Mirar al cielo y preguntarse en qué etapa de la luna estamos es algo casi instintivo. Lo hacemos desde que el mundo es mundo. Pero, siendo honestos, la mayoría de nosotros nos quedamos en blanco a mitad del ciclo. ¿Esa "D" que veo en el cielo significa que está creciendo o que se está haciendo chiquita? Es un lío. Y no ayuda que en el hemisferio norte se vea de una forma y en el sur de otra totalmente distinta.
La luna no brilla por sí misma. Es básicamente un espejo gigante de roca que refleja la luz del Sol. Dependiendo de dónde esté situada en su viaje de 29.5 días alrededor de la Tierra, vemos más o menos de esa cara iluminada. Eso es, en esencia, lo que llamamos fase o etapa lunar. No es magia, es pura geometría espacial, aunque a veces se sienta como algo místico cuando caminas de noche y la luz plateada te deja ver el camino sin necesidad de usar la linterna del móvil.
Las ocho fases que realmente importan
No son cuatro. Bueno, técnicamente sí son cuatro las principales, pero si quieres entender el ciclo completo, tienes que contar ocho momentos clave. Todo empieza con la Luna Nueva. Es el momento en que la Luna está entre la Tierra y el Sol. La cara que nos da a nosotros está en completa oscuridad. Básicamente, no hay luna. O está ahí, pero es invisible. Es el momento perfecto para observar galaxias lejanas porque el brillo lunar no estropea el contraste del cielo nocturno.
Luego viene la Luna Creciente. Es ese hilito de luz, como una uña, que empieza a asomarse por el oeste justo después del atardecer. Aquí es donde empieza el truco mental. En el hemisferio norte, si la luna tiene forma de "D", está creciendo (Creciente). Si tiene forma de "C", está decreciendo (Menguante). Es una regla nemotécnica que salva vidas, o al menos salva conversaciones en cenas al aire libre.
Llegamos al Cuarto Creciente. Se llama "cuarto" porque la Luna ha recorrido una cuarta parte de su órbita, aunque nosotros veamos exactamente la mitad del disco iluminado. Es un nombre un poco engañoso, ¿verdad? Después, la cosa se pone interesante con la Luna Gibosa Creciente. "Gibosa" viene de giba, como la joroba de un camello. La luna ya está más que media llena, pero aún le falta un poco para el círculo perfecto.
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Y entonces, el plato fuerte: la Luna Llena. Es cuando la Tierra está entre el Sol y la Luna. Toda la cara visible está bañada en luz. Es el momento de las mareas más locas y de las leyendas urbanas sobre gente que no puede dormir. Según un estudio publicado en Current Biology por el biólogo Christian Cajochen, la actividad cerebral relacionada con el sueño profundo cae un 30% durante la luna llena. Así que, si diste vueltas en la cama anoche, ya tienes a quién culpar.
El camino de vuelta a la oscuridad
Después del máximo brillo, todo empieza a encogerse. Pasamos por la Luna Gibosa Menguante. La luz empieza a retirarse por el lado derecho (en el norte). Es una etapa de la luna que a menudo ignoramos porque sale muy tarde por la noche, casi de madrugada. Luego, el Cuarto Menguante, donde otra vez vemos media luna, pero esta vez la otra mitad.
Finalmente, la Luna Balsámica o Creciente Menguante. Es esa última astilla de luz antes de que la luna desaparezca de nuevo en la fase nueva. Los antiguos agricultores, como los que siguen las tradiciones de la biodinámica impulsadas por figuras como Maria Thun, juran que este es el mejor momento para podar plantas que no quieres que crezcan demasiado rápido. Creen que la energía de la tierra "baja" hacia las raíces cuando la luz lunar disminuye. Puede sonar a esoterismo, pero pregunta a cualquier pescador viejo sobre cómo influye la etapa de la luna en el movimiento de los bancos de peces y verás que hay mucha ciencia empírica en la observación directa.
¿Por qué las mareas se vuelven locas?
No es solo luz. Es gravedad. La Luna tira del agua de nuestros océanos. Cuando estamos en Luna Nueva o Luna Llena, el Sol, la Tierra y la Luna están alineados. Sus fuerzas de gravedad se suman. El resultado son las "mareas vivas". El agua sube mucho más de lo normal y baja también de forma extrema.
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En cambio, durante los cuartos (creciente y menguante), el Sol y la Luna forman un ángulo de 90 grados respecto a la Tierra. Se restan fuerza. Esas son las mareas muertas. Si alguna vez vas a las costas de Bretaña en Francia o a la Bahía de Fundy en Canadá, verás que entender la etapa de la luna no es un hobby astronómico, es una cuestión de seguridad básica si no quieres que el mar te atrape en una cueva.
