La muerte de un unicornio: Por qué las startups de mil millones están desapareciendo

La muerte de un unicornio: Por qué las startups de mil millones están desapareciendo

El mundo de las startups ya no es lo que era. Hace apenas tres años, parecía que cualquiera con una presentación de PowerPoint medianamente decente y una idea sobre "disrupción" podía alcanzar una valoración de mil millones de dólares. Era la era del dinero gratis. Los capitalistas de riesgo lanzaban billetes como si fueran confeti en un desfile. Pero hoy, la muerte de un unicornio se ha convertido en una noticia semanal, casi rutinaria, que nos recuerda que quemar efectivo no es un modelo de negocio sostenible.

¿Qué pasó? Básicamente, la realidad alcanzó a la fantasía.

No estamos hablando solo de empresas que quiebran. Estamos hablando de una extinción masiva de un ecosistema que se construyó sobre tasas de interés cercanas a cero y la esperanza ciega de que el crecimiento infinito era posible. Cuando escuchas sobre la muerte de un unicornio, usualmente piensas en un fracaso estrepitoso, pero a veces es un proceso lento y doloroso. Es una serie de "down rounds" (rondas de financiación a una valoración menor), despidos masivos y, finalmente, el cierre de puertas.

El fin de la era del "crecer a toda costa"

Durante años, Silicon Valley y los hubs tecnológicos globales operaron bajo un mantra único: Blitzscaling. Si no estabas duplicando tu tamaño cada seis meses, estabas muerto. O eso decían. Figuras como Reid Hoffman popularizaron la idea de que la velocidad era más importante que la eficiencia.

Pero el mercado cambió.

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La Reserva Federal subió las tasas. El capital se volvió caro. De repente, a los inversores ya no les importaba cuántos usuarios nuevos tenías si cada uno de ellos te costaba 10 dólares en marketing para generar solo 2 dólares de ingresos. Esa matemática simplemente no suma. Muchas empresas que alcanzaron el estatus de unicornio entre 2020 y 2021 lo hicieron con métricas infladas. Fue un espejismo.

Casos reales que lo explican todo

Miremos a Convoy. Era el "Uber de los camiones". Valorada en casi 4.000 millones de dólares, contaba con inversores de la talla de Jeff Bezos y Bill Gates. Tenía tecnología, tenía tracción, tenía nombres pesados detrás. Y aun así, colapsó. ¿Por qué? Porque el mercado de fletes se hundió y la empresa no tenía un camino claro hacia la rentabilidad sin seguir inyectando capital externo. Cuando el grifo del dinero se cerró, Convoy se evaporó en cuestión de semanas.

Luego está el caso de Veev, una startup de construcción modular que recaudó cientos de millones. Prometían revolucionar cómo construimos casas usando tecnología de punta. Alcanzaron la mítica cifra de los mil millones. Pero la construcción es un negocio físico, duro, con márgenes estrechos y problemas logísticos que el software no siempre puede resolver. Al final, los activos se vendieron por una fracción de su valor original.

Honestamente, es una tragedia financiera.

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Incluso empresas que siguen vivas están experimentando una especie de muerte lenta. Instacart salió a bolsa con una valoración muchísimo menor a su pico privado. Klarna, el gigante del "compre ahora, pague después", vio cómo su valoración caía de 45.000 millones a menos de 7.000 millones en un punto. Técnicamente siguen aquí, pero el unicornio que conocíamos, ese animal mitológico de crecimiento imparable, ha muerto para dar paso a un burro de carga que intenta sobrevivir al invierno.

Por qué fallan (más allá de la falta de dinero)

A veces le echamos la culpa a la economía, pero la autopsia de la muerte de un unicornio suele revelar problemas internos graves.

  • El Product-Market Fit inexistente: Muchas veces, el producto es una solución buscando un problema. Se gastan millones en educar a un mercado que realmente no necesita lo que vendes.
  • Gobernanza corporativa de juguete: Cuando tienes a fundadores de 25 años con control total y juntas directivas que actúan como "fans" en lugar de supervisores, las cosas salen mal. WeWork es el ejemplo clásico, aunque técnicamente sobrevivió a su propia muerte varias veces.
  • Estructuras de capital tóxicas: Aquí es donde se pone técnico. Muchos unicornios tienen "preferencias de liquidación". Esto significa que los últimos inversores en entrar tienen garantizado recuperar su dinero antes que nadie. Si la empresa se vende por menos de su valoración máxima, los empleados y fundadores se quedan con cero. Nada.

Es una estructura diseñada para el éxito total o el fracaso absoluto. No hay punto medio.

El impacto en el talento y la moral

No se trata solo de números en una hoja de Excel. Detrás de cada cierre hay miles de ingenieros, diseñadores y operativos que apostaron su carrera a una visión. Muchos aceptaron salarios más bajos a cambio de opciones sobre acciones (stock options) que ahora valen menos que el papel en el que están impresas.

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Ese es el costo humano de la muerte de un unicornio. La desilusión de una generación que creyó que la tecnología era una fuente inagotable de riqueza fácil. Ahora, el talento se está moviendo hacia empresas más estables o hacia sectores como la Inteligencia Artificial, donde la burbuja está volviendo a inflarse, curiosamente con los mismos patrones que vimos antes.

¿Qué podemos aprender de este cementerio de startups?

Si algo nos enseña la caída de estos gigantes es que el flujo de caja es el rey. Siempre lo ha sido. No puedes subsidiar el crecimiento con dinero de otros para siempre. Eventualmente, tus clientes tienen que pagar por el valor que entregas, y ese pago tiene que cubrir tus costos.

Parece obvio. Pero en el mundo del capital de riesgo, lo obvio a veces se ignora por décadas.

La resiliencia ahora se mide en "EBITDA positivo". Es una palabra aburrida, vieja, de contador de los años 80. Pero es lo que mantiene a las empresas vivas. Las startups que sobrevivirán a este ciclo no son las que tienen los mejores videos de marketing en TikTok, sino las que tienen una disciplina financiera casi obsesiva.

Pasos a seguir para fundadores y empleados

Si estás dentro de una empresa que muestra signos de debilidad o si estás pensando en lanzar algo nuevo, la estrategia tiene que cambiar radicalmente. Olvida el manual de 2021. Está obsoleto.

  1. Prioriza la unidad económica: Antes de escalar, asegúrate de que cada unidad vendida sea rentable. Si pierdes dinero en cada venta, vender más solo te matará más rápido.
  2. Extiende el "runway": Si tienes dinero en el banco, haz que dure. Corta lo innecesario. Los viajes de lujo y las oficinas con kombucha de barril pueden esperar. Sobrevivir es la nueva victoria.
  3. Transparencia radical con el equipo: Si eres líder, no ocultes la situación. El talento inteligente se da cuenta de cuándo el barco hace agua. Es mejor ser honesto sobre los retos que enfrentar una renuncia masiva cuando la noticia de los problemas se filtre.
  4. Cuidado con las valoraciones infladas: Si vas a recaudar fondos, no busques la valoración más alta posible. Busca la más justa. Una valoración demasiado alta hoy es una soga al cuello mañana si no logras crecer lo suficiente para justificarla en la siguiente ronda.

La era de los unicornios fáciles se terminó. Y quizá eso sea bueno. Al final del día, una economía sana necesita empresas de verdad, no mitos que desaparecen al primer rayo de sol. La purga actual es dolorosa, pero necesaria para limpiar el sistema de excesos y permitir que surja una nueva generación de empresas más sólidas, realistas y, sobre todo, rentables.