La televisión española no es ajena al ruido. Estamos acostumbrados a los gritos en los platós de corazón y a las tramas truculentas de los thrillers de sobremesa. Pero lo que pasó con Escándalo, relato de una obsesión fue otro nivel. Honestamente, antes de que se emitiera el primer minuto en Telecinco, las redes sociales ya estaban pidiendo que la quemaran en la hoguera. No exagero. El tráiler bastó para que el hashtag de boicot fuera tendencia nacional durante días.
¿El motivo? Una premisa que toca fibras muy sensibles: la relación sentimental y sexual entre Inés, una mujer de 42 años, y Hugo, un adolescente de 15.
Desde el principio, la serie se vendió como un drama psicológico. No es una historia de amor bonita. No es "Romeo y Julieta" con canas. Es, como dice su título, el relato de una obsesión enfermiza. Inés, interpretada por una espectacular Alexandra Jiménez, está en un momento vital de absoluta ruptura. Intenta suicidarse en el mar, pero Hugo la salva. A partir de ahí, ella vuelca toda su frustración, su vacío existencial y su deseo de venganza contra su propia vida mediocre en este chico. Es una dinámica de poder depredadora.
Lo que la gente no entendió de Escándalo, relato de una obsesión
Mucha gente puso el grito en el cielo diciendo que la serie "romantizaba la pederastia". Es una acusación grave. Pero si te sientas a ver los ocho capítulos dirigidos por Aurora Guerra, te das cuenta de que la realidad es bastante más oscura y menos complaciente. La serie no intenta que quieras que terminen juntos. Al contrario, te hace sentir sucio. Te incomoda. Te pone en una posición de voyeur de un desastre anunciado.
Inés no es una heroína. Es una villana trágica. Es una mujer que manipula, que miente y que arrastra a un menor a un abismo emocional solo porque no sabe cómo gestionar su propia infelicidad. El guion es muy hábil al mostrar cómo ella utiliza su madurez para cercar la voluntad de Hugo. Básicamente, es un manual de cómo funciona el grooming, pero contado desde la perspectiva del victimario. Y eso es lo que dolió. Ver la mente de quien comete el abuso es mucho más difícil de procesar que ver la historia desde la víctima.
El riesgo de Mediaset y la respuesta del público
Telecinco sabía perfectamente dónde se metía. No fue un error de cálculo. En un momento en que el consumo de televisión lineal está cayendo frente a las plataformas de streaming, el "escándalo" es una moneda de cambio muy valiosa. Necesitaban que la gente hablara. Y vaya si lo hicieron.
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A pesar de las críticas feroces de asociaciones de protección al menor y de políticos que pedían su retirada, la serie se mantuvo firme en la parrilla. ¿Funcionó en audiencia? Pues fue un camino de altibajos. El estreno captó a los curiosos del morbo, pero mantener esa tensión durante semanas no es fácil. Curiosamente, la serie encontró una segunda vida mucho más exitosa en Prime Video. Parece que el formato maratón le sienta mejor a esta historia de espiral destructiva que la espera semanal con cortes publicitarios de 20 minutos.
La psicología detrás de Inés: ¿Locura o maldad pura?
Para entender Escándalo, relato de una obsesión, hay que analizar el perfil de Inés. Alexandra Jiménez hace un trabajo increíble porque logra que, por momentos, sientas una pizca de pena por ella, para inmediatamente después sentir asco por lo que está haciendo. Es una montaña rusa.
Inés viene de una vida donde ha sido "la mujer de" y "la madre de". Nadie la ve. Es invisible. Cuando Hugo la rescata, ella ve en él la oportunidad de ser el centro del universo de alguien otra vez. El problema es que ese "alguien" no tiene la capacidad cognitiva ni emocional para dar consentimiento real a una relación de ese calibre. Hugo es una víctima de manual, aunque la serie juegue con la idea de que él también tiene sus propios demonios y una rebeldía adolescente que lo hace vulnerable.
La serie explora temas como:
- La soledad extrema en la mediana edad.
- La falta de ética cuando el deseo se convierte en patología.
- La hipocresía social ante los abusos cuando el perpetrador no encaja en el perfil típico de "monstruo".
- El impacto destructivo en las familias periféricas (el marido de Inés y el padre de Hugo).
