Si alguna vez has ido a una consulta médica de rutina, lo más probable es que la enfermera o el doctor te hayan arremangado la camisa sin preguntar. Por inercia, casi siempre extendemos el brazo izquierdo. Se ha vuelto una especie de ritual automático. Pero, ¿realmente importa? ¿Hay una regla de oro sobre en qué brazo se toma la presión arterial o simplemente es una cuestión de comodidad para quien sostiene el estetoscopio?
La respuesta corta es que, la primera vez, deberías usar ambos.
Parece un exceso, lo sé. Pero la ciencia detrás de esto es bastante clara y, honestamente, ignorarla podría darte un susto innecesario o, peor aún, ocultar un problema cardiovascular que necesita atención. No se trata solo de inflar un brazalete y esperar a que los números aparezcan en la pantalla. Se trata de entender que tu cuerpo no es una máquina perfectamente simétrica.
Por qué la primera vez importa más de lo que crees
Cuando te preguntas en qué brazo se toma la presión arterial, la mayoría de las guías clínicas internacionales, como las de la American Heart Association (AHA) o la Sociedad Europea de Cardiología, sugieren que en la evaluación inicial se midan ambos brazos. ¿Por qué? Porque es normal que exista una pequeña diferencia de presión entre el lado derecho y el izquierdo.
En la mayoría de las personas, el brazo derecho tiende a marcar un par de puntos por encima del izquierdo. Esto es fisiología pura. Sin embargo, si la diferencia es de más de 10 o 15 milímetros de mercurio (mmHg), ahí es donde los médicos empiezan a levantar una ceja. Una discrepancia marcada puede ser una señal temprana de enfermedad vascular periférica o incluso un indicador de riesgo de accidente cerebrovascular.
Una vez que se determina qué brazo tiene la lectura más alta, ese se convierte en tu "brazo de referencia". A partir de ese momento, cada vez que te preguntes en qué brazo se toma la presión arterial, la respuesta será: en el que marcó más alto.
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El mito del brazo izquierdo y el corazón
Mucha gente cree que se usa el izquierdo porque está "más cerca del corazón". Es una lógica que suena bien, pero es básicamente un mito urbano médico. La presión arterial es la fuerza de la sangre contra las paredes de las arterias, y el sistema circulatorio es un circuito cerrado. Si bien la aorta se curva hacia la izquierda, la presión sistólica y diastólica debe ser monitorizada donde sea más precisa para detectar hipertensión.
Si tu brazo derecho marca 140/90 y el izquierdo 130/80, y tú solo te mides en el izquierdo porque "está cerca del corazón", técnicamente estás ignorando que eres hipertenso. Estás tratando el número más bajo y dejando que el riesgo real pase desapercibido. Por eso, el brazo con la cifra más alta manda. Siempre.
La técnica correcta: más allá del brazo elegido
No sirve de nada elegir el brazo correcto si estás sentado de cualquier manera. La presión arterial es extremadamente sensible. Si cruzas las piernas, la presión sube. Si acabas de tomar un café cargado, la presión sube. Si tienes la vejiga llena porque no quisiste ir al baño antes de la cita, sí, la presión también sube.
Para obtener una lectura que sea real y no un falso positivo de "bata blanca", necesitas seguir ciertos pasos que casi nadie hace bien en casa:
- Silencio total: No hables. Ni siquiera para responderle al doctor cómo te ha ido en el trabajo. El acto de hablar puede elevar la sistólica significativamente.
- Apoyo lumbar: Tienes que estar sentado con la espalda bien apoyada en el respaldo de la silla. Nada de estar encorvado sobre la mesa.
- Pies en el suelo: Los pies deben estar planos. Cruzar las piernas aumenta la presión abdominal y, por rebote, la arterial.
- El brazo a la altura del corazón: Este punto es vital. Si el brazo está muy bajo, la lectura será falsamente alta. Si está muy alto, será falsamente baja. El brazalete debe quedar justo a nivel de la mitad del pecho.
¿Qué pasa si las lecturas son muy diferentes entre brazos?
