Elecciones de los Estados Unidos: Lo que casi nadie te explica sobre cómo funcionan de verdad

Elecciones de los Estados Unidos: Lo que casi nadie te explica sobre cómo funcionan de verdad

Si crees que las elecciones de los Estados Unidos se resumen en que la gente vota y quien tiene más apoyos gana, lamento decirte que te han contado la versión de Disney. Es un sistema extraño. A ratos parece diseñado en el siglo XVIII para que nada cambie, y a ratos es tan caótico que ni los propios estadounidenses lo entienden del todo. No es una votación nacional. Son 51 elecciones simultáneas (los 50 estados más el Distrito de Columbia) que ocurren al mismo tiempo.

Es una locura.

Para entender esto hay que aceptar que el voto popular, ese que ves subir en las gráficas de la televisión, no otorga la presidencia. En 2016, Hillary Clinton sacó casi tres millones de votos más que Donald Trump, pero se fue a su casa. ¿Por qué? Por el Colegio Electoral. Básicamente, tú no votas por un presidente; votas para que un grupo de personas de tu estado vaya y vote por ese presidente semanas después.

El laberinto del Colegio Electoral

Aquí es donde la cosa se pone técnica pero fascinante. Cada estado tiene un número de "electores" basado en su población. California tiene 54, mientras que estados como Wyoming o Vermont tienen solo 3. En total hay 538 votos electorales. El número mágico es 270. Si llegas ahí, eres el dueño de la Casa Blanca.

La mayoría de los estados usan una regla de "el ganador se lo lleva todo". Si ganas en Florida por un solo voto, te llevas los 30 votos electorales del estado. Da igual si ganaste por un millón o por un pelo. Es brutal. Por eso los candidatos ignoran por completo a California o Texas durante la campaña; ya saben quién va a ganar ahí. Se gastan los miles de millones de dólares en apenas seis o siete lugares: los famosos swing states o estados péndulo.

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¿Por qué seguimos usando este sistema?

Los fundadores de EE. UU., gente como Alexander Hamilton o James Madison, no confiaban plenamente en la democracia directa. Tenían miedo de que un "demagogo" convenciera a las masas de las grandes ciudades y aplastara los intereses de los estados rurales más pequeños. Querían un equilibrio. Hoy en día, mucha gente dice que es un sistema anticuado que silencia a millones de personas, pero cambiarlo requiere una enmienda constitucional, algo casi imposible en el clima político actual.

Honestamente, es una cuestión de poder. A los estados pequeños les encanta tener una relevancia desproporcionada. A los republicanos les suele beneficiar porque son fuertes en zonas rurales. Los demócratas lo odian porque sus votos se concentran en ciudades gigantes, donde "desperdician" millones de apoyos que no les dan más electores.

El caos de las primarias y el "Super Tuesday"

Antes de llegar a la gran noche de noviembre, hay un proceso de selección que dura casi un año. Las primarias. Aquí los partidos eligen a su campeón. Pero no es una votación uniforme. Algunos estados usan "primarias" (votar en una urna normal) y otros usan "caucus" (reuniones vecinales donde la gente se divide en rincones de un gimnasio para mostrar su apoyo).

Iowa solía ser el primero, una tradición sagrada. Pero en las últimas elecciones de los Estados Unidos, los demócratas decidieron cambiar el orden porque Iowa es un estado muy blanco y poco representativo de la diversidad del país. Ahora Carolina del Sur tiene más peso inicial. Luego llega el Supermartes, donde más de una docena de estados votan el mismo día. Ahí es donde normalmente se decide quién sobrevive y quién se retira porque se quedó sin dinero.

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Porque esa es la otra gran verdad: las elecciones en este país son absurdamente caras. Estamos hablando de miles de millones de dólares. Gracias a una sentencia de la Corte Suprema llamada Citizens United, las corporaciones y los sindicatos pueden gastar cantidades ilimitadas de dinero para apoyar o atacar candidatos a través de los Super PACs. Es una guerra de anuncios en televisión y redes sociales que no para nunca.

El papel real de los terceros partidos

Si te gusta la política, habrás oído hablar del Partido Libertario o del Partido Verde. En teoría existen. En la práctica, el sistema está diseñado para que mueran antes de llegar a la meta. Al no ser un sistema parlamentario como el de muchos países de Europa o Latinoamérica, quedar tercero no sirve de nada. No obtienes escaños proporcionales. O ganas el estado o no tienes nada.

