El 20 de enero de 2025 no fue un lunes cualquiera en Washington D.C. La ciudad estaba blindada, el frío calaba hasta los huesos y el Capitolio lucía ese aspecto de fortaleza que solo tienen los grandes eventos de Estado. Pero lo que realmente dio de qué hablar, más allá del discurso o el clima, fue la lista de invitados a la toma de posesión de Donald Trump. Fue una mezcla rarísima. Tenías a los pesos pesados de Silicon Valley sentados a pocos metros de líderes de la derecha global y, por supuesto, a la familia Trump al completo.
Honestamente, la logística fue un caos controlado. Debido a las temperaturas extremas, gran parte de la ceremonia se movió al interior, lo que hizo que conseguir una silla fuera casi un milagro para muchos políticos de rango medio.
Los líderes mundiales que dijeron presente
Tradicionalmente, las investiduras presidenciales en Estados Unidos no suelen ser un desfile de mandatarios extranjeros. El protocolo suele dictar que los embajadores representan a sus naciones. Sin embargo, Trump rompió el molde. Invitó directamente a varios jefes de Estado, creando una especie de cumbre paralela en pleno Capitolio.
Javier Milei, el presidente de Argentina, fue uno de los que más atención acaparó. No es un secreto que tiene una sintonía especial con Trump; de hecho, fue uno de los primeros en llegar y se le vio charlando animadamente con otros asistentes. También estuvo Nayib Bukele, de El Salvador, consolidando ese bloque de líderes que se sienten cómodos con el estilo del republicano.
Desde Europa, la presencia de Giorgia Meloni, la primera ministra italiana, marcó un punto importante. Aunque representa a una potencia del G7, su cercanía ideológica con el movimiento MAGA la puso en una posición privilegiada dentro de la lista de invitados a la toma de posesión de Donald Trump.
Otros nombres destacados que se dejaron ver por los pasillos o en las recepciones previas incluyeron a:
- Daniel Noboa, presidente de Ecuador.
- Nigel Farage, el arquitecto del Brexit y amigo personal de Trump.
- Viktor Orbán, primer ministro de Hungría, quien ha sido un aliado vocal de Trump en la Unión Europea.
- Edmundo González, a quien Estados Unidos reconoció como la figura legítima de Venezuela.
El desembarco de Silicon Valley y los multimillonarios
Si algo quedó claro en esta ceremonia es que la relación entre Trump y las grandes tecnológicas ha dado un giro de 180 grados. Ya no estamos en 2016. Esta vez, los hombres más ricos del mundo no solo estaban invitados, sino que ocuparon asientos de primera fila.
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Elon Musk fue, por supuesto, la estrella. Su papel en la campaña y su futura influencia en el gobierno le dieron un estatus casi de co-protagonista. Pero no estaba solo. Fue sorprendente ver juntos a personajes que en el pasado tuvieron roces públicos con el ahora presidente.
En una misma fila pudimos ver a:
- Jeff Bezos (Amazon), quien parece haber buscado una tregua estratégica.
- Mark Zuckerberg (Meta), asistiendo junto a su esposa Priscilla Chan.
- Sundar Pichai (Google/Alphabet), cuya presencia fue leída como un gesto de diplomacia corporativa necesaria.
- Tim Cook (Apple), siempre pragmático en sus relaciones políticas.
- Sam Altman (OpenAI), representando el nuevo poder de la Inteligencia Artificial.
Incluso Shou Zi Chew, el CEO de TikTok, estuvo presente. Esto resultó especialmente curioso dada la presión legislativa que ha enfrentado su plataforma en suelo estadounidense. Básicamente, si tenías un patrimonio de más de nueve cifras y una empresa tecnológica, probablemente tenías una invitación dorada.
Hollywood y el entretenimiento: Los embajadores especiales
No todo fue política dura y balances de resultados. Trump siempre ha tenido un pie en el mundo del espectáculo, y para esta ocasión designó a lo que algunos llamaron sus "embajadores en Hollywood".
Sylvester Stallone, Mel Gibson y Jon Voight fueron las caras más visibles del cine. Voight, en particular, ha sido un defensor acérrimo de Trump durante años, por lo que su presencia era esperada. Stallone, por su parte, aportó ese toque de épica americana que tanto gusta en estos eventos.
A diferencia de otras tomas de posesión demócratas, donde las estrellas del pop abundan, aquí el tono fue más sobrio, más "vieja escuela" de Hollywood. Hubo menos actuaciones musicales de primer nivel y más figuras icónicas del cine de acción y drama de los años 80 y 90.
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Las ausencias que hicieron ruido
A veces, quién no va dice tanto como quién asiste. En el caso de los invitados a la toma de posesión de Donald Trump, hubo huecos notables en las sillas reservadas para los exmandatarios.
Si bien se esperaba la presencia de los expresidentes vivos siguiendo el protocolo de la "transferencia pacífica de poder", hubo matices. Barack Obama, Bill Clinton y George W. Bush mantuvieron un perfil institucional. Sin embargo, la ausencia de Michelle Obama fue uno de los temas más comentados en las redes sociales y por los analistas de televisión ese día.
Por el lado internacional, la ausencia de Xi Jinping (quien envió a su vicepresidente) y de los líderes más críticos de la Unión Europea (como Emmanuel Macron o Olaf Scholz) dejó claro que el eje de poder de Washington se ha desplazado hacia alianzas más específicas y menos tradicionales.
La familia Trump: El núcleo duro
No podemos hablar de los invitados sin mencionar al clan Trump. Fue una exhibición de unidad familiar. Ivanka Trump y Jared Kushner, quienes se habían mantenido algo alejados de la luz pública durante los últimos años de campaña, aparecieron en un lugar central.
Donald Trump Jr. y Eric Trump, junto a sus respectivas parejas, se mostraron como los herederos políticos del movimiento. Incluso el joven Barron Trump captó las miradas, ya convertido en un universitario que maneja el protocolo con una soltura que sorprendió a muchos.
Detalles curiosos y anécdotas del evento
La seguridad fue tan estricta que incluso los invitados VIP tuvieron que pasar por controles que duraban horas. Al moverse la ceremonia al interior del Capitolio por el frío, el espacio se redujo drásticamente. Esto generó situaciones incómodas donde senadores veteranos terminaron casi hombro con hombro con magnates de la tecnología que apenas conocían.
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Un dato que pocos notaron: muchos de los CEOs presentes, como Sundar Pichai y Tim Cook, habían donado sumas importantes (superiores al millón de dólares) al fondo inaugural, lo que básicamente les garantizaba un acceso que el ciudadano común ni sueña.
¿Qué significa todo esto para el futuro?
La lista de asistentes no fue solo un grupo de gente viendo un juramento; fue un mapa de cómo se va a gobernar Estados Unidos en los próximos años. La mezcla de tecnología, capital riesgo y líderes conservadores internacionales sugiere un mandato enfocado en la desregulación y en alianzas muy personales.
Si te interesa seguir el rastro de estas conexiones, te recomiendo echar un vistazo a los nombramientos del gabinete que se derivaron de estas reuniones en los pasillos del Capitolio. Muchos de los que hoy estaban sentados como invitados, mañana estarán tomando decisiones en el Ala Oeste.
Para entender el impacto real, lo mejor es seguir de cerca las primeras órdenes ejecutivas relacionadas con la industria tecnológica; ahí verás si la presencia de Zuckerberg y Bezos en la investidura realmente dio frutos para sus empresas.