La Luna no es igual para todos
Hay un detalle que casi nadie menciona en los libros de texto escolares: el efecto espejo de los hemisferios. Si estás en Madrid, ves la luna crecer hacia la derecha. Si viajas a Buenos Aires o Sídney esa misma noche, la verás crecer hacia la izquierda. Es la misma luna, pero tú estás boca abajo respecto al otro observador.
Esto confunde a los fotógrafos y a los viajeros constantemente. Si usas una app de astronomía, asegúrate de que tiene bien configurada tu ubicación GPS, o terminarás buscando una etapa de la luna que no corresponde a lo que tienes sobre la cabeza.
Mitos que deberíamos dejar de creer
Mucha gente cree que la sombra de la Tierra es la que causa las fases de la luna. Error total. Eso solo pasa durante un eclipse lunar. Las fases son simplemente nuestra perspectiva de la parte iluminada por el sol. Es como caminar alrededor de una persona que tiene una linterna apuntándole a la cara; a veces ves toda la cara iluminada, a veces solo el perfil, y a veces la nuca en sombras.
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Otro mito clásico: la luna llena y los nacimientos en los hospitales. Se han hecho docenas de estudios estadísticos, como el realizado por el astrónomo Daniel Catón examinando 70 millones de nacimientos en EE. UU., y la conclusión es siempre la misma: no hay más bebés en luna llena. Es un sesgo de confirmación. Si el hospital está a tope y hay luna llena, los médicos lo comentan. Si el hospital está a tope y no hay luna llena, nadie dice nada sobre el cielo.
Cómo usar este conocimiento en tu día a día
No necesitas un telescopio de mil euros para seguir el ritmo del cielo. La observación a simple vista es suficiente para notar patrones. Si te interesa la fotografía, la etapa de la luna dicta qué tipo de fotos puedes sacar. Con luna nueva, es el momento de la Vía Láctea. Con luna llena, olvídate de las estrellas: el brillo lunar las borra del cielo, pero puedes hacer paisajes nocturnos que parecen de día pero con un tono azulado surrealista.
Para los que tienen huerto en casa o incluso solo macetas en el balcón, probar el calendario lunar es un experimento divertido. La idea básica es: lo que crece hacia arriba (tomates, flores) se planta cuando la luna crece. Lo que crece hacia abajo (zanahorias, patatas) se planta cuando la luna mengua. Hay poca evidencia científica rigurosa que lo respalde al 100%, pero millones de agricultores en todo el mundo no pueden estar totalmente equivocados tras milenios de observación.
Pasos prácticos para observar la luna esta semana
Mira hacia el oeste justo después de que se ponga el sol. Si ves un arco fino de luz, estamos empezando un ciclo. Si la luna ya está alta cuando el sol se pone, estamos cerca de la luna llena.
Para llevar un registro real y no perderte, puedes hacer lo siguiente:
- Descarga una app sencilla como Moon Phase Calendar o Daff Moon. Te dicen exactamente el porcentaje de iluminación y, lo más importante, a qué hora sale y se pone la luna cada día.
- Aprende a identificar la "Luz de la Tierra" (Earthshine). Ocurre durante la etapa de luna creciente muy fina. Si miras con atención, puedes ver la parte oscura de la luna brillando débilmente. Es luz del sol que rebota en la Tierra, llega a la luna y vuelve a nosotros. Es uno de los espectáculos más bonitos del cielo nocturno.
- Fíjate en el terminador. No, no es la película. El terminador es la línea que divide la zona de luz y sombra en la luna. Si tienes unos binoculares, apunta ahí. Es donde las sombras de los cráteres son más largas y profundas, lo que da una sensación de relieve increíble que no verás durante la luna llena (donde todo se ve plano por la luz frontal).
- Comprueba el estado de las mareas si vives cerca de la costa. Intenta predecir si la marea será alta o baja basándote solo en la fase que viste la noche anterior. Es la mejor forma de interiorizar cómo funciona la mecánica celeste en nuestro planeta.
Entender la etapa de la luna nos conecta con un ritmo más lento que el del reloj del ordenador o el calendario del trabajo. Es un recordatorio visual de que todo en la naturaleza tiene un ciclo de inicio, plenitud y retirada. Y aunque hoy vivamos rodeados de luces LED y pantallas, basta con levantar la vista un segundo para saber exactamente en qué punto de ese viaje eterno nos encontramos.