Ferry: Lo que casi nadie te cuenta sobre viajar por mar

Ferry: Lo que casi nadie te cuenta sobre viajar por mar

Cruzar el mar no siempre tiene que ser ese proceso estresante de pasar tres horas en un control de seguridad de aeropuerto, quitándote los zapatos y rogando que tu maleta de mano no pese un gramo de más. A veces, la respuesta es simplemente un ferry. Pero no nos engañemos. No todos los barcos son iguales ni todas las rutas valen la pena.

Hay algo casi romántico en ver cómo la costa se hace pequeña desde la cubierta. Es una sensación de libertad que un avión, encerrado en un tubo de metal a diez mil metros de altura, jamás podrá replicar. Sin embargo, si no sabes lo que estás haciendo, un viaje en ferry puede pasar de ser un sueño mediterráneo a una pesadilla de mareos y esperas interminables en puertos industriales que parecen sacados de una película de los ochenta.

La realidad de viajar en ferry: más que un simple barco

Mucha gente piensa que el ferry es solo para quienes tienen miedo a volar o para los que necesitan mover el coche de un lado a otro. Error total. Hoy en día, empresas como Balearia en España o Grimaldi Lines en Italia han transformado sus flotas en algo que se parece más a un centro comercial flotante que a un transporte de carga.

¿Sabías que algunos trayectos largos, como el de Barcelona a Civitavecchia (el puerto de Roma), duran unas 20 horas? Suena a mucho tiempo. Lo sé. Pero si calculas el costo de una noche de hotel más el vuelo y el alquiler de un coche al llegar, los números empiezan a favorecer al barco. Es una cuestión de perspectiva.

El espacio es la clave. En un ferry, puedes caminar. Puedes ir al bar. Puedes salir a que te dé el aire en la cara mientras atraviesas el Estrecho de Gibraltar. Esa falta de confinamiento es lo que realmente marca la diferencia para el viajero moderno que está harto de las aerolíneas de bajo coste.

¿Rápido o convencional? Esa es la cuestión

Aquí es donde la mayoría de la gente mete la pata al reservar. Existen, básicamente, dos mundos: los fast ferries y los barcos convencionales.

Los barcos rápidos son geniales si vas de Ibiza a Formentera. Son como autobuses sobre el agua. Van a toda leche. Pero ojo: si el mar está un poco picado, prepárate. Estos barcos tienden a moverse mucho más debido a su diseño de catamarán o cascos ligeros. Si eres de los que se marea con solo mirar una pecera, huye de los rápidos cuando sople el viento.

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Por otro lado, los ferris convencionales son gigantes. Son lentos, sí, pero mucho más estables. Tienen camarotes, restaurantes de mantel y, a veces, hasta piscina en la cubierta superior. Para trayectos nocturnos, no hay discusión: elige siempre el convencional y reserva un camarote. Dormir con el balanceo del mar es una experiencia que deberías probar al menos una vez en la vida.

Lo que nadie dice sobre llevar el coche

Llevar tu propio vehículo es la razón número uno por la cual el ferry sigue siendo un negocio gigante. Imagina cargar el maletero hasta arriba con equipo de buceo, maletas enormes y hasta la comida del perro sin que nadie te cobre un suplemento por exceso de equipaje. Es glorioso.

Pero hay un arte oculto en el embarque.

  1. Primero, llega con tiempo. No es un decir. Si la naviera dice 90 minutos antes, es porque a los 60 minutos cierran la bodega y te quedas en tierra viendo cómo se aleja el barco.
  2. Al estacionar dentro, sigue las instrucciones de los operarios a rajatabla. Son expertos en meter 300 coches en un espacio donde parece que solo caben 50.
  3. Importantísimo: Una vez que dejas el coche y subes a la zona de pasajeros, ya no puedes volver a bajar. Si te dejaste las gafas de sol o la medicación en la guantera, mala suerte. Las bodegas se cierran por seguridad y no se abren hasta que el barco está atracando.

El factor mareo y cómo derrotarlo

Hablemos de lo incómodo. El mareo es real. El término médico es cinetosis, y ocurre cuando tus oídos sienten el movimiento pero tus ojos, al mirar una pared fija dentro del barco, le dicen a tu cerebro que estás quieto. El cerebro se confunde y... bueno, ya sabes cómo termina eso.

La ciencia tiene trucos. Lo mejor es situarse en el centro del ferry. Imagina un columpio: los extremos suben y bajan mucho, pero el punto central apenas se mueve. Pues el barco funciona igual. Quédate en las cubiertas intermedias y en el centro longitudinal del buque.

