¿Alguna vez te has preguntado qué pasa por la mente de un hombre que, a los 76 años, ya tenía las maletas listas para retirarse a un hogar de sacerdotes ancianos en Buenos Aires y termina liderando a 1.300 millones de personas? Es una locura. La biografia del papa francisco no es el típico relato de un ascenso burocrático en la Iglesia. Es, más bien, la historia de un químico frustrado que acabó siendo jesuita por un "flechazo" espiritual y que hoy, desde el Vaticano, sigue pidiendo que le traigan pizza a la Domus Sanctae Marthae porque extraña la vida normal.
Jorge Mario Bergoglio nació en Flores, un barrio de clase media en Buenos Aires, el 17 de diciembre de 1936. Sus papás, Mario y Regina, eran inmigrantes italianos. De ahí viene su pasión por el fútbol (es hincha fanático de San Lorenzo de Almagro) y esa forma tan directa, casi brusca a veces, de decir las cosas. Pero no siempre quiso ser cura. De hecho, trabajó limpiando el piso en una floristería y hasta fue "patovica" —sacador de boliches— para pagarse sus cosas. Honestamente, ver a un Papa con pasado de guardia de seguridad nocturno te da una perspectiva muy distinta de su autoridad.
Los años de formación y el pulmón perdido
Mucha gente cree que el Papa siempre fue un líder carismático, pero la realidad en la biografia del papa francisco es mucho más compleja. A los 21 años, estuvo a punto de morir por una neumonía grave. Tuvieron que extirparle la parte superior del pulmón derecho. Esa cicatriz física lo acompaña hasta hoy y explica, en parte, por qué a veces se le ve agitado después de hablar mucho tiempo.
Estudió para ser técnico químico. Le gustaba el laboratorio. Pero un día de 1953, antes de irse de picnic con sus amigos, entró a la iglesia de San José de Flores a confesarse. Salió de ahí convencido de que su camino era otro. Entró al noviciado de la Compañía de Jesús en 1958. Los jesuitas son conocidos por ser los "intelectuales" de la Iglesia, y Bergoglio encajaba ahí, aunque siempre tuvo una inclinación más práctica que académica.
Durante la dictadura militar en Argentina (1976-1983), Bergoglio era el Provincial de los jesuitas. Tenía apenas 36 años. Fue una época oscura. Se le ha criticado mucho por su papel en esos años, especialmente respecto al secuestro de dos sacerdotes jesuitas, Orlando Yorio y Franz Jalics. Sin embargo, periodistas de investigación como Nello Scavo han demostrado con documentos que Bergoglio montó una red clandestina para esconder perseguidos y ayudarlos a escapar del país. Les prestaba su propio documento de identidad a personas que se le parecían físicamente para que pudieran cruzar la frontera. Era un juego de vida o muerte.
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El estilo de Buenos Aires: Colectivos y mate
Cuando lo nombraron Arzobispo de Buenos Aires en 1998, rompió el molde. Se negó a vivir en el palacio episcopal. Se mudó a un departamento pequeño, se cocinaba su propia comida y viajaba en el "colectivo" (autobús) o en el subte. Esa humildad no era una pose para las fotos; era su forma de entender el Evangelio.
Se hizo famoso por visitar las "villas miseria" (barrios marginales). Se sentaba a tomar mate con la gente, escuchaba sus problemas de drogas, de falta de trabajo. Para él, la Iglesia no podía ser una aduana, sino un "hospital de campaña". Esta frase se ha convertido en el eje central de la biografia del papa francisco actual. Si no entiendes su pasado en las calles de Buenos Aires, no puedes entender por qué hoy critica tan duro al capitalismo salvaje o por qué insiste tanto en la ecología.
El Cónclave que cambió la historia
El 13 de marzo de 2013, el mundo miraba hacia la chimenea de la Capilla Sixtina. Benedicto XVI había renunciado, algo que no pasaba en siglos. Bergoglio no figuraba en las listas de "papables" de los expertos. Era demasiado viejo, decían. Era latinoamericano, decían.
Pero algo pasó ahí dentro.
