Si vas por la calle y preguntas en qué fecha nació Jesús, la respuesta automática de casi todo el mundo será el 25 de diciembre. Es lógico. Llevamos siglos montando el pesebre y cenando pavo ese día. Pero, honestamente, si nos ponemos estrictos con la historia, esa fecha tiene muy poco de real y mucho de política romana. La Biblia ni siquiera menciona un día específico. No hay un registro civil de Belén que podamos consultar en Google. Lo que tenemos es un rompecabezas de astronomía, censos romanos y turnos de sacerdotes que nos pintan un panorama muy distinto al que vemos en las tarjetas navideñas.
La realidad es que Jesús probablemente no nació en el año 1, y mucho menos en diciembre. Suena loco, lo sé. ¿Cómo puede el protagonista del calendario estar "desfasado" de su propio tiempo? Pues resulta que un monje llamado Dionisio el Exiguo, allá por el siglo VI, se equivocó en los cálculos al intentar fijar el inicio de la era cristiana. Se saltó unos cuantos años. Por eso, la mayoría de los historiadores serios sitúan el nacimiento entre el 7 y el 4 antes de nuestra era.
El problema del invierno en Judea
Hablemos de las ovejas. El Evangelio de Lucas menciona que había pastores durmiendo al aire libre y cuidando sus rebaños durante la noche. Cualquiera que haya estado en las colinas de Judea en diciembre sabe que hace un frío que pela. A veces hasta nieva. Los pastores de esa época solían recoger el ganado en cuevas o bajo techo desde octubre hasta marzo para evitar que los animales murieran congelados. Si los pastores estaban afuera, lo más probable es que estuviéramos en primavera o finales de verano.
¿Entonces por qué el 25 de diciembre? Básicamente fue una estrategia de marketing religioso. En la antigua Roma, esa fecha coincidía con el Natalis Solis Invicti (el nacimiento del Sol Invicto) y el final de las Saturnales. Era la fiesta más grande del año. Para la Iglesia primitiva, era mucho más fácil "cristianizar" una fiesta que ya existía y que todo el mundo celebraba que intentar imponer una nueva desde cero. Fue el Papa Julio I quien, en el año 350, decretó oficialmente que esa sería la fecha. Fue una decisión administrativa, no arqueológica.
Herodes y el censo de Quirino
Para rastrear qué fecha nació Jesús con precisión, tenemos que mirar a los "malos" de la historia. El rey Herodes el Grande es clave. Según el relato de Mateo, Jesús nació poco antes de la muerte de Herodes. Gracias a los escritos de Flavio Josefo, un historiador judío de la época, sabemos que Herodes murió poco después de un eclipse de luna y justo antes de la Pascua. La astronomía moderna nos dice que ese eclipse ocurrió en marzo del año 4 a.C.
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Si Herodes murió en el 4 a.C., y según el relato mandó matar a los niños menores de dos años para asegurarse de eliminar al "nuevo rey", Jesús tuvo que haber nacido al menos uno o dos años antes de esa fecha. Por eso los expertos suelen apuntar al año 6 o 7 a.C.
Luego está el lío del censo. Lucas dice que María y José fueron a Belén por un censo ordenado por César Augusto cuando Quirino era gobernador de Siria. Aquí la cosa se pone difícil porque los registros históricos sitúan el censo de Quirino en el año 6 d.C., lo cual choca con la cronología de Herodes. Algunos historiadores sugieren que Quirino tuvo un cargo anterior o que hubo un censo previo no registrado con tanto detalle, pero es uno de esos puntos donde la fe y la academia todavía debaten intensamente.
La astronomía entra en juego: ¿Qué era la Estrella de Belén?
Muchos intentan determinar qué fecha nació Jesús mirando al cielo. La famosa estrella no pudo ser un cometa, porque en esa época los cometas se consideraban presagios de desastre, no de nacimientos reales. Tampoco fue una estrella fugaz, que dura un suspiro.
Johannes Kepler, un astrónomo legendario, propuso una teoría fascinante que hoy sigue teniendo fuerza. En el año 7 a.C., ocurrió una conjunción planetaria triple muy rara entre Júpiter y Saturno en la constelación de Piscis.
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- Júpiter representaba al "Planeta de los Reyes".
- Saturno era visto como el protector de los judíos.
- Piscis estaba asociado históricamente con el pueblo de Israel.
