En qué año murió Fidel Castro: Lo que su partida cambió para siempre

En qué año murió Fidel Castro: Lo que su partida cambió para siempre

Noviembre de 2016. La Habana estaba extrañamente silenciosa esa noche. Fue Raúl Castro, con un uniforme verde olivo y una voz que sonaba más cansada de lo habitual, quien dio la noticia en la televisión estatal. El líder de la Revolución Cubana se había ido. Si te preguntas en qué año murió Fidel Castro, la respuesta corta es 2016, específicamente el 25 de noviembre a las 10:29 p.m.

Tenía 90 años.

Fue el fin de una era. No solo para Cuba, sino para todo el tablero geopolítico mundial que lo vio sobrevivir a diez presidentes de Estados Unidos y a una cantidad absurda de intentos de asesinato documentados por la CIA. Pero la fecha no es solo un dato en un libro de texto. Es el punto de inflexión donde la isla comenzó a preguntarse qué diablos venía después del "Comandante".

Los detalles sobre en qué año murió Fidel Castro y cómo sucedió

No hubo funerales rápidos. Cuba se detuvo por nueve días de duelo nacional. No se podía vender alcohol. La música, esa que normalmente retumba en cada esquina de Centro Habana, desapareció. Fue casi sepulcral.

Honestamente, la causa exacta de su muerte sigue siendo ese tipo de secreto de Estado que solo ocurre en gobiernos tan cerrados. Oficialmente, se atribuyó a su avanzada edad y a los problemas intestinales crónicos que lo habían obligado a ceder el poder a su hermano Raúl una década antes, en 2006.

¿Recuerdas la "Proclama al pueblo de Cuba"? Ese fue el momento en que Fidel dejó de ser el gobernante activo tras una cirugía de emergencia por una hemorragia gastrointestinal. Desde entonces, se convirtió en una especie de oráculo que escribía sus "Reflexiones" en el diario Granma, recibiendo a líderes como Hugo Chávez o el Papa Francisco en su residencia privada, siempre en ropa deportiva, usualmente una chaqueta Adidas que se volvió icónica por lo extraña que resultaba verla en él.

El recorrido de las cenizas

Sus restos fueron cremados. Esto sorprendió a muchos que esperaban un mausoleo faraónico con el cuerpo embalsamado, al estilo de Lenin o Mao. En lugar de eso, sus cenizas recorrieron la isla en sentido inverso a la "Caravana de la Libertad" de 1959.

El trayecto terminó en Santiago de Cuba.

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Allí, en el Cementerio de Santa Ifigenia, sus cenizas fueron depositadas dentro de una roca enorme, un monolito de granito gris que solo tiene una placa que dice: "FIDEL". Sin títulos. Sin cargos. Solo el nombre. Está justo al lado del mausoleo de José Martí. Es un lugar que hoy visitan miles de turistas, algunos por convicción política y otros simplemente porque es parte de la historia viva del siglo XX.

¿Por qué el 2016 fue un año tan simbólico para su partida?

Es curioso cómo funciona el destino. Fidel murió apenas unos meses después de que Barack Obama visitara La Habana. Fue la primera vez en casi 90 años que un presidente estadounidense pisaba suelo cubano. Fidel no se reunió con él. De hecho, escribió una columna bastante ácida titulada "El hermano Obama", donde básicamente decía que Cuba no necesitaba regalos del "imperio".

Su muerte en 2016 marcó el cierre de la Guerra Fría en el Caribe.

Muchos cubanos en Miami celebraron en la Calle Ocho. Hubo ollas y sartenes sonando, banderas y gritos de "libertad". Mientras tanto, en La Habana, miles hacían filas bajo el sol para firmar un juramento de fidelidad al concepto de "Revolución" que él mismo había definido en un discurso años atrás. Esa dualidad define lo que fue su vida: amado como un libertador por unos, odiado como un dictador por otros.

No hay puntos medios con Fidel Castro. Nunca los hubo.

El impacto político tras su fallecimiento

Cuando pensamos en en qué año murió Fidel Castro, tenemos que mirar lo que pasó con la economía de la isla inmediatamente después. Raúl Castro ya había empezado algunas reformas tímidas, pero la sombra de su hermano siempre fue larga. Con Fidel fuera del panorama físico, hubo una sensación de que el cambio real podría acelerarse.

