La Guerra de los 100 años: Por qué casi todo lo que te contaron en el colegio está mal

La Guerra de los 100 años: Por qué casi todo lo que te contaron en el colegio está mal

Seguro que piensas que fue una guerra. Una sola. Y que duró cien años. Pues resulta que ni lo uno ni lo otro. En realidad, lo que conocemos como la Guerra de los 100 años fue un lío monumental de idas y venidas que se alargó durante 116 años, desde 1337 hasta 1453. No fueron combates diarios, claro. Hubo treguas larguísimas, años de paz tensa y momentos donde lo único que se movía era la peste negra por los caminos de Europa.

Básicamente, fue una disputa familiar que se nos fue de las manos.

Imagínate que tu primo dice que tu casa es suya porque tu abuelo era su tío abuelo. Multiplica eso por ejércitos de caballeros, flechas de un metro de largo y dos reinos enteros, Francia e Inglaterra, intentando decidir quién mandaba en el trono galo. Es una historia de egos, de una tecnología militar que cambió para siempre y de cómo nació el concepto de "nación" tal como lo entendemos hoy.

El verdadero origen: Un trono y demasiados pretendientes

Todo empezó porque el rey de Francia, Carlos IV, murió en 1328 sin dejar un hijo varón. Aquí es donde la cosa se pone fea. El rey de Inglaterra, Eduardo III, era su sobrino y dijo: "Oye, pues el trono me toca a mí". Pero los nobles franceses, que no tenían ganas de ser gobernados por un inglés, rescataron una ley vieja llamada la Ley Sálica para decir que el trono no podía pasar a través de una mujer.

Eligieron a Felipe VI de Valois.

Honestamente, a Eduardo III al principio no le importó tanto. El problema real era Guyena (lo que hoy es Gascuña). El rey inglés era, técnicamente, vasallo del rey francés por esas tierras. Imagínate la humillación: un rey teniendo que arrodillarse ante otro. Cuando Felipe decidió confiscarle el ducado, Eduardo se cansó y reclamó la corona de Francia por las malas.

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Así empezó el baile.

La tecnología que humilló a la caballería francesa

Si algo define la primera mitad de la Guerra de los 100 años, es el arco largo inglés o longbow. En esa época, los franceses tenían la mejor caballería pesada del mundo. Eran tanques de carne y hueso cubiertos de acero. Pensaban que la guerra era una cuestión de honor y de cargar de frente.

Los ingleses tenían otros planes.

En batallas como Crécy (1346) y Poitiers (1356), los arqueros ingleses, que eran básicamente campesinos entrenados, masacraron a la nobleza francesa. Un arco largo podía disparar hasta 10 o 12 flechas por minuto. Era una lluvia constante. Los caballeros franceses, atrapados en el barro por sus armaduras pesadas, caían antes de poder siquiera verle la cara al enemigo. Esto no solo fue una derrota militar; fue un choque cultural. La idea de que un campesino con un palo de madera pudiera matar a un noble que había entrenado toda su vida para la guerra rompió el sistema feudal.

El paréntesis de la muerte negra

En medio de todo este caos, llegó algo peor que las flechas: la Peste Negra. 1348. La población de Europa se redujo a la mitad en algunas zonas. Es curioso, pero la guerra se detuvo casi en seco simplemente porque no había gente suficiente para cultivar el campo, y mucho menos para marchar por el barro de Normandía. Los soldados morían en sus campamentos sin haber desenvainado la espada.

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Juana de Arco y el giro de guion más loco de la historia

Hubo un momento, allá por 1420, en el que Inglaterra básicamente había ganado. El Tratado de Troyes decía que el rey inglés heredaría Francia. El delfín Carlos (el heredero francés) estaba escondido, deprimido y sin dinero. Francia parecía borrada del mapa.

Y entonces aparece una campesina de 17 años de un pueblo perdido llamado Domrémy.

Juana de Arco decía oír voces de santos que le pedían expulsar a los ingleses. Lo que hizo Juana no fue solo táctico, fue psicológico. Convenció a un ejército derrotado de que Dios estaba de su lado. Levantó el sitio de Orleans en 1429 y cambió el rumbo de la historia. Es increíble pensar que una adolescente que no sabía leer ni escribir logró que coronaran a Carlos VII en Reims.

Aunque Juana terminó quemada en la hoguera por los ingleses en 1431 bajo cargos de herejía, el daño ya estaba hecho. Francia ya no era solo un conjunto de feudos; empezaba a sentirse como un país.

Por qué los ingleses acabaron perdiendo (pista: no fue solo Juana)

A veces nos olvidamos de la artillería. Mientras los ingleses seguían confiando en sus arcos, los franceses empezaron a tomarse muy en serio los cañones. Jean Bureau, un genio de la época, reorganizó el ejército francés. Ya no se trataba de cargas heroicas, sino de bombardear las murallas enemigas hasta que no quedara nada.

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En la batalla de Castillon (1453), los ingleses fueron destrozados por el fuego de los cañones franceses. Fue el final de la Guerra de los 100 años. Inglaterra perdió todas sus posesiones en Francia, excepto el puerto de Calais.

  • Inglaterra se sumergió en una guerra civil propia (la Guerra de las Dos Rosas).
  • Francia se consolidó como una monarquía absoluta.
  • El caballero de armadura brillante pasó a la historia para dejar paso al soldado con armas de fuego.

Lo que nadie te cuenta sobre este conflicto

Mucha gente piensa que ingleses y franceses se odiaban por naturaleza. La realidad es que la aristocracia inglesa de la época hablaba francés. El inglés era el idioma de los "pobres". Fue precisamente durante estos 116 años cuando el idioma inglés se convirtió en una herramienta de identidad nacional para diferenciarse del enemigo.

Además, la guerra fue un negocio. Existían las "Grandes Compañías", grupos de mercenarios que, cuando no había batallas oficiales, se dedicaban a saquear pueblos por su cuenta. Vivir en el campo francés durante el siglo XIV era, básicamente, un infierno constante de bandas armadas pidiendo "impuestos".


Cómo entender la Guerra de los 100 años hoy

Si quieres profundizar en este tema sin aburrirte con libros de texto polvorientos, hay un par de pasos prácticos que puedes dar para ver cómo este conflicto moldeó el mundo:

  1. Analiza la evolución del armamento: Si visitas el Museo del Ejército en París o la Torre de Londres, fíjate en la transición de las cotas de malla a las placas de acero. Fue una carrera armamentista real, muy parecida a la tecnología que vemos hoy.
  2. Rastrea los apellidos: Muchos apellidos ingleses actuales tienen raíces francesas normandas que se asentaron o se transformaron durante este periodo. Es un ejercicio genealógico fascinante.
  3. Visita Orleans o Ruán: No vayas solo por la foto de la catedral. Busca las marcas de los asedios. En Ruán todavía se siente el peso de lo que supuso el juicio a Juana de Arco.
  4. Lee las crónicas de Jean Froissart: Es lo más parecido a un periodista de guerra del siglo XIV. Sus relatos son sangrientos, sesgados y absolutamente vibrantes. Te dan una perspectiva de "testigo" que ningún historiador moderno puede replicar.

La Guerra de los 100 años no fue un evento aburrido del pasado; fue el parto doloroso de la Europa moderna. Sin este conflicto, quizá hoy no existiría el concepto de patriotismo o la frontera actual entre dos de las potencias más grandes del mundo. Fue el fin del mundo medieval y el inicio de todo lo demás.