Sin embargo, pueden ser "spoilers" o saboteadores. En el año 2000, Ralph Nader obtuvo suficientes votos en Florida como para que, según muchos analistas, Al Gore perdiera el estado frente a George W. Bush por apenas 537 votos. Un puñado de votos a un tercer partido puede cambiar la historia del mundo.

El voto por correo y la desinformación

Desde 2020, la forma de votar ha cambiado radicalmente. El voto por correo, que antes era algo para militares o gente que estaba de viaje, se ha vuelto masivo. Esto ha creado una brecha de percepción. Normalmente, los demócratas tienden a votar más por correo y los republicanos prefieren ir en persona el día de la elección.

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Esto provoca el "espejismo rojo" (red mirage). En la noche electoral, parece que el candidato republicano va ganando porque los votos presenciales se cuentan primero. Pero a medida que pasan las horas y los días, y se procesan los sobres que llegaron por correo, el resultado puede dar un vuelco total. No es fraude; es simplemente logística. Pero en un ambiente tan polarizado, explicarle esto a alguien que acaba de ver a su candidato perder la ventaja es complicado.

Lo que pasa después del día de la elección

Mucha gente apaga la tele el miércoles por la mañana pensando que ya está. Error. Los resultados oficiales pueden tardar semanas en certificarse. Luego, en diciembre, los electores se reúnen en sus respectivos estados para votar formalmente. Y el 6 de enero, el Congreso se reúne en Washington para contar esos votos.

Lo que antes era un trámite burocrático aburrido, ahora es un momento de máxima tensión nacional. Es el último filtro antes de la inauguración el 20 de enero.

Datos que te harán dudar de todo

  • La participación: A pesar de ser la democracia más famosa, EE. UU. tiene tasas de participación más bajas que muchas democracias europeas. Registrarse para votar no es automático en la mayoría de los estados; tienes que hacerlo tú mismo, y a veces ponen muchas trabas.
  • El martes: ¿Por qué se vota un martes? Porque en 1845, los agricultores necesitaban un día para viajar al pueblo después del domingo de iglesia, pero tenían que estar de vuelta para el día de mercado el miércoles. Seguimos votando en martes por un tema de carruajes y caballos.
  • Votantes "infieles": Un elector del Colegio Electoral puede, en teoría, votar por alguien distinto al que prometió. Se llaman faithless electors. Algunos estados los multan, otros anulan su voto, pero es una grieta extraña en el sistema.

¿Cómo seguir las elecciones sin volverse loco?

Si quieres entender qué va a pasar en las próximas elecciones de los Estados Unidos, deja de mirar las encuestas nacionales. No sirven de mucho. Fíjate en las encuestas de Pensilvania, Michigan, Wisconsin, Arizona, Georgia y Nevada. Esos seis estados deciden el destino del planeta. Básicamente, unos pocos miles de votantes moderados en los suburbios de Filadelfia o Phoenix tienen más poder que millones de personas en Nueva York.

Es un sistema imperfecto, lleno de parches históricos y profundamente injusto para muchos. Pero es el sistema que tienen. Comprenderlo no es solo una cuestión de curiosidad académica; es entender hacia dónde se mueve la economía global y la estabilidad internacional.


Acciones recomendadas para entender el proceso:

  1. Verifica el mapa electoral: No te fijes en el color del mapa (que suele verse muy rojo porque las zonas rurales son grandes geográficamente). Busca mapas cartogramas que ajusten el tamaño de los estados según su población o votos electorales.
  2. Sigue a los analistas de datos, no a los opinólogos: Sitios como The Cook Political Report o expertos como Nate Silver analizan tendencias reales basadas en demografía, no en sentimientos de Twitter.
  3. Entiende los plazos locales: Cada estado tiene sus propias reglas de registro. Si vives en EE. UU. o conoces a alguien allí, el primer paso no es elegir candidato, sino asegurarse de que el registro electoral esté activo meses antes de noviembre.
  4. Monitorea la participación temprana: El voto anticipado suele dar pistas sobre el entusiasmo de ciertas bases electorales, aunque hay que interpretarlo con cautela para no caer en el sesgo de confirmación.