Spoiler: no fue tan rápido.

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  • La llegada de Donald Trump a la Casa Blanca poco después de la muerte de Fidel enfrió nuevamente las relaciones.
  • Se revirtieron muchos de los avances diplomáticos de la era Obama.
  • Cuba entró en una crisis energética y de suministros que hoy, en pleno 2026, sigue siendo el pan de cada día para los habitantes de la isla.

La muerte de Fidel dejó un vacío de liderazgo carismático que ni Raúl Castro ni el actual presidente, Miguel Díaz-Canel, han podido llenar. Fidel hablaba durante siete horas seguidas bajo la lluvia y la gente se quedaba a escucharlo. Ese magnetismo, para bien o para mal, se enterró con él en Santiago.

Lo que la gente suele olvidar

Mucha gente cree que Fidel seguía mandando cuando murió. No es cierto. Aunque su influencia era total, el traspaso de mando legal ocurrió mucho antes de 2016. Lo que sí se mantuvo hasta el último día fue su control sobre la narrativa histórica de Cuba.

Incluso después de muerto, dejó instrucciones de que no se nombraran calles en su honor ni se levantaran estatuas con su figura. Quería evitar el culto a la personalidad, aunque, paradójicamente, su imagen está en cada valla publicitaria y cada escuela del país. Es una de esas contradicciones cubanas que te dejan rascándote la cabeza.

Mitos y realidades sobre su salud final

Se dijo de todo. Que tenía Parkinson, que tenía cáncer de colon, que ya había muerto años antes y que el que veíamos era un doble. La realidad es que su sistema digestivo fue su talón de Aquiles.

Aquella crisis de 2006 fue por una diverticulitis que se complicó terriblemente. Hubo filtraciones de médicos españoles que viajaron a Cuba para tratarlo, mencionando que las cirugías habían fallado inicialmente. Pero el viejo sobrevivió diez años más. Fue una agonía lenta, muy alejada de la imagen del guerrillero que bajó de la Sierra Maestra en 1959.

Básicamente, Fidel se convirtió en un espectador de su propia obra. Vio cómo el mundo cambiaba, cómo la Unión Soviética desaparecía y cómo su propia isla empezaba a coquetear con el capitalismo que él tanto criticó, aunque fuera solo a través de pequeños negocios privados (los "paladares" y los cuentapropistas).

¿Cómo recordamos hoy el año de su muerte?

Hoy, mirar hacia atrás al 2016 es ver el último suspiro de un sistema que parecía inamovible. Desde su partida, Cuba ha vivido protestas masivas, como las del 11 de julio de 2021, algo que probablemente no habría sucedido con Fidel vivo, o al menos no de esa manera. El miedo o el respeto —dependiendo de a quién le preguntes— se ha ido diluyendo.

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Si estás estudiando la historia reciente o simplemente tenías la duda sobre la fecha, quédate con esto: Fidel Castro murió el 25 de noviembre de 2016. Pero su influencia sigue siendo el eje sobre el cual gira toda la política cubana actual.

Para entender la Cuba de hoy, hay que entender ese silencio que cayó sobre La Habana esa noche de noviembre. Un silencio que para unos fue de luto profundo y para otros de esperanza contenida.

Pasos para profundizar en este tema histórico:

Si quieres ir más allá de la fecha y entender realmente el personaje, te recomiendo buscar el documental "Cuba and the Cameraman" en Netflix; muestra la evolución de Fidel y del pueblo cubano desde los años 70 hasta su muerte con una cercanía asombrosa. También, si te interesa la parte más humana y cruda, el libro "La vida oculta de Fidel Castro", escrito por su exguardaespaldas Juan Reinaldo Sánchez, ofrece una perspectiva que no encontrarás en los medios oficiales ni en los libros de historia tradicionales.

Entender el contexto de 2016 te ayudará a comprender por qué Cuba está en la situación actual. No fue solo la muerte de un hombre, fue el cierre de una estructura mental que dominó el hemisferio occidental por más de medio siglo.

Asegúrate de contrastar siempre las fuentes de Miami con las de La Habana. La verdad sobre Fidel siempre suele estar en algún punto intermedio de ese estrecho de la Florida. Analiza cómo las sanciones económicas y las decisiones internas se entrelazaron tras su partida para tener una visión completa de la transición cubana.