El mundo del deporte se detuvo de golpe. No fue una noticia más en el "scroll" infinito de redes sociales; fue un puñetazo en el estómago para millones de personas en México y Estados Unidos. La muerte de Fernando Valenzuela el pasado 22 de octubre de 2024, a los 63 años, cerró uno de los capítulos más románticos y transformadores de la historia de las Grandes Ligas.
Se fue "El Toro".
Es difícil explicarle a alguien que no vivió los años 80 lo que significaba este hombre. No era solo un lanzador con un screwball endemoniado que hacía ver ridículos a los bateadores más experimentados. Era un fenómeno cultural. Un tipo de Etchohuaquila, Sonora, que llegó a Los Ángeles sin hablar inglés y terminó por conquistar la ciudad de las estrellas. Honestamente, lo que hizo Fernando no se ha vuelto a ver. Ni con Ohtani, ni con Judge. La "Fernandomanía" fue una religión.
Lo que realmente pasó: Los detalles detrás de su partida
Durante semanas, el ambiente en el Dodger Stadium se sentía pesado. Los rumores volaban. Valenzuela se había alejado de las transmisiones en español de los Dodgers a principios de octubre, justo cuando empezaba la postemporada. La organización emitió un comunicado escueto diciendo que se tomaría un tiempo para enfocarse en su salud.
Pero todos sabíamos que algo no andaba bien.
Falleció en un hospital de Los Ángeles. Aunque la familia mantuvo una privacidad absoluta sobre el diagnóstico específico durante sus últimos días, se reportó que complicaciones hepáticas y un colapso multiorgánico fueron las causas principales. Estaba muy delgado. Las últimas fotos que circularon lo mostraban demacrado, lejos de aquella figura robusta y poderosa que levantaba la pierna derecha mirando al cielo antes de soltar la bola.
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Es irónico, y de alguna manera poético, que la muerte de Fernando Valenzuela ocurriera apenas unos días antes de que los Dodgers iniciaran la Serie Mundial contra los Yankees. El mismo enfrentamiento que lo catapultó a la gloria en 1981. El destino tiene formas muy extrañas de cerrar círculos.
Un legado que los números no alcanzan a medir
Si te pones a revisar las estadísticas puras, Fernando fue excelente, pero no es el mejor de la historia en papel. Ganó 173 juegos. Perdió 153. Tuvo una efectividad de 3.54. Números sólidos, claro. Pero las estadísticas son frías y Fernando era puro fuego.
En 1981 hizo algo que parece inventado por un guionista de Hollywood:
- Ganó el Novato del Año.
- Ganó el trofeo Cy Young.
- Lideró a los Dodgers a ganar la Serie Mundial contra Nueva York.
- Provocó que el rating de los juegos de béisbol en México y la comunidad latina de EE. UU. subiera como nunca antes.
La gente iba al estadio solo para verlo calentar. Básicamente, él salvó el béisbol después de la huelga de jugadores de aquel año. Los latinos en California, que históricamente se habían sentido marginados por los Dodgers debido al trauma del desplazamiento de Chavez Ravine, finalmente encontraron una razón para volver al estadio. Valenzuela era su espejo. Era uno de ellos triunfando en la cima del mundo.
El misterio del Salón de la Fama
Aquí es donde la conversación se pone intensa. ¿Por qué Fernando no está en Cooperstown? Es la pregunta que surge inevitablemente tras la muerte de Fernando Valenzuela.
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Honestamente, el comité de votación ha sido muy rígido. Se basan en la longevidad y en picos de rendimiento que duren 15 años. Fernando se quemó rápido. Su brazo sufrió el desgaste de lanzar demasiadas entradas a una edad muy temprana. En su año de novato lanzó ocho blanqueadas. Eso es una locura para los estándares actuales del béisbol, donde a los pitchers los sacan en la quinta entrada si les sudan las manos.
Sin embargo, el impacto cultural de Valenzuela pesa más que cualquier estadística de WAR o WHIP. El béisbol es un espectáculo, es conexión social, y nadie conectó con la gente como él. Los Dodgers finalmente retiraron su número 34 en 2023, rompiendo su propia regla interna de solo retirar números de jugadores que estén en el Salón de la Fama. Fue un reconocimiento de que Fernando es una excepción a cualquier regla.
La conexión con México y el orgullo nacional
Para México, Fernando era el héroe nacional por excelencia. Hugo Sánchez triunfaba en el Real Madrid y Julio César Chávez destrozaba rostros en el ring, pero Fernando tenía algo diferente. Tenía una humildad que desarmaba. Nunca olvidó sus raíces. A pesar de los millones y de la fama mundial, seguía siendo el tipo sencillo que prefería hablar de béisbol que de sí mismo.
Su partida deja un vacío inmenso en la Liga Mexicana del Pacífico y en los Tigres de Quintana Roo, equipo del cual era propietario. Su influencia ayudó a que miles de niños en el norte de México prefirieran un guante de béisbol sobre un balón de fútbol. Esa es su verdadera victoria.
Qué nos queda después de su partida
No se trata solo de llorar a una leyenda. La muerte de Fernando Valenzuela nos obliga a repensar cómo valoramos a los atletas. A veces nos obsesionamos tanto con los datos que olvidamos el impacto humano.
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Los Dodgers honraron su memoria durante la Serie Mundial de 2024 con un parche en la manga y tributos constantes. Fue una despedida a la altura. El estadio se llenó de veladoras, flores y gorras con el número 34. Ver a hombres de 60 años llorando como niños en las afueras del estadio te da una idea de lo que este hombre significó para la identidad de una comunidad entera.
Si quieres rendirle tributo de verdad, no solo leas su obituario. Mira sus videos. Observa ese movimiento de ojos hacia el cielo, esa pausa dramática y el efecto hipnótico del screwball. El béisbol moderno es mucha tecnología y análisis, pero Fernando nos recordó que el deporte es, ante todo, sentimiento y fe.
Pasos para mantener viva la memoria del Toro
Para quienes deseen profundizar en su historia o entender mejor su relevancia técnica, aquí hay algunas acciones concretas:
- Revisa el documental "Fernando Nation" de ESPN 30 for 30: Es, por mucho, el mejor recurso para entender el contexto sociopolítico de su llegada a Los Ángeles.
- Estudia la mecánica del screwball: Es un lanzamiento casi extinto porque destruye el brazo si no se hace bien. Entender por qué Fernando era único en esto te dará una nueva perspectiva sobre la física del juego.
- Visita el muro de los recuerdos en el Dodger Stadium: Si tienes la oportunidad de ir a Los Ángeles, el memorial improvisado y el retiro oficial de su número en el jardín izquierdo son paradas obligatorias para cualquier fanático del deporte.
- Apoya el béisbol local: Fernando siempre fue un promotor de las ligas pequeñas y del talento joven en Sonora y el resto de México. Seguir fomentando el deporte es el mejor homenaje posible.
Fernando Valenzuela no solo lanzaba pelotas; lanzaba esperanzas para todo un pueblo. Se fue el hombre, pero el mito del 34 es eterno. Descanse en paz, Toro.