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Cuentan que durante las congregaciones generales (las reuniones previas a la votación), Bergoglio dio un discurso corto pero fulminante. Dijo que la Iglesia estaba enferma porque se miraba demasiado a sí misma (autoreferencialidad) y que debía salir a las periferias. Eso convenció a los cardenales. Cuando alcanzó los 77 votos necesarios, su amigo el cardenal Cláudio Hummes lo abrazó y le susurró: "No te olvides de los pobres".
Ahí nació Francisco. El primer Papa de América, el primer jesuita, el primero en elegir el nombre del santo de Asís.
Reformas, enemigos y la "limpieza" del Vaticano
No todo ha sido miel sobre hojuelas. El Papa Francisco se encontró con una curia romana llena de vicios antiguos. Ha intentado limpiar el IOR (el Banco Vaticano) y ha enfrentado escándalos de abusos sexuales que venían arrastrándose por décadas. Algunos sectores conservadores lo detestan. Lo llaman comunista, populista o incluso hereje por sus aperturas hacia los divorciados vueltos a casar o la comunidad LGBTQ+.
Él suele responder con encíclicas como Laudato si’, donde habla del cambio climático, o Fratelli tutti, sobre la fraternidad universal. Su enfoque es radicalmente humano. Se preocupa por los migrantes que mueren en el Mediterráneo y ha hecho del "descarte" social su enemigo número uno.
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Datos que casi nadie menciona
Para entender bien la biografia del papa francisco, hay que mirar los detalles pequeños:
- Su pasión literaria: Es fanático de Jorge Luis Borges y de Dostoievski. De hecho, cuando era profesor de literatura en su juventud, llevó a Borges a su clase para que diera una charla a sus alumnos.
- La ópera: Le encanta la música, especialmente la ópera que escuchaba por radio los sábados en la mañana con su mamá.
- El ayuno de televisión: Hizo una promesa a la Virgen del Carmen en 1990 de no volver a ver televisión. Y la cumple. No ve los partidos de San Lorenzo; se entera de los resultados por un guardia suizo que le deja una nota.
- Salud: Además del pulmón, sufre de una ciática severa que a veces lo hace caminar con dificultad y, recientemente, problemas en la rodilla que lo han obligado a usar silla de ruedas.
La biografia del papa francisco sigue escribiéndose. No es un personaje estático de un libro de historia. Es un hombre que lidia con el poder más antiguo del mundo mientras intenta mantener la sencillez de un cura de barrio. Ha reformado el derecho canónico, ha nombrado cardenales de lugares remotos como Tonga o Brunéi, y ha dejado claro que el centro del mundo no es Europa, sino los lugares donde la gente sufre.
A pesar de las críticas de los sectores más tradicionales, Francisco ha logrado que personas que se habían alejado de la religión vuelvan a mirar hacia Roma con curiosidad. No es perfecto, y él es el primero en admitirlo cuando pide constantemente: "Recen por mí".
Lecciones prácticas de su trayectoria:
Para quienes buscan aplicar el liderazgo al estilo Bergoglio en su vida cotidiana, estos puntos son clave:
- Prioriza el contacto directo: No te encierres en una oficina o en una burbuja de privilegios; la realidad se entiende mejor desde los márgenes.
- La sencillez como autoridad: El respeto no se gana con ornamentos o títulos, sino con la coherencia entre lo que dices y cómo vives (como elegir vivir en una residencia común en lugar de un palacio).
- Gestión de conflictos: Francisco no ignora las tensiones internas; las expone y trata de mover las estructuras, aunque esto genere resistencia.
- Comunicación clara: Usa metáforas simples ("pastores con olor a oveja") que cualquier persona pueda entender, eliminando el lenguaje técnico o excluyente.
Si quieres profundizar en su pensamiento, lo ideal es leer directamente sus textos cortos en lugar de interpretaciones de terceros. Empezar por la exhortación Evangelii Gaudium es, básicamente, tener el mapa de ruta de todo su pontificado en las manos. Allí explica por qué prefiere una Iglesia accidentada por salir a la calle que una Iglesia enferma por el encierro.