La Casa del Estado de Massachusetts: Lo que la mayoría de los turistas se pierde en Beacon Hill

La Casa del Estado de Massachusetts: Lo que la mayoría de los turistas se pierde en Beacon Hill

Si caminas por Boston, es imposible no verla. Esa cúpula dorada brilla tanto que casi te obliga a entrecerrar los ojos cuando el sol pega de frente. La Casa del Estado de Massachusetts es, básicamente, el alma de Beacon Hill. Pero, honestamente, la mayoría de la gente se queda en la acera de enfrente, saca una foto para Instagram y sigue de largo hacia el Common.

Se están perdiendo lo mejor.

No es solo un edificio gubernamental aburrido donde se firman leyes. Es un laberinto de mármol, madera tallada y un bacalao de madera que cuelga del techo. Sí, un pez. El "Sacred Cod" es real y tiene más historia que la mayoría de los monumentos nacionales. La Casa del Estado de Massachusetts es el epicentro de la política de la Commonwealth, pero también es un museo vivo que sobrevive desde 1798.

Un diseño que cambió el horizonte de Boston

Charles Bulfinch fue el genio detrás de esto. Antes de que este tipo metiera mano, el Capitolio era un concepto fluido. Bulfinch, un arquitecto autodidacta que básicamente definió el estilo federal en Estados Unidos, quería algo que gritara "autoridad" pero con elegancia. El terreno pertenecía originalmente a John Hancock. Sí, el tipo de la firma gigante en la Declaración de Independencia. Hancock usaba este espacio como pastizal para sus vacas.

Imagina eso. Vacas pastando donde hoy se decide el presupuesto estatal.

La construcción terminó en 1798. Al principio, la cúpula no era dorada. Estaba hecha de madera. Luego, Paul Revere (sí, ese Paul Revere) la cubrió con cobre en 1802 para evitar que se filtrara el agua. No fue hasta 1874 que decidieron que el cobre era demasiado modesto y lo cubrieron con pan de oro de 23 quilates. Durante la Segunda Guerra Mundial, la pintaron de gris oscuro. ¿Por qué? Pues para que los bombarderos enemigos no usaran el brillo como faro para atacar Boston. Kinda lógico, ¿no? En 1997 la volvieron a dorar con un costo de más de 300,000 dólares.

El Bacalao Sagrado y otras rarezas legislativas

Si entras a la Cámara de Representantes, mira hacia arriba. Verás al "Sacred Cod". Es una talla de madera de cinco pies que representa la importancia de la industria pesquera para Massachusetts.

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Ha estado ahí desde 1784, incluso antes de que este edificio existiera. En 1933, unos estudiantes de la Universidad de Harvard (el famoso Harvard Lampoon) decidieron secuestrar al pez. Fue un caos total. La policía de Boston estaba histérica. El estado entero entró en una especie de luto satírico hasta que lo devolvieron. Es este tipo de detalles los que hacen que la Casa del Estado de Massachusetts se sienta humana. No es solo mármol frío; hay humor y una identidad muy marcada ahí dentro.

En el Senado, al otro lado del pasillo, tienen el "Holy Mackerel" (el Caballa Sagrada). No es broma. Massachusetts se toma muy en serio sus pescados simbólicos.

Arquitectura que cuenta historias de guerra y paz

El Salón de las Banderas (Hall of Flags) es, probablemente, el lugar más solemne que vas a visitar. Es una rotonda circular bajo la cúpula. Hay cientos de banderas de batalla originales que llevaron los regimientos de Massachusetts en diferentes guerras, desde la Guerra Civil hasta conflictos más recientes.

Están encerradas en vitrinas de vidrio con clima controlado. Algunas están tan desgastadas que son solo jirones de tela, pero verlas ahí, rodeadas de columnas de mármol de diferentes partes del mundo, te da una perspectiva diferente de lo que significa el servicio público. El mármol no es todo igual, por cierto. Hay mármol de Siena (Italia), de Vermont y de África. Bulfinch y sus sucesores no escatimaron en gastos para que este lugar se sintiera como el centro del universo político de Nueva Inglaterra.

Cómo entrar y qué ver sin parecer un turista perdido

Muchos piensan que necesitas una invitación especial o ser un cabildero para entrar. No. La Casa del Estado de Massachusetts es pública. Puedes entrar por la puerta de General Hooker (ubicada en Beacon Street) después de pasar por un control de seguridad tipo aeropuerto.

  1. La Rotonda de Dórico: Es el espacio original de Bulfinch. Las columnas son de madera, aunque parecen de piedra. Golpéalas suavemente (si no te regañan los guardias) y lo notarás.
  2. La Escalera Central: Solo se abre en tres ocasiones específicas. Cuando el Gobernador sale del edificio por última vez al terminar su mandato, cuando un Presidente de los EE. UU. visita, o cuando se devuelve una bandera de guerra. Se llama la "Puerta de los Pasos".
  3. El Gran Salón: Es una adición más moderna pero impresionante, usada para recepciones masivas. Es un contraste brutal con la madera oscura de las cámaras legislativas.

