Ganar la Casa Blanca no es cuestión de quién convence a más personas, sino de quién conquista los estados correctos. Es una distinción sutil pero brutal que ha dejado a más de un candidato con la mayoría de los votos de la gente y, aun así, haciendo las maletas para irse a casa. Básicamente, si quieres saber cuántos votos electorales se necesitan para ganar la presidencia, la cifra mágica es 270. Ni uno más, ni uno menos.
Ese número no salió de la nada. Es la mitad más uno de los 538 integrantes del Colegio Electoral. Honestamente, es un sistema que a muchos les parece un rompecabezas sacado de 1787, y en parte tienen razón. Los Padres Fundadores lo crearon como un punto medio entre que el Congreso eligiera al presidente y que lo hiciera el voto popular directo.
¿Por qué 270 votos electorales?
El total de 538 electores se divide de una forma muy específica. Cada estado recibe un número de votos igual a su representación en el Congreso. Esto significa que sumamos los 435 miembros de la Cámara de Representantes y los 100 senadores. ¿Y los otros tres? Son para el Distrito de Columbia (Washington D.C.), gracias a la 23ª Enmienda ratificada en 1961.
Como el total es 538, para tener una mayoría absoluta necesitas rebasar la mitad.
$538 / 2 = 269$.
Por eso, el candidato debe llegar a los 270 para asegurar la victoria sin dramas legales.
El peso de cada estado
No todos los estados valen lo mismo en este tablero. California es el peso pesado con 54 votos electorales (bajó de 55 tras el censo de 2020), mientras que estados como Wyoming o Vermont solo tienen 3. Es pura demografía. Si un estado gana población, gana asientos en la Cámara y, por ende, más peso en la elección presidencial.
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Aquí es donde la cosa se pone interesante. En 48 estados y en D.C., se utiliza el sistema de "el ganador se lleva todo" (Winner-take-all). Si ganas por un solo voto en Florida, te llevas sus 30 votos electorales completitos. Maine y Nebraska son los rebeldes del grupo; ellos reparten sus votos de forma proporcional o por distritos.
El drama de ganar el voto popular y perder la elección
Ha pasado. Y no hace tanto tiempo. Probablemente recuerdes el 2016. Hillary Clinton obtuvo casi 3 millones de votos más que Donald Trump a nivel nacional. Sin embargo, Trump alcanzó 304 votos electorales frente a los 227 de Clinton.
¿Cómo es posible? Estrategia pura. Trump ganó por márgenes estrechos en estados clave del "Cinturón del Óxido" como Pensilvania, Michigan y Wisconsin.
No es la primera vez que ocurre este fenómeno. En el año 2000, Al Gore le ganó a George W. Bush en el voto popular por más de 500,000 sufragios. Pero tras un recuento de infarto en Florida y una decisión de la Corte Suprema, Bush se llevó los votos electorales de ese estado y, con ellos, la presidencia. Otros casos históricos incluyen las elecciones de 1824, 1876 y 1888. Es un recordatorio de que en EE. UU., los estados son los que eligen al Ejecutivo.
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¿Qué pasa si nadie llega a los 270?
Imagina un empate 269 a 269. O que un tercer candidato gane un estado y evite que los dos principales lleguen a la mayoría. Es un escenario de pesadilla logística.
Si esto ocurre, la elección se traslada al Congreso en lo que se llama una "elección contingente". Pero ojo, no es una votación normal.
- La Cámara de Representantes elige al Presidente: Cada delegación estatal tiene un solo voto. No importa si California tiene 52 representantes, solo cuentan como un voto. El ganador necesita 26 de los 50 votos estatales.
- El Senado elige al Vicepresidente: Aquí cada senador vota individualmente. Se necesitan 51 votos para ganar.
Kinda loco, ¿no? Podrías terminar con un Presidente de un partido y un Vicepresidente del otro si las cámaras están divididas. Solo ha pasado un par de veces en la historia, como en 1801 (Thomas Jefferson) y 1825 (John Quincy Adams).
La importancia de los estados pendulares o "Swing States"
Como la mayoría de los estados ya son sólidamente demócratas o republicanos, la batalla por los cuántos votos electorales se necesitan para ganar la presidencia se reduce a un puñado de lugares. Son los famosos swing states.
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En 2024 y hacia 2028, los ojos están puestos en siete estados principales:
- Pensilvania (19 votos)
- Georgia (16 votos)
- Carolina del Norte (16 votos)
- Michigan (15 votos)
- Arizona (11 votos)
- Wisconsin (10 votos)
- Nevada (6 votos)
Cualquier candidato que logre armar un rompecabezas con estos nombres llegará fácilmente a los 270. Por eso ves que los candidatos pasan meses en una cafetería de Scranton o en un mitin en Phoenix, ignorando casi por completo a California o Texas, donde el resultado ya parece escrito en piedra.
La Ley de Reforma del Conteo Electoral
Tras el caos del 6 de enero de 2021, el Congreso aprobó la Electoral Count Reform Act. Esta ley aclara que el papel del Vicepresidente al contar los votos es puramente ceremonial. No puede rechazar votos electorales por su cuenta. También elevó el umbral para que los legisladores puedan objetar los resultados de un estado. Ahora se necesita que el 20% de ambas cámaras firme una objeción para que siquiera sea considerada.
Básicamente, intentaron ponerle candados a la puerta para que el proceso de certificar quién llegó a los 270 sea mucho más difícil de descarrilar.
Pasos clave para entender el resultado electoral:
- Noche de la elección: Los medios proyectan ganadores basados en el voto popular estatal, pero es extraoficial.
- Mediados de diciembre: Los electores se reúnen en sus respectivos estados y emiten sus votos reales en papel.
- 6 de enero: El Congreso se reúne en sesión conjunta para contar oficialmente esos votos.
- 20 de enero: El nuevo presidente toma posesión.
Si quieres seguir de cerca el camino a la Casa Blