Haití está en llamas, otra vez. Si has estado siguiendo las noticias últimamente, probablemente sientas que has visto esta película antes, pero la realidad de la relación entre Estados Unidos - Haití en 2026 es mucho más enredada de lo que parece en los titulares de un minuto. No es solo cuestión de enviar ayuda o poner un pie en el terreno. Es un caos absoluto.
La situación en Puerto Príncipe ha llegado a un punto donde las bandas criminales, como la federación Viv Ansanm liderada por Jimmy "Barbecue" Chérizier, controlan básicamente toda la capital. Mientras tanto, en Washington, la administración lidia con una fatiga política que pesa toneladas. Hay una verdad incómoda aquí: la política exterior estadounidense hacia la isla ha oscilado durante un siglo entre el intervencionismo pesado y una especie de negligencia por cansancio. Y ahora mismo, estamos en un limbo peligroso.
La sombra de la historia: Por qué Estados Unidos y Haití no pueden "divorciarse"
Mucha gente olvida que la relación entre Estados Unidos - Haití empezó con el pie izquierdo desde el siglo XIX. Estados Unidos tardó décadas en reconocer la independencia de Haití simplemente porque una revuelta de esclavos exitosa a pocos kilómetros de Florida era el peor miedo de los estados del sur. Esa desconfianza inicial nunca se fue del todo.
Luego vino la ocupación de 1915 a 1934. Los marines estuvieron allí casi veinte años. Si hablas con cualquier historiador haitiano serio, te dirá que esa época definió la infraestructura moderna del país, pero también sembró un resentimiento profundo contra lo que ven como "imperialismo yanqui". Es una herida abierta. No se puede entender por qué muchos haitianos rechazan hoy la intervención de la ONU o de EE. UU. sin recordar que sus abuelos vieron a tropas extranjeras dictar las leyes en su propia casa.
Incluso en los años 90, con la Operación Defender la Democracia para reinstalar a Jean-Bertrand Aristide, el resultado fue agridulce. Washington gasta miles de millones, los problemas estructurales se quedan, y el ciclo se repite. Es agotador para ambas partes.
El factor de las pandillas y el vacío de poder actual
Honestamente, lo que está pasando ahora no tiene precedentes por la escala del poder paramilitar. No estamos hablando de rateros de barrio. Las bandas en Haití tienen rifles de francotirador de calibre .50 y drones que, según informes del Grupo de Expertos de la ONU, provienen en su gran mayoría del mercado civil de Florida. Sí, las armas que están destruyendo Haití vienen de casa.
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Esta es la gran paradoja de la conexión Estados Unidos - Haití. Por un lado, EE. UU. es el mayor donante de ayuda humanitaria y el que lidera la presión diplomática para elecciones. Por otro lado, es la fuente principal del arsenal que permite a las bandas desafiar al Estado. El Departamento de Seguridad Nacional ha intentado frenar el flujo en los puertos de Miami, pero el volumen de carga es tan bestial que es como intentar vaciar el océano con una cuchara.
La Misión Multinacional: ¿Una solución o un parche?
Tras el asesinato del presidente Jovenel Moïse en 2021, el país se quedó sin una sola autoridad electa. Cero. Ni un senador, ni un alcalde con mandato vigente. El primer ministro interino, Alix Didier Fils-Aimé, quien reemplazó a Garry Conille tras una disputa con el Consejo Presidencial de Transición, está en una posición casi imposible.
Washington ha empujado fuerte por la Misión Multinacional de Apoyo a la Seguridad (MSS), liderada por Kenia. Pero hay problemas:
- El financiamiento es inestable.
- Los republicanos en el Congreso han bloqueado fondos porque temen que sea otro agujero negro de dinero sin resultados claros.
- Las tropas kenianas no hablan francés ni criollo haitiano, lo que crea una barrera cultural enorme.
Básicamente, la estrategia actual de Estados Unidos - Haití es "liderar desde atrás". Poner el dinero (o parte de él) y el equipo, pero que otros pongan las botas en el suelo. Es una respuesta directa al fracaso de misiones pasadas de la ONU, como la MINUSTAH, que dejó tras de sí un brote de cólera y escándalos de abuso sexual. Nadie en la Casa Blanca quiere ser el responsable de otro desastre así.
