¿En qué año murió Cantinflas? La verdad sobre el adiós al mimo de México

¿En qué año murió Cantinflas? La verdad sobre el adiós al mimo de México

Si le preguntas a cualquier abuelo en una plaza de la Ciudad de México o a un cinéfilo en Madrid sobre el comediante más grande de habla hispana, el nombre surge de inmediato. Mario Moreno. El "Mimo de la gabardina arrugada". El hombre que hizo del lenguaje un laberinto. Pero, curiosamente, mucha gente se confunde con las fechas. Se mezclan las décadas. Por eso, si te estás preguntando exactamente en qué año murió Cantinflas, la respuesta es 1993.

Fue un martes. El 20 de abril de 1993, para ser precisos.

No fue una noticia cualquiera. Fue un golpe seco al corazón de la cultura popular latinoamericana. Mario Moreno Reyes tenía 81 años cuando su cuerpo finalmente dijo "basta" en su casa de la Ciudad de México. La causa fue un cáncer de pulmón que lo venía acechando. Fumador empedernido de toda la vida, el hábito le pasó la factura justo cuando el mundo empezaba a extrañarlo más en la pantalla grande.

El día que México se quedó sin palabras

Es irónico. El hombre que inventó el "cantinfleo" —esa capacidad sublime de hablar mucho sin decir absolutamente nada— terminó sus días en silencio. Su muerte no fue repentina para su círculo íntimo, pero para el público general se sintió como el fin de una era.

¿Recuerdas dónde estabas ese día? Probablemente no si eres centennial, pero para quienes vivieron la transición de los 90, la televisión se inundó de blanco y negro. Las transmisiones de Jacobo Zabludovsky daban la vuelta al mundo. El funeral no fue un evento privado y aburrido. Fue un caos de amor. Tres días de luto nacional. Miles de personas bajo la lluvia en el Palacio de Bellas Artes.

La gente lloraba a un personaje, sí, pero también a un pedazo de su propia identidad. Cantinflas representaba al "peladito", al tipo que no tiene nada pero se defiende con el ingenio. Cuando murió en aquel 1993, muchos sintieron que el ingenio mexicano también se iba un poco a la tumba.

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Por qué todavía nos importa en qué año murió Cantinflas

Saber la fecha exacta no es solo un dato de trivia para ganar una apuesta en un bar. Es entender el contexto de una industria cinematográfica que cambió para siempre. Cantinflas no solo era un cómico; era un poder político. Charlie Chaplin lo llamó "el mejor comediante vivo" en su momento. Imagínate ese nivel.

Hacia el final de su vida, Mario Moreno ya no era el joven delgado de Ahí está el detalle (1940). Se había convertido en un filántropo, un hombre de negocios serio y, a veces, un tipo un poco huraño con la prensa. Hay una diferencia abismal entre el personaje y el hombre. Mario era elegante, vestía trajes caros y hablaba con una dicción perfecta. Cantinflas era el caos. Esa dualidad es lo que hace que su muerte en 1993 siga resonando.

El legado que el cáncer no pudo borrar

Hablemos de dinero y de herencias, porque eso siempre viene después de que una estrella se apaga. Tras su partida en 1993, se desató una batalla legal legendaria. Mario Arturo Moreno Ivanova, su hijo adoptivo, y Eduardo Moreno Laparade, su sobrino, se enfrascaron en un pleito por los derechos de las películas que duró décadas.

Honestamente, fue un espectáculo triste.

Mientras los abogados se enriquecían, el público solo quería seguir viendo El Patrullero 777 o El Profe. Esta disputa legal es una de las razones por las que, a veces, es difícil encontrar remasterizaciones de alta calidad de sus primeras joyas en plataformas de streaming modernas. La burocracia post-mortem fue casi tan enredada como un discurso del propio Cantinflas.

