Izquierda y derecha política: Por qué seguimos usando etiquetas de hace 200 años

Izquierda y derecha política: Por qué seguimos usando etiquetas de hace 200 años

Si alguna vez te has sentido confundido en una cena familiar cuando alguien empieza a gritar sobre "los progres" o "los fachas", no estás solo. Es un lío. La verdad es que los términos izquierda y derecha política son, a la vez, las etiquetas más útiles y más tramposas que hemos inventado jamás.

Todo empezó por un accidente de asientos. Literalmente. En 1789, durante la Asamblea Nacional Constituyente en Francia, los que querían mantener el poder del Rey se sentaron a la derecha del presidente. Los que querían una revolución y un cambio radical se sentaron a la izquierda. Si los arquitectos de Versalles hubieran diseñado la sala de otra forma, quizá hoy estaríamos hablando de "arriba y abajo" o "norte y sur". Es una locura pensar que nuestra identidad política actual dependa de dónde decidió sentarse un grupo de aristócratas franceses hace más de dos siglos.

La esencia de la división: ¿Igualdad o Jerarquía?

Básicamente, si raspamos la superficie de cualquier debate moderno, lo que encontramos es una pelea sobre el orden de las cosas.

La izquierda suele obsesionarse con la igualdad. La idea de fondo es que la sociedad es injusta por naturaleza y que el Estado —o la comunidad— tiene que intervenir para nivelar el campo de juego. Piensan que si dejas que las cosas sigan su curso, los fuertes siempre aplastarán a los débiles. Por eso defienden servicios públicos potentes y redistribución de la riqueza. Es una visión optimista sobre la capacidad de cambio, pero a veces peca de ignorar que las jerarquías también aportan orden.

La derecha, por el contrario, tiende a ver las jerarquías como algo natural o, al menos, funcional. No es que sean "malos" que quieran que la gente sufra; es que creen que la libertad individual y la tradición son los mejores motores para el progreso. Valoran la propiedad privada, la autoridad y la estabilidad. Para alguien de derechas, intentar que todos seamos iguales a la fuerza suele terminar en un desastre que coarta la libertad.

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Pero cuidado.

Las cosas se complican porque estas etiquetas no son cajas cerradas. Son más bien como un espectro de colores donde los bordes se difuminan constantemente.

El eje económico vs. el eje social

Mucha gente se equivoca al pensar que solo existe una línea recta. No es así. Existe el eje económico (dinero, impuestos, regulación) y el eje social (aborto, religión, derechos LGBTQ+, inmigración).

Puedes conocer a alguien que quiera impuestos altísimos para las grandes empresas (muy de izquierdas en lo económico) pero que a la vez sea profundamente conservador en temas religiosos o de familia (derecha social). En países como España o Argentina, hemos visto cómo estos cruces generan cortocircuitos constantes en las encuestas de opinión. No eres un bicho raro por no encajar perfectamente en un molde. De hecho, la mayoría de la gente es una mezcla extraña de ambos lados dependiendo del tema que toques.

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¿Por qué nos cuesta tanto entendernos hoy?

Internet lo rompió todo. Antes, las noticias nos llegaban por tres o cuatro canales que intentaban ser neutrales. Ahora, el algoritmo te da exactamente lo que quieres oír. Si eres de izquierdas, Twitter te enseñará lo peor de la derecha para que te indignes. Si eres de derechas, Facebook te mostrará videos que confirmen tus miedos.

Esto ha creado lo que los politólogos llaman "polarización afectiva". Ya no es solo que no estemos de acuerdo en los impuestos. Es que pensamos que el otro lado es moralmente malvado. Es peligroso.

Norberto Bobbio, uno de los filósofos políticos más importantes del siglo XX, decía en su libro Derecha e Izquierda que la distinción sigue viva porque la pregunta sobre la desigualdad sigue sin respuesta. Mientras existan personas que sufran por falta de recursos y personas que tengan de sobra, habrá alguien a la izquierda pidiendo cambio y alguien a la derecha defendiendo el mérito o el orden establecido.

Ejemplos reales que lo cambian todo

Mira lo que pasó con el proteccionismo económico. Tradicionalmente, la izquierda era la que quería cerrar fronteras comerciales para proteger a los obreros locales. Sin embargo, en los últimos años, líderes como Donald Trump (derecha) adoptaron esa bandera, mientras que sectores de la izquierda liberal defendían el libre comercio global. Las etiquetas se mueven. Son líquidas.

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O hablemos del ecologismo. Kinda loco pensar que antes era un tema de nicho y ahora es el centro de la política mundial. La izquierda lo abraza como una lucha contra el capitalismo extractivo. La derecha, cada vez más, intenta buscar una "ecología de mercado" o, en algunos casos extremos, niega el problema para proteger la industria.

Cómo detectar dónde estás tú (sin hacer tests absurdos)

Olvida esos cuestionarios de 10 preguntas que te dicen si eres "libertario de centro-derecha". Mejor hazte estas preguntas honestas:

  1. ¿Quién debe resolver los problemas? Si tu primera respuesta es "el Gobierno", estás mirando hacia la izquierda. Si piensas "el individuo y las empresas", vas hacia la derecha.
  2. ¿Qué te da más miedo? ¿La injusticia social o el caos y la falta de libertad? La izquierda suele temer lo primero; la derecha, lo segundo.
  3. ¿El pasado fue mejor? La derecha suele mirar atrás con respeto a las tradiciones que funcionan. La izquierda mira hacia adelante, convencida de que el pasado fue una serie de errores que debemos corregir.

No hay una respuesta correcta. Históricamente, las sociedades más estables son las que logran un equilibrio entre estas dos fuerzas. Un motor necesita un acelerador (cambio/izquierda) y un freno (estabilidad/derecha) para no estrellarse.

Pasos prácticos para navegar la política actual

Ya sabemos que la distinción entre izquierda y derecha política no va a desaparecer pronto. Pero podemos ser más inteligentes al usarla.

  • Diversifica tu dieta de información. Lee un periódico que te caiga mal una vez a la semana. No para cambiar de opinión, sino para entender los argumentos del "enemigo". Te sorprenderá ver que, a veces, tienen puntos válidos.
  • Separa la economía de la cultura. Identifica si tu desacuerdo con un político es porque no te gusta su plan de pensiones o porque no te gusta su postura sobre el feminismo. Son debates distintos que solemos meter en el mismo saco.
  • Huye de los términos "populistas". Cuando alguien usa etiquetas como "comunista" o "fascista" para describir a cualquiera que no piense como él, suele estar intentando manipular tus emociones, no informar.
  • Revisa las propuestas, no los colores. En las elecciones locales, por ejemplo, la gestión de la basura o el transporte no tiene mucha ideología. A veces, un buen gestor es mejor que un ideólogo brillante.

Entender la política no va de elegir un equipo de fútbol y odiar al resto. Va de comprender que la sociedad es un organismo complejo donde diferentes visiones intentan, a su manera, encontrar el bienestar. La próxima vez que escuches hablar de izquierda y derecha, recuerda que todo empezó con unos franceses eligiendo silla. Quizá así, el debate te parezca un poco menos sagrado y mucho más humano.