¿Por qué el final de la serie generó tanta controversia?
Sin entrar en spoilers masivos, digamos que la serie no se achica. No busca un final moralizante de "y todos aprendieron la lección". La obsesión tiene consecuencias reales y permanentes. La justicia en Escándalo, relato de una obsesión es lenta, si es que llega a aparecer. Algunos espectadores sintieron que el cierre no era lo suficientemente punitivo para Inés, mientras que otros argumentaron que el verdadero castigo fue ver cómo su vida se desintegraba por completo.
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Es una serie que te obliga a tomar partido. No puedes ser neutral. O compras el viaje psicológico de Inés o apagas la tele a los diez minutos. Y esa es, probablemente, la mayor virtud de la ficción: que no te deja indiferente. En un mar de series clónicas de abogados y médicos, esta apuesta por lo abyecto es, al menos, valiente.
Comparaciones inevitables con otros dramas
Es imposible no pensar en series como A Teacher (la versión de Kate Mara) o incluso películas clásicas como Notes on a Scandal. Pero la versión española tiene un tono mucho más mediterráneo, más crudo y, por momentos, casi de tragedia griega. No hay la frialdad estética de las producciones americanas; aquí todo es sudor, sol, mar y gritos reprimidos.
La música y la fotografía juegan un papel fundamental. Los colores cálidos de la costa contrastan con la frialdad de los actos de los protagonistas. Es una disonancia visual que refuerza la sensación de que algo está muy mal en ese paraíso vacacional.
El impacto en la carrera de Alexandra Jiménez y Fernando Lindez
Fernando Lindez, que venía del mundo de la moda y de SKAM España, se enfrentaba aquí a su prueba de fuego. Interpretar a Hugo requería una vulnerabilidad muy específica. Tenía que parecer un hombre en el cuerpo de un niño y viceversa. Su química con Jiménez es, lógicamente, incómoda de ver, que es exactamente lo que el director buscaba.
Para Alexandra, este papel fue un antes y un después. Siempre la hemos visto en comedias o thrillers más convencionales, pero aquí se despoja de toda simpatía. Se nota que trabajó mucho el lenguaje corporal: esa forma de mirar a Hugo como si fuera una presa y un salvavidas al mismo tiempo.
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Lecciones que deja la polémica
Si algo hemos aprendido con Escándalo, relato de una obsesión, es que el público español tiene límites muy marcados, pero también una curiosidad insaciable por lo prohibido. La serie puso sobre la mesa debates necesarios sobre el consentimiento y la protección de menores, aunque lo hiciera a través de la ficción comercial.
¿Es una serie recomendada para todo el mundo? Rotundamente no. Si eres una persona sensible a temas de abuso o manipulación psicológica, probablemente lo pases mal. Pero si buscas un drama que explore los rincones más oscuros del comportamiento humano sin filtros, esta es tu serie.
Pasos a seguir para los espectadores interesados
Si te has decidido a verla o si ya la viste y quieres profundizar, aquí tienes una hoja de ruta para procesar este "escándalo":
- Mírala en Prime Video: La experiencia sin anuncios permite captar mejor la atmósfera de opresión que se construye capítulo a capítulo. La televisión abierta rompe demasiado el ritmo de un thriller psicológico tan denso.
- Investiga el concepto de "Limerencia": Para entender a Inés, busca este término psicológico. Es el estado mental involuntario que resulta de una atracción romántica por otra persona en el que se experimenta una necesidad obsesiva de ser correspondido. Explica mucho del comportamiento de la protagonista.
- No busques una historia de amor: Si vas con esa mentalidad, te sentirás decepcionado o indignado. Enfócalo como un estudio de personaje sobre la decadencia moral y el egoísmo extremo.
- Escucha el podcast oficial: Mediaset lanzó material adicional donde los creadores explican las decisiones de guion. Ayuda mucho a separar la intención artística de la interpretación literal que se hizo en redes sociales.
- Compara con la realidad legal: Infórmate sobre las leyes de consentimiento en España para entender por qué la situación de Hugo es tan crítica y por qué los actos de Inés son constitutivos de delito, independientemente de la "voluntad" del adolescente.
La ficción está para sacudirnos. A veces lo hace con belleza y otras veces con una historia que preferiríamos no imaginar. Esta serie pertenece, sin duda, al segundo grupo.