las famosas Zonas Azules. Estos son lugares como Okinawa en Japón, Cerdeña en Italia o la Península de Nicoya en Costa Rica.
Lo que pasa en estos sitios no es que tengan gimnasios mejores. Al contrario.
Viven en pendientes. Caminan mucho.
Tienen un sentido de propósito, lo que los japoneses llaman Ikigai.
En Okinawa, por ejemplo, existe el concepto de Moai, que es básicamente un grupo de amigos que se comprometen a apoyarse entre ellos de por vida. Si uno se queda sin dinero o se enferma, los otros están ahí. Ese tipo de seguridad psicológica baja los niveles de cortisol de una forma que ninguna medicina puede replicar.
La dieta: Menos es más
Casi todas las personas que han ostentado el título de la persona más vieja del mundo comían de forma moderada. En Japón tienen el dicho "Hara Hachi Bu", que significa comer hasta que estés un 80% lleno. No se pegan atracones. Su dieta se basa en plantas, legumbres y muy poca carne procesada.
Pero ojo, que hay excepciones que rompen la regla y te dejan pensando.
Emma Morano, la última persona viva que nació en el siglo XIX (murió en 2017), decía que su secreto era comer tres huevos al día, dos de ellos crudos. Lo hizo durante 90 años por recomendación de un médico para la anemia. También comía grappa, un aguardiente italiano muy fuerte que ella misma preparaba con hierbas.
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Entonces, ¿es el brócoli o es el aguardiente? Probablemente es la capacidad de sus cuerpos para reparar el daño celular de forma más eficiente que el resto de los mortales. Sus células son simplemente más resistentes al estrés oxidativo.
El problema de los registros y los "fraudes"
No todo lo que brilla es oro en el mundo de la longevidad extrema. Validar a la persona más vieja del mundo es un dolor de cabeza para organizaciones como el Gerontology Research Group (GRG) o el Guinness World Records.
En países donde los registros de nacimiento a finales del siglo XIX eran inexistentes o poco fiables, es muy fácil que alguien "gane" años por error o por beneficio propio. Ha habido casos en los que la gente simplemente usaba el certificado de nacimiento de un hermano mayor que murió en la infancia. Por eso, hoy en día no basta con que alguien diga que tiene 120 años. Se necesitan pruebas documentales de tres etapas distintas de su vida: nacimiento, matrimonio (o servicio militar) y vejez.
Si no hay papeles, no hay récord. Es así de crudo.
La ciencia detrás de los 120 años
¿Existe un límite biológico? La mayoría de los biólogos moleculares creen que sí. El "Límite de Hayflick" sugiere que nuestras células solo pueden dividirse un número determinado de veces antes de que los telómeros (las puntas de nuestro ADN) se desgasten por completo.
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Es como una mecha que se va quemando.
A medida que envejecemos, esa mecha se acorta.
Cuando se acaba, la célula entra en senescencia y deja de funcionar.
Para la persona más vieja del mundo, esa mecha parece ser un poco más larga o quemarse más despacio. Hay estudios, como los realizados por la Universidad de Albert Einstein en Nueva York, que analizan el genoma de estos individuos buscando variantes específicas. Han encontrado que muchos supercentenarios tienen mutaciones en los genes que regulan el crecimiento, lo que hace que sus células sean menos propensas a desarrollar cáncer o enfermedades cardiovasculares.
¿Qué podemos aprender nosotros?
Es probable que tú y yo nunca seamos la persona más vieja del mundo. La mayoría no tenemos esa lotería genética. Sin embargo, si miras de cerca la vida de Tomiko Itooka o de los que vinieron antes como Kane Tanaka, hay lecciones que puedes aplicar mañana mismo.
No se trata solo de añadir años a la vida, sino vida a los años.
Kane Tanaka, por ejemplo, se despertaba a las 6 de la mañana y se pasaba la tarde estudiando matemáticas y jugando al juego de mesa Othello. Mantuvo su mente afilada hasta los 119 años. El cerebro es como un músculo: si dejas de usarlo, se atrofia.
Otro factor clave es la resiliencia emocional. Casi todas estas personas pasaron por guerras mundiales, pandemias (como la gripe española) y crisis económicas brutales. Perdieron hijos, cónyuges y amigos. Pero no se quedaron anclados en el pasado. Tenían una capacidad increíble para vivir en el presente y adaptarse a los cambios tecnológicos. Kane Tanaka amaba el chocolate y la Coca-Cola. Se adaptó a la modernidad sin perder sus raíces.
Para mejorar tus probabilidades de una longevidad saludable, deja de buscar el suplemento mágico y enfócate en lo que realmente funciona según la evidencia de estos centenarios:
- Prioriza el movimiento natural: No necesitas correr un maratón. Camina, cultiva un huerto, usa las escaleras. Lo importante es no estar sentado ocho horas seguidas.
- Construye una tribu: La soledad es tóxica. Mantén contacto físico y emocional con gente que te importe. Llama a ese amigo que no ves hace tiempo.
- Controla el estrés, no la vida: La rigidez mental te envejece. Aprende a dejar ir las cosas que no puedes controlar, igual que Jeanne Calment.
- Alimentación basada en plantas: No tienes que ser vegano, pero que el 80% de tu plato sea verde es la apuesta más segura.
- Encuentra tu Ikigai: Ten una razón para levantarte mañana. Puede ser tu familia, un hobby o simplemente terminar ese libro que empezaste.
La longevidad extrema es una mezcla de ciencia y suerte, pero la calidad de tu vejez depende en gran medida de las decisiones que tomas hoy mismo. Empieza por caminar veinte minutos más y apagar la televisión un poco antes. Tu cuerpo del futuro te lo agradecerá.