Para un astrólogo de Oriente (los famosos Reyes Magos), ver a Júpiter y Saturno acercarse tres veces en un mismo año en la constelación de los judíos era un mensaje clarísimo: "Un rey importante va a nacer en Judea". Esta alineación ocurrió en mayo, septiembre y diciembre de aquel año. Si los magos vieron la primera señal en mayo, tardaron meses en viajar hasta Jerusalén, lo que encaja con el tiempo del relato bíblico.
El turno de Abías y el nacimiento en otoño
Hay otra forma de calcularlo usando el calendario judío y los turnos de los sacerdotes en el Templo. Juan el Bautista era primo de Jesús. Su padre, Zacarías, era sacerdote del turno de Abías. Según las crónicas, ese turno servía en el Templo en junio. Si Isabel quedó embarazada poco después de que Zacarías terminara su servicio, Juan nació en marzo.
Como el Evangelio dice que Jesús nació seis meses después que Juan, la cuenta nos lleva directamente a septiembre. Curiosamente, esto coincide con la Fiesta de los Tabernáculos (Sucot), una celebración donde los judíos viven en chozas temporales. Esto le daría un sentido simbólico brutal a la frase "y el Verbo se hizo carne y habitó (literalmente: puso su tienda) entre nosotros".
Septiembre en Israel es una época agradable. Los pastores siguen en los campos. El clima es perfecto para viajar. Tiene mucho más sentido logístico que un viaje de una mujer embarazada en pleno invierno por las montañas de Judea.
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¿Realmente importa el día exacto?
Para ser sinceros, a los primeros cristianos no les importaba nada la fecha. Para ellos, lo importante era el "qué" y el "quién", no el "cuándo". De hecho, durante los primeros dos siglos, ni siquiera celebraban el cumpleaños de Jesús; estaban más enfocados en su muerte y resurrección. Fue solo cuando el cristianismo se convirtió en la religión oficial del Imperio Romano que surgió la necesidad de tener un calendario estructurado.
Incluso hoy, hay iglesias que no celebran el 25 de diciembre. La Iglesia Ortodoxa Armenia, por ejemplo, lo celebra el 6 de enero, junto con la Epifanía. Es una cuestión de tradición y de qué calendario sigas (el Juliano o el Gregoriano).
Mitos comunes sobre el nacimiento
A veces la tradición nos nubla la vista. Tendemos a imaginar una escena de pesebre muy específica, pero la arqueología nos dice cosas distintas.
- No había sitio en la posada: La palabra griega kataluma suele traducirse como posada, pero en realidad significa "habitación de invitados". Lo más probable es que José y María se quedaran en casa de unos parientes, pero como la habitación principal estaba llena, se quedaron en la planta baja, donde se guardaban los animales de noche.
- Los tres Reyes Magos: La Biblia no dice que fueran tres, ni que fueran reyes. Dice que eran "magos" (sabios/astrólogos) y que llevaron tres regalos. De ahí dedujimos que eran tres personas. Y probablemente llegaron cuando Jesús ya tenía uno o dos años, no la misma noche del parto.
Pasos para entender el contexto histórico
Si quieres profundizar en qué fecha nació Jesús por tu cuenta, no te quedes solo con lo que dice el calendario de tu móvil. Aquí tienes unos pasos prácticos para investigar con rigor:
- Estudia el calendario lunar judío: Muchas pistas están en las festividades bíblicas como el Pésaj o el Sucot. Jesús no nació en un vacío cultural, sino en un contexto judío muy específico.
- Consulta software de astronomía: Herramientas como Stellarium te permiten ver cómo estaba el cielo en el año 7 a.C. desde la perspectiva de Oriente Medio. Es impresionante ver las conjunciones planetarias de las que hablaba Kepler.
- Lee a Flavio Josefo: Sus crónicas sobre el reinado de Herodes son la mejor fuente extra-bíblica para situar los eventos políticamente.
- Diferencia tradición de teología: Acepta que el 25 de diciembre es una fecha simbólica. Celebrarla no te hace menos riguroso, siempre y cuando sepas que estás participando en una tradición cultural y no en un aniversario cronológico exacto.
La búsqueda de la fecha exacta es, en el fondo, un intento de conectar el mito con la realidad tangible. Aunque la ciencia apunta con fuerza hacia septiembre u octubre de los años 7-6 a.C., la tradición del 25 de diciembre está tan arraigada que difícilmente cambiará. Al final del día, lo que queda claro es que el personaje histórico de Jesús está profundamente anclado en la cronología romana y judía, aunque su "cumpleaños" oficial sea una construcción posterior.