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Los últimos días del ídolo

Mario Moreno sabía que se estaba muriendo. No era tonto. El diagnóstico de cáncer de pulmón fue devastador pero él lo llevó con cierta discreción. Pasó sus últimos meses rodeado de su familia, lejos de los reflectores que tanto lo iluminaron desde que empezó en las carpas de barrio.

Mucha gente cree que murió en Estados Unidos porque viajaba mucho a Houston para sus tratamientos médicos, pero no. Decidió que su último aliento debía ser en su tierra. En la Ciudad de México.

  • Dato curioso: Su última aparición pública fue meses antes de morir, y aunque se veía delgado, mantenía esa chispa en los ojos.
  • El funeral: El cortejo fúnebre hacia el Panteón Español fue uno de los más grandes en la historia de México, comparable solo con el de ídolos como Pedro Infante o Jorge Negrete.

El impacto en Hollywood y más allá

A veces olvidamos que Mario Moreno ganó un Globo de Oro. Sí, un Globo de Oro por La vuelta al mundo en 80 días (1956). Fue la apuesta de Hollywood por internacionalizarlo. Aunque su carrera en inglés no despegó como se esperaba —porque, seamos sinceros, el humor de Cantinflas es intraducible—, su estatus de superestrella global era indiscutible cuando llegó 1993.

La muerte de Cantinflas marcó el cierre definitivo de la Época de Oro del cine mexicano, aunque técnicamente esa etapa había terminado décadas antes. Él era el último gran pilar que seguía de pie, el último puente vivo con ese México rural y urbano que estaba desapareciendo.

¿Qué nos queda hoy?

Hoy, "cantinflear" es un verbo reconocido por la Real Academia Española. No mucha gente logra que su apellido se convierta en una acción oficial en el diccionario. Eso vale más que cualquier cuenta bancaria.

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Si vas a ver una película de él hoy, no busques lógica. Busca el ritmo. Es como el jazz. No importa lo que dice, sino cómo lo dice. El tipo era un genio de la improvisación. Se dice que a menudo los guionistas dejaban hojas en blanco que simplemente decían: "Aquí Cantinflas hace lo suyo". Y lo suyo era magia pura.

Para entender realmente el peso de en qué año murió Cantinflas, hay que ver las noticias de esa semana de abril del 93. El mundo estaba cambiando. Bill Clinton llevaba apenas unos meses en la presidencia de EE. UU., el internet era un experimento para pocos, y la música grunge estaba en todo su apogeo. En medio de toda esa modernidad, la muerte de un hombre que usaba pantalones caídos y un pedazo de tela al hombro detuvo el tráfico en medio continente.

Pasos para mantener vivo el legado

Si quieres rendirle homenaje o simplemente entender por qué tus padres o abuelos se ríen tanto con él, no necesitas mucho. Es bastante simple.

Busca Ahí está el detalle. Es, para muchos críticos, su mejor obra. Olvida las versiones a color o las películas más tardías donde se volvió un poco moralista. Mira al Cantinflas joven, al anarquista del lenguaje, al que confundía a los jueces y a los policías con una cascada de palabras sin sentido. Ahí entenderás por qué, a pesar de que se fue en 1993, sigue más vivo que muchos actores actuales.

No te quedes solo con la fecha. Quédate con la razón por la cual esa fecha dolió tanto. La comedia perdió su brújula y, de alguna manera, todos nos volvimos un poco más huérfanos de risas.

Para profundizar en su filmografía, lo ideal es organizar un maratón que cubra sus tres etapas: la del "peladito" marginal de los años 40, la del personaje institucionalizado de los 60 (médicos, curas, profesores) y su breve pero brillante paso por el cine internacional. Es la única forma de ver cómo Mario Moreno construyó un mito que sobrevivió a su propia muerte física.

Visita su tumba en el Panteón Español si alguna vez estás en la CDMX. Es un lugar sobrio, pero siempre hay flores. Siempre hay alguien recordando a Mario, pero sobre todo, celebrando a Cantinflas. Porque al final, los años son solo números, pero las risas que dejó grabadas en el celuloide son para siempre.