La migración: El tema que realmente mueve la aguja en Washington
Seamos realistas. Lo que más preocupa a los políticos en Washington sobre la relación Estados Unidos - Haití no es solo la democracia en la isla; es la frontera. La crisis migratoria ha convertido la estabilidad de Haití en un asunto de política doméstica estadounidense.
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El programa de "Parole Humanitario" introducido para haitianos, cubanos, nicaragüenses y venezolanos ha permitido que miles lleguen legalmente, pero también ha generado críticas feroces de quienes dicen que es una forma de eludir las leyes de asilo tradicionales. Al mismo tiempo, las deportaciones continúan. Es una política esquizofrénica: te damos permiso para volar legalmente si tienes un patrocinador, pero si llegas en balsa a las costas de Florida, te mandamos de vuelta a un país donde las bandas controlan el aeropuerto.
Esta presión migratoria es lo que mantiene a Haití en la agenda de seguridad nacional de EE. UU. Si Haití colapsa totalmente, el flujo de refugiados sería masivo, algo que ningún gobierno estadounidense quiere gestionar en un año electoral o post-electoral.
El papel del sector privado y la diáspora
No todo es política de alto nivel. La economía de Haití sobrevive, en gran medida, gracias a la diáspora en lugares como Little Haiti en Miami, Brooklyn y Boston. Las remesas representan cerca del 20% del PIB del país. Es una locura. Sin ese flujo de dinero directo de familias en Estados Unidos - Haití, el país ya habría implocucionado económicamente hace años.
El sector privado estadounidense también tiene intereses, aunque disminuidos por la inseguridad. Las fábricas textiles que operan bajo la ley HOPE/HELP —que permite la entrada de ropa hecha en Haití a EE. UU. libre de impuestos— son de los pocos empleos formales que quedan. Si esas fábricas cierran por la violencia en el puerto, se pierden decenas de miles de empleos, y esa gente, naturalmente, buscará emigrar. Es un círculo vicioso perfecto.
Qué esperar en los próximos meses
Si estás buscando una solución mágica, no existe. La relación Estados Unidos - Haití se encamina hacia un periodo de prueba crítica. El Consejo Presidencial de Transición tiene la tarea de organizar elecciones, pero ¿cómo haces votar a la gente cuando salir de casa puede significar recibir un balazo de un pandillero?
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Expertos como James B. Foley, exembajador de EE. UU. en Haití, han sugerido que se necesita un cambio de enfoque: menos enfoque en soluciones rápidas y más en fortalecer la policía nacional haitiana desde la raíz. Pero eso toma años, y Haití no tiene años. Tiene días.
La realidad es que Washington está operando con una mano atada a la espalda por la opinión pública y la otra por la complejidad del terreno haitiano. No quieren otra ocupación, pero no pueden permitirse un Estado fallido total a 600 millas de sus costas.
Acciones concretas para entender la situación
Para aquellos que siguen de cerca la dinámica entre Estados Unidos - Haití, hay varios puntos de control que determinarán el futuro inmediato de la región:
- Vigilar el flujo de armas: La efectividad de las nuevas leyes federales contra el tráfico de armas en Florida será el primer indicador de si EE. UU. está atacando la raíz del poder de las bandas.
- El estatus del TPS: El Estatus de Protección Temporal (TPS) para haitianos es una pieza clave. Si se cancela o no se renueva, la presión social sobre las comunidades haitianas en EE. UU. y el riesgo de deportaciones masivas cambiarán el tono de la relación diplomática.
- Financiamiento de la MSS: Observar si el Congreso libera los fondos destinados a la misión de seguridad es crucial. Sin ese dinero, la misión keniana se quedará sin combustible, literalmente.
- Apoyo a la sociedad civil: No todo es el gobierno o las bandas. Organizaciones como Montana Accord representan una alternativa haitiana real que busca una solución "hecha en Haití". Ver cuánto espacio les da Washington en la mesa de negociaciones dirá mucho sobre las intenciones reales de la diplomacia estadounidense.
Haití no es un problema que se pueda "arreglar" desde afuera, pero la historia demuestra que las decisiones tomadas en Washington tienen un impacto sísmico en las calles de Puerto Príncipe. La pregunta ahora es si esas decisiones serán basadas en la urgencia del momento o en una visión a largo plazo que finalmente rompa el ciclo de crisis y respuesta.