Nacer viejo y morir siendo un bebé. Suena a pesadilla biológica, ¿no? La mayoría de la gente conoce el curioso caso de Benjamin Button por la cara de Brad Pitt llena de prótesis de látex o por ese CGI revolucionario que nos dejó locos en 2008. Pero, si te soy sincero, la distancia que hay entre la película de David Fincher y el relato original de F. Scott Fitzgerald es abismal. Es como comparar una cena de gala con un chiste agridulce contado en un bar.
Fitzgerald escribió esta historia en 1922. Casi un siglo antes de que Hollywood decidiera meterle millones de dólares. El autor se inspiró en una frase de Mark Twain, quien decía que era una lástima que la mejor parte de la vida viniera al principio y la peor al final. De esa pequeña semilla nació una de las premisas más raras de la literatura estadounidense.
El origen literario: Un Benjamin que no era tan "tierno"
Si viste la película, recordarás a un Benjamin dulce, un alma vieja atrapada en un cuerpo que rejuvenece. En el libro, la cosa es distinta. Fitzgerald no buscaba hacernos llorar con una historia de amor eterno. Él quería burlarse de la rigidez social de Baltimore.
En el relato original, Benjamin nace midiendo un metro ochenta. Tiene barba gris. Habla perfectamente. No es un bebé con arrugas; es un anciano de setenta años que sale del vientre de su madre y, básicamente, pide un puro. Es una sátira. El padre de Benjamin, Roger Button, está más preocupado por el "qué dirán" que por el hecho de que su hijo esté desafiando las leyes de la física. Lo obliga a jugar con sonajeros y a ir al jardín de infancia, aunque Benjamin lo único que quiere es sentarse a leer el periódico y hablar de política con su abuelo.
Es una lectura incómoda.
A diferencia del tono melancólico de Fincher, el Benjamin de papel es un tipo que se vuelve más arrogante a medida que rejuvenece. Se casa con una mujer joven, Hildegarde Moncrief, pero a medida que ella envejece y él se vuelve un atleta universitario lleno de energía, Benjamin empieza a perderle el respeto. Se aburre de ella. La encuentra monótona. Es una visión bastante cruda de cómo el físico dicta nuestras conexiones sociales.
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La magia técnica de David Fincher y Eric Roth
Saltamos a 2008. El curioso caso de Benjamin Button llega a los cines y se convierte en un hito técnico. Fue la primera vez que vimos a un actor de primer nivel ser reemplazado casi totalmente por una versión digital que realmente funcionaba.
Ed Ulbrich, de Digital Domain, explicó en varias conferencias de efectos visuales que el reto no era solo hacer a Brad Pitt viejo. El reto era que ese "viejo" transmitiera la interpretación emocional del actor real. Grabaron a Pitt con un sistema de captura facial llamado Mova, que utilizaba pintura fluorescente y cámaras sincronizadas para captar cada micro-movimiento de sus poros.
- Usaron tres cuerpos de actores diferentes para las fases de Benjamin de baja estatura.
- La cabeza de Brad Pitt fue integrada digitalmente sobre esos cuerpos.
- El proceso fue tan lento que la película tardó años en salir de postproducción.
La película es larga. Son casi tres horas. Se siente como un río que fluye lento, y eso es intencional. Eric Roth, el guionista (que también escribió Forrest Gump), transformó la sátira de Fitzgerald en una fábula sobre la pérdida. Mientras que el relato es cínico, la película es una carta de amor a la impermanencia.
¿Realmente existe algo como el Benjamin Button real?
Mucha gente busca en Google si esta condición es real. Obviamente, nadie rejuvenece. Pero existe la progeria, o síndrome de Hutchinson-Gilford. Es una condición genética extremadamente rara donde los niños envejecen aceleradamente desde los primeros meses de vida.
Sin embargo, hay que ser claros: la progeria no es el proceso inverso. Estos niños no nacen viejos para luego volverse jóvenes. Simplemente envejecen a una velocidad que rompe el corazón. La ciencia ficción de el curioso caso de Benjamin Button es pura metáfora. No busques una explicación biológica porque el propio Fitzgerald nunca se molestó en darla. Para él, era un dispositivo literario para hablar del tiempo, nada más.
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Lo que la película cambió (y por qué fue un acierto)
El cambio más grande fue el interés romántico. En el libro, la esposa es casi un estorbo para el Benjamin joven y atlético. En la película, tenemos a Daisy, interpretada por Cate Blanchett. Su relación es el corazón de la historia. El momento en que sus edades "se cruzan" en el medio es visualmente precioso pero trágico.