Si notas una diferencia persistente de más de 20 mmHg entre el brazo derecho y el izquierdo, no entres en pánico, pero sí pide una cita con un especialista. El doctor Kim Williams, expresidente del Colegio Americano de Cardiología, ha mencionado en diversas publicaciones que estas diferencias pueden indicar bloqueos arteriales. A veces es algo tan simple como la anatomía de tus arterias, pero otras veces puede ser una señal de aterosclerosis (acumulación de placa).
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El error del brazalete mal puesto
A veces la duda de en qué brazo se toma la presión arterial queda opacada por un error mucho más común: el tamaño del brazalete. Si tienes brazos musculosos o sufres de obesidad, un brazalete estándar de farmacia te va a dar una lectura de hipertensión aunque no la tengas. El manguito "aprieta" de más y el sensor interpreta eso como una presión arterial elevada.
Inversamente, si el brazalete queda flojo, la lectura será inferior a la real. Asegúrate de que el manguito cubra aproximadamente el 80% de la circunferencia de tu brazo. No es una sugerencia, es un requisito técnico para que el aparato funcione como debe.
Situaciones especiales: ¿Cuándo no usar un brazo?
Existen casos donde la elección del brazo no depende de cuál marca más alto, sino de la seguridad del paciente. Si has pasado por una mastectomía con extirpación de ganglios linfáticos, generalmente se recomienda evitar ese brazo para prevenir el linfedema. Lo mismo ocurre si tienes una fístula para diálisis o si tienes una vía intravenosa colocada. En esos casos, se usa el brazo libre, sin importar si es el "dominante" o no.
Incluso si ambos brazos están comprometidos, los médicos pueden recurrir a la toma de presión en el muslo, aunque es mucho menos común y requiere un equipo específico. Lo importante es entender que la flexibilidad es parte de la medicina.
Monitorización en casa vs. Consulta médica
Muchos pacientes sufren lo que llamamos "hipertensión de bata blanca". Llegas al consultorio, el olor a hospital te pone nervioso, ves al médico con su estetoscopio y, ¡pum!, tu presión se dispara. Por eso, los registros en casa son mucho más valiosos para un diagnóstico real.
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Si te estás midiendo en casa, intenta hacerlo a la misma hora todos los días. La presión arterial tiene un ritmo circadiano; suele ser más baja al despertar y va subiendo a lo largo del día. Si un martes te la tomas a las 7 AM en el brazo izquierdo y el miércoles a las 10 PM en el derecho, tus datos van a ser un caos que no le servirá de nada a tu cardiólogo.
Pasos prácticos para un control efectivo
- Compra un monitor digital de brazo validado. Evita los de muñeca a menos que un médico te lo indique específicamente; suelen ser menos precisos si no colocas la mano exactamente en la posición correcta.
- Reposa 5 minutos. Siéntate, deja el móvil a un lado y respira. No te tomes la presión justo después de subir las escaleras o de discutir con alguien.
- Realiza dos o tres tomas. Deja pasar un minuto entre cada una y haz un promedio. La primera toma suele ser la más alta debido al ligero sobresalto de sentir el brazalete inflándose.
- Anota todo. No confíes en la memoria del aparato. Lleva un registro manual o usa una app donde pongas la fecha, la hora y qué brazo usaste.
Saber en qué brazo se toma la presión arterial parece un detalle menor, pero es la base de un buen control cardiovascular. Si nunca te han medido ambos brazos, pide que lo hagan en tu próxima visita. Es un procedimiento que toma dos minutos extra y puede dar mucha información sobre tu salud arterial.
Al final del día, el objetivo no es obsesionarse con los números, sino obtener una imagen clara de cómo está trabajando tu corazón. La presión arterial es silenciosa; no duele hasta que el daño ya está hecho. Tomarla correctamente, en el brazo adecuado y con la técnica precisa, es posiblemente la herramienta de prevención más barata y efectiva que tienes a tu alcance.
Para empezar hoy mismo, busca un momento de calma, elige el brazo que previamente ha marcado más alto (o prueba ambos si es tu primera vez en mucho tiempo) y asegúrate de que tu brazo esté bien apoyado a la altura del pecho. Mantener un registro constante durante una semana te dará una base sólida para conversar con tu médico en la próxima revisión y ajustar cualquier tratamiento si fuera necesario.