Y por favor, deja el móvil. Mirar una pantalla fija mientras el entorno se mueve es la receta perfecta para el desastre. Mira al horizonte. El horizonte es tu mejor amigo porque le da a tus ojos una referencia real de movimiento que coincide con lo que siente tu oído interno.

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El ferry en la economía global

No es solo turismo. El ferry es el pulmón de muchas economías insulares. En las Islas Canarias, por ejemplo, empresas como Fred. Olsen Express son vitales. Sin ellos, el suministro de productos frescos sería un caos logístico.

Incluso en el Canal de la Mancha, a pesar del túnel, el tráfico de ferris entre Dover y Calais sigue siendo masivo. ¿Por qué? Porque es más barato para los camiones de carga y permite a los conductores tomar su descanso obligatorio mientras el barco hace el trabajo sucio de cruzar el agua.

Es un negocio de márgenes estrechos y mucha presión. El combustible (el famoso fuel oil o ahora el gas natural licuado, más limpio) representa una parte enorme de los costes. Por eso, cuando el petróleo sube, los precios de los billetes saltan casi al instante.

¿Es ecológico viajar por mar?

Honestamente, depende. Los barcos antiguos son bastante contaminantes, no vamos a negarlo. Sin embargo, la industria está cambiando rápido. Estamos viendo la llegada de barcos eléctricos para trayectos cortos en los fiordos noruegos y ferris propulsados por GNL (Gas Natural Licuado) en el Mediterráneo que reducen las emisiones de nitrógeno en un 85%. Si te preocupa tu huella de carbono, busca navieras que publiciten su "flota verde". No es solo marketing; la diferencia tecnológica entre un barco de 1990 y uno de 2024 es abismal.

Consejos prácticos de alguien que ha pasado demasiadas horas a bordo

Si vas a reservar un ferry pronto, apunta esto porque te va a salvar el viaje:

  • La comida suele ser cara y mediocre. A menos que sea un barco de lujo, lleva tus propios bocadillos. Nadie te va a decir nada por sacar un sándwich en la sala de butacas.
  • El Wi-Fi es un mito. Aunque te digan que hay, en cuanto el barco se aleja de la costa, la conexión satelital suele ser lenta y carísima. Descárgate las películas o los libros antes de subir.
  • Cuidado con el aire acondicionado. En verano, los ferris ponen el frío a niveles árticos. Lleva siempre una sudadera a mano, aunque fuera haga 40 grados.
  • Las mascotas sufren. Si llevas al perro, infórmate bien. Algunas navieras tienen "hoteles caninos" en zonas de mucho ruido. Otras, como Balearia, han introducido camarotes pet-friendly. Esta última opción es mil veces mejor para el animal.

Rutas que tienes que hacer antes de morir

No todos los viajes en ferry son meros trámites. Hay algunos que son el destino en sí mismos.

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La ruta por las Islas Cícladas en Grecia es el ejemplo clásico. Salir del Pireo al amanecer y ver cómo aparecen las casas blancas de Santorini en el horizonte es algo que ninguna foto de Instagram puede capturar de verdad.

O el cruce del Estrecho de Magallanes en el sur de Chile. Es un viaje salvaje, frío y absolutamente espectacular. Allí el ferry no es una opción de ocio, es la única forma de conectar con el mundo.

Incluso el Staten Island Ferry en Nueva York, que es gratis, te da la mejor vista de la Estatua de la Libertad sin pagar los precios abusivos de los tours turísticos. A veces, el mejor transporte es el que ya está ahí para los locales.

Pasos finales para tu próxima aventura

Si ya decidiste que tu próximo viaje será por mar, no te lances a lo loco. Primero, compara precios en agregadores como Direct Ferries, pero luego siempre chequea la web oficial de la naviera. A veces tienen ofertas de "residente" o descuentos por compra anticipada que no aparecen en otros sitios.

Verifica las políticas de cancelación. El mar es impredecible. Un temporal de levante puede cancelar todas las salidas de un puerto en cuestión de minutos. Asegúrate de tener un seguro de viaje o, al menos, de saber qué responsabilidad asume la empresa si te quedas tirado en el puerto.

Al final del día, el ferry es para quienes disfrutan del proceso de viajar. Si solo quieres llegar rápido, vuela. Pero si quieres sentir la distancia, ver el cambio de luz sobre el agua y llegar a tu destino con el coche listo para arrancar y explorar, no hay nada mejor.

Prepara una maleta pequeña con lo esencial para la travesía (si dejas el coche abajo), lleva un buen libro y sube a la cubierta superior justo cuando el barco empiece a soltar amarras. Ese sonido de los motores y el olor a salitre son el verdadero inicio de cualquier vacaciones que se precie.