Esa escena en el hotel en los años 60, cuando ambos tienen unos cuarenta años y están en su apogeo físico, es el único momento de equilibrio en toda su vida. Es una metáfora de lo que nos pasa a todos. Pasamos la vida esperando el momento perfecto para estar con alguien, pero el tiempo es un tren que no se detiene para nadie.
Otra diferencia clave es el entorno. Fitzgerald sitúa la historia en Baltimore, en un ambiente burgués y estirado. Fincher se la lleva a Nueva Orleans. El jazz, la humedad, los cementerios sobre la tierra y el huracán Katrina de fondo le dan una atmósfera gótica que el relato original no tiene. La Nueva Orleans de la película parece un lugar donde los milagros y las maldiciones podrían ocurrir de verdad.
El simbolismo del reloj al revés
No podemos hablar de el curioso caso de Benjamin Button sin mencionar el reloj de la estación de tren. Es una adición exclusiva de la película. El relojero, ciego y destrozado por la pérdida de su hijo en la guerra, construye un reloj que gira hacia atrás con la esperanza de que el tiempo retroceda y los jóvenes caídos en combate regresen a casa.
Es una imagen potente. Casi poética. Nos dice que el deseo de Benjamin de ser "normal" es el mismo deseo que tenemos todos de recuperar lo que el tiempo nos quitó. Pero, como vemos al final, incluso si el tiempo corriera hacia atrás, el destino es el mismo: la nada. La desaparición de la conciencia.
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Benjamin termina sus días como un bebé que no recuerda nada, en los brazos de una Daisy anciana. Es una de las imágenes más potentes del cine contemporáneo. Nos recuerda que, sin memoria, la vida carece de significado, sin importar si tu cuerpo tiene 80 u 8 años.
Un análisis del impacto cultural
¿Por qué seguimos hablando de esta historia? Básicamente porque toca nuestro miedo más primario: la muerte. Pero lo hace desde un ángulo que nos permite observarlo con curiosidad en lugar de terror.
La película ganó tres premios Oscar, pero curiosamente, se quedó fuera de las categorías principales como Mejor Película o Mejor Actor. Quizás porque es "demasiado" técnica para algunos, o quizás porque su mensaje es tan melancólico que no deja ese buen sabor de boca que suele buscar la Academia. Aun así, su legado en los efectos visuales es innegable. Sin los avances de esta cinta, no tendríamos el rejuvenecimiento digital que vemos hoy en las películas de Marvel o en el Indiana Jones de Harrison Ford.
Kinda loco pensar que una historia sobre un viejo que se vuelve niño fue la que impulsó la tecnología para que los actores de Hollywood nunca tengan que envejecer del todo en pantalla.
Diferencias rápidas para tu próxima cena con amigos:
- Libro: Benjamin es un tipo bastante antipático que se aburre de su esposa vieja.
- Película: Benjamin es un alma noble que sufre por no poder envejecer junto a su amor.
- Libro: Nace hablando y midiendo casi dos metros.
- Película: Nace con el tamaño de un bebé pero con artritis, cataratas y piel arrugada.
- Libro: Es una crítica social ácida.
- Película: Es un drama romántico épico.
Honestamente, si solo has visto la película, dale una oportunidad al cuento. Es corto. Se lee en una tarde. Te va a sorprender lo diferente que es la voz de Fitzgerald, mucho más sarcástica y menos soñadora que la de Fincher.
Pasos prácticos para profundizar en la obra
Si te fascina la temática de la alteración del tiempo o la obra de Fitzgerald, aquí tienes un par de ideas para exprimir este interés:
- Lee "Tales of the Jazz Age": Es la colección de relatos donde se publicó originalmente Benjamin Button. Te ayudará a entender el contexto de la época y por qué Fitzgerald estaba tan obsesionado con la decadencia física y la juventud perdida.
- Busca el "Making of" de Digital Domain: Hay documentales cortos en YouTube sobre cómo crearon la cara de Benjamin. Si te interesa la tecnología o el cine, es una clase maestra de cómo se mezcla el arte con la computación.
- Visita Nueva Orleans (si puedes): La película es casi una carta de amor a esta ciudad. Puedes visitar el Garden District, donde se rodaron muchas de las escenas de la casa de Benjamin, para sentir esa atmósfera de "tiempo detenido".
- Compara con "Big" de Tom Hanks: Suena raro, pero es el espejo inverso. Un niño que se vuelve adulto de golpe. Ver ambas películas en un mismo fin de semana te da una perspectiva muy interesante sobre la madurez y la pérdida de la inocencia.
Entender el curioso caso de Benjamin Button es aceptar que el orden de los factores no altera el producto final. Ya sea que empieces viejo o termines viejo, el valor de la vida reside en las conexiones que hacemos mientras el reloj avanza. O retrocede. Lo importante es quién te sostiene la mano cuando llegas al final de tu cuenta atrás.