La logística de la visita (lo que nadie te dice)

Si vas en coche, buena suerte. Estacionar en Beacon Hill es básicamente un deporte de riesgo. Lo mejor es tomar la línea roja o verde del "T" y bajarte en Park Street. Caminas cuesta arriba a través del Boston Common y ahí estás.

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Honestly, los tours gratuitos que ofrecen los docentes voluntarios son la mejor forma de verlo. Saben cosas que no están en los carteles. Por ejemplo, te contarán sobre los retratos de los gobernadores. Hay una regla no escrita: cada gobernador elige su estilo. Algunos son súper tradicionales, otros parecen sacados de una galería de arte moderno. El contraste entre los marcos dorados antiguos y las pinturas más recientes en los pasillos es fascinante.

A veces, si tienes suerte y no hay sesión, puedes entrar a las galerías superiores de la Cámara de Representantes y ver dónde se sientan los legisladores. Esos asientos de madera parecen increíblemente incómodos para sesiones que duran 10 horas, pero bueno, así es la democracia.

Mitos y realidades de la cúpula

Existe la idea errónea de que la cúpula es de oro macizo. Obviamente no lo es. El oro macizo colapsaría el edificio por su peso. Es pan de oro, láminas increíblemente delgadas aplicadas con una precisión quirúrgica.

Otro detalle: la piña. Arriba de todo, sobre la cúpula, hay una piña de madera. En el siglo XVIII, la piña era el símbolo supremo de la hospitalidad. Massachusetts quería decirle al mundo que eran bienvenidos, aunque sus inviernos digan lo contrario.

La Casa del Estado de Massachusetts frente al futuro

El edificio está constantemente en renovación. Mantener una estructura de finales de 1700 que todavía funciona como oficina activa para cientos de personas es una pesadilla logística. Los sistemas eléctricos y de calefacción son un rompecabezas oculto detrás de paredes coloniales.

A diferencia de otros capitolios estatales que parecen museos estáticos, aquí ves a la gente corriendo con cafés en la mano, periodistas persiguiendo a senadores por los pasillos y ciudadanos protestando en las escaleras. Es vibrante. Es ruidoso. Es real.

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Si te interesa la política, este es el lugar donde se gestaron leyes pioneras en el país, desde el matrimonio igualitario hasta la reforma de salud que sirvió de modelo para el "Obamacare". Todo sucedió entre estas paredes de ladrillo rojo y mármol italiano.

Pasos prácticos para tu visita

Para aprovechar realmente la Casa del Estado de Massachusetts, no vayas un fin de semana; está cerrada. Los sábados y domingos solo podrás verla por fuera.

  • Horario: Ve entre las 9:00 AM y las 5:00 PM de lunes a viernes.
  • Tours: Los recorridos gratuitos suelen ser entre las 10:00 AM y las 3:30 PM. Duran unos 45 minutos.
  • Seguridad: Lleva una identificación válida. Te la van a pedir. No lleves mochilas gigantes si puedes evitarlo, agiliza mucho el proceso.
  • Cámara: Puedes tomar fotos en casi todas partes, pero sé respetuoso en el Salón de las Banderas.

En lugar de solo caminar por el Freedom Trail siguiendo la línea roja en el suelo, detente en la parada número 2. Entra. Sube las escaleras. Mira al bacalao de madera a los ojos. Es una experiencia mucho más auténtica de Boston que comprar una camiseta de "Wicked Smaht" en Faneuil Hall.

Lo que realmente importa de este lugar no es solo el brillo exterior, sino la continuidad. Es uno de los pocos edificios en Estados Unidos que ha cumplido la misma función desde antes de que se inventara la bombilla eléctrica. Al salir, fíjate en las estatuas del jardín. Tienes a Anne Hutchinson y Mary Dyer, mujeres que desafiaron la autoridad religiosa en los inicios de la colonia. Es un recordatorio de que Massachusetts siempre ha tenido un espíritu un tanto rebelde y testarudo.

Asegúrate de caminar por la parte trasera del edificio después de salir. Verás la columna de Beacon Hill, un monumento que marca el punto más alto original de la colina antes de que la rebajaran para rellenar Back Bay. Es una lección de geografía e historia en un solo giro de cabeza.

Visitar la Casa del Estado de Massachusetts es, en esencia, entender por qué Boston se siente tan diferente a cualquier otra ciudad estadounidense. Es una mezcla de orgullo puritano, ambición arquitectónica y una obsesión casi cómica con las tradiciones marítimas. No es solo política; es el ADN de Nueva Inglaterra bajo una capa de oro de 23 quilates.

Para planificar tu ruta, combina esta visita con un paseo por la calle Chestnut o Mt. Vernon Street. Son las calles más bonitas de Beacon Hill y están a solo dos minutos a pie. Verás las casas de ladrillo con puertas de colores y los faroles de gas originales. Es como viajar en el tiempo sin necesidad de un DeLorean, solo necesitas un buen par de zapatos para caminar y un poco de curiosidad.