Panamá ya no es ese equipo que solo iba a los torneos a ver qué pasaba o a tratar de no recibir una goleada escandalosa. Eso quedó atrás. Si te fijas en los jugadores de selección de fútbol de Panamá de hoy, notas algo diferente en el caminado, en cómo se plantan en la cancha contra potencias de CONCACAF o incluso de CONMEBOL. Ya no es solo "fuerza y velocidad". Ahora hay conceptos, hay tipos jugando en ligas europeas que no son de relleno y, sobre todo, hay una identidad que Thomas Christiansen ha logrado esculpir a punta de repeticiones y mucha paciencia.
Es curioso. Hace diez años, el fanático panameño se conformaba con un chispazo de Román Torres o un gol agónico de Blas Pérez. Leyendas, sí. Pero el fútbol evoluciona.
Hoy, el ecosistema de los seleccionados panameños es un mapa global. Tienes a gente en la MLS, sí, pero también en la primera división de Francia, en Bélgica, en Portugal y en ligas sudamericanas de alto roce. No es casualidad que hayan sacado a Estados Unidos de una Copa América o que peleen finales de Copa Oro de tú a tú contra México. La narrativa cambió de "queremos participar" a "queremos mandar".
El cerebro y el músculo: Los nombres que sostienen el sistema
Mucha gente se queda con los goles, pero el corazón de esta selección está en el medio. Adalberto Carrasquilla es, probablemente, el jugador más talentoso que ha parido esa tierra en décadas. No lo digo por decir. El tipo fue el MVP de la Copa Oro 2023. Juega en el Houston Dynamo, pero su estilo es puramente europeo: visión de 360 grados, un primer toque que elimina rivales y esa capacidad de saber cuándo acelerar y cuándo poner el partido en el congelador. "Coco" es el termómetro. Si él está bien, Panamá fluye. Si lo anulan, el equipo sufre para conectar con los de arriba.
Luego está la muralla. Michael Amir Murillo es otro nivel de profesionalismo. Estar en el Olympique de Marsella no es para cualquiera. Es una liga física, exigente, donde si pestañeas te pasan por encima. Murillo le da a Panamá esa salida limpia por banda derecha que es fundamental en el esquema de tres centrales o cuatro defensores que suele usar el técnico danés-español. Es un lateral que ataca como extremo pero que tiene el oficio defensivo que da el roce de la Europa League y la Ligue 1.
Y no podemos ignorar a los que ensucian el uniforme. Aníbal Godoy sigue siendo el capitán moral. Aunque los años pasen y las lesiones intenten frenarlo, su presencia en el vestuario y su lectura de juego son el ancla que permite que los jóvenes se suelten. Es el puente entre la vieja guardia que fue a Rusia 2018 y esta nueva camada que no le tiene miedo a nada.
💡 You might also like: Cómo entender la tabla de Copa Oro y por qué los puntos no siempre cuentan la historia completa
La metamorfosis del ataque panameño
Hubo un tiempo donde los jugadores de selección de fútbol de Panamá eran básicamente atletas que corrían al espacio. Si había un balón largo, ganaban por potencia. Ahora es distinto. El ataque es más asociativo.
Ismael Díaz es el ejemplo perfecto de resiliencia. Después de tantas operaciones de rodilla que habrían retirado a cualquiera, el tipo volvió y demostró que tiene una jerarquía distinta. Su capacidad para inventarse una jugada en una baldosa es algo que Panamá no tenía con tanta frecuencia. No es un nueve de área estático; es un tipo que cae a bandas, que se asocia, que entiende el espacio-tiempo del juego.
- José Fajardo: El "Pantera". A veces criticado por fallar la que parece más fácil, pero es el que hace el trabajo sucio. Fija centrales, choca, cansa a la defensa rival.
- Cecilio Waterman: Pura entrega. Es ese jugador que los defensas odian porque no deja de correr los 90 minutos. Su paso por el fútbol chileno y peruano le ha dado una madurez táctica brutal.
- Eduardo Guerrero: La nueva esperanza. Jugar en el Dinamo de Kiev o en el fútbol ucraniano te da una dureza mental especial. Es rápido, potente y tiene ese hambre de quien quiere ser el referente de la próxima década.
La competencia interna es real. Ya no hay puestos asegurados por decreto o por nombre. Si no rindes, hay un pelao de 20 años pidiendo pista desde las categorías inferiores o desde la liga local (LPF) que, aunque humilde, sigue exportando talento de forma casi milagrosa dado su presupuesto.
El factor Christiansen y el cambio de chip
No se puede hablar de los jugadores sin mencionar a Thomas Christiansen. Honestamente, el tipo cambió la cultura. Antes, Panamá era un equipo reactivo. Esperaban el error del rival y salían como locos. Ahora, quieren la pelota. Quieren salir jugando desde el portero, algo que a veces pone los pelos de punta a la afición en el Estadio Rommel Fernández, pero que ha dado resultados tangibles.
Orlando "Cuti" Mosquera ha tenido que aprender a usar los pies como si fuera un mediocampista más. No basta con atajar; hay que saber iniciar el ataque. Esa exigencia técnica ha elevado el valor de mercado de los seleccionados. Ya no son vistos como "fichajes baratos para probar", sino como piezas funcionales para esquemas tácticos complejos.
📖 Related: Ohio State Football All White Uniforms: Why the Icy Look Always Sparks a Debate
El éxito no es solo ganar partidos, sino cómo se pierden. Antes, una derrota contra una potencia era un descalabro anímico. Hoy, ves a los jugadores de Panamá molestos después de perder contra Colombia o Uruguay porque sienten que están al mismo nivel. Ese cambio de mentalidad es el activo más valioso que tienen ahora mismo.
¿Qué pasa con la defensa?
Es el punto donde más debate hay. La transición de los eternos Román Torres y Felipe Baloy no fue fácil. Fidel Escobar ha tomado la batuta con una elegancia que asombra. Le dicen "El Comandante" en Saprissa, y en la selección es el que organiza la salida. A su lado, gente como Edgardo Fariña o José Córdoba están demostrando que hay relevo. Córdoba, específicamente, es un central moderno: rápido para las coberturas y muy sobrio con el balón. Su paso por Bulgaria y luego el salto a ligas más competitivas en el Reino Unido hablan de un techo que todavía no vemos.
Lo que sí es cierto es que a veces la confianza les juega una mala pasada. El exceso de toque en zonas de riesgo ha costado goles dolorosos. Es el precio de la evolución. Estás aprendiendo a jugar a otra cosa y los errores son parte del proceso de aprendizaje.
Realidades y retos: No todo es color de rosa
A pesar del crecimiento, los jugadores de selección de fútbol de Panamá enfrentan obstáculos que sus rivales directos no tienen. La infraestructura en el país sigue siendo deficiente comparada con Costa Rica o México. Muchos de estos cracks salieron de canchas de barrio donde el césped es un lujo. Eso les da un "barrio" y una garra especial, pero también significa que llegan al profesionalismo con carencias tácticas que tienen que pulir a marchas forzadas en el extranjero.
Además, está la presión mediática. La marea roja es apasionada, pero a veces olvida que el crecimiento no es lineal. Hay baches. Hay partidos donde la pelota no entra y parece que todo lo avanzado se borró. La madurez de esta generación se mide en cómo manejan ese ruido externo.
👉 See also: Who Won the Golf Tournament This Weekend: Richard T. Lee and the 2026 Season Kickoff
Un punto clave es la exportación temprana. Mientras más rápido salgan de la liga local a entornos más competitivos, mejor para la selección. Casos como el de Kahiser Lenis muestran que hay talento emergente que necesita ser pulido fuera del confort de casa para terminar de explotar.
La importancia de la Copa América y el camino al 2026
La participación reciente en torneos de alto calibre ha sido el examen final. Ya no se trata de amistosos contra islas del Caribe. Se trata de medirse a los mejores del mundo. Ver a los jugadores panameños intercambiar camisetas con figuras del Real Madrid o del Liverpool después de haberles dado pelea durante 90 minutos confirma que el techo está más alto de lo que pensábamos.
El objetivo es el Mundial 2026. Con el aumento de cupos, Panamá no solo tiene la obligación de clasificar, sino de competir. No quieren ir a ser el equipo que todos quieren en su grupo para sumar puntos fáciles. Quieren ser el equipo que nadie quiere enfrentar porque te muerden, te quitan la pelota y te liquidan en una contra bien armada.
Cómo seguir el rastro de estos futbolistas
Si quieres entender de verdad hacia dónde va el fútbol panameño, no mires solo los resúmenes de goles. Tienes que ver los mapas de calor de Carrasquilla, la efectividad de pases de José Córdoba y la cantidad de duelos ganados por Michael Amir Murillo. Ahí está la verdadera ciencia de por qué Panamá está donde está.
Para los que quieren estar al día, es vital seguir las ligas donde militan estos jugadores. No es lo mismo ver a un jugador una vez cada tres meses en eliminatorias que ver su evolución semanal en la MLS, la Ligue 1 o la Liga de Portugal. La consistencia es lo que separa a un buen jugador de un referente nacional.
- Monitorea las alineaciones en Europa: Especialmente los fines de semana en Francia y Portugal.
- Sigue el mercado de fichajes: La tendencia actual es que los clubes europeos están mirando más hacia Centroamérica, y Panamá es el foco principal.
- No ignores la LPF: De ahí sale la materia prima. Jugadores como Jovany Welch o Cristian Martínez tuvieron su base ahí antes de dar el salto.
La selección de Panamá ya no es una promesa; es una realidad competitiva. El grupo humano que se ha formado tiene la mezcla justa de experiencia mundialista y juventud hambrienta. Si logran mantener la disciplina táctica y siguen exportando piezas al fútbol de élite, el 2026 podría ser el escenario de una sorpresa que deje al mundo del fútbol con la boca abierta. Básicamente, estamos ante la generación más preparada técnica y mentalmente de su historia.
Para aprovechar este conocimiento, mantente atento a los informes de rendimiento post-partido que publican plataformas de scouting, ya que ahí se nota la diferencia táctica que Christiansen ha implementado. Analizar cómo se mueven sin balón te dará una perspectiva mucho más profunda que simplemente esperar el grito de gol. El fútbol panameño ha dejado de ser una cuestión de azar para convertirse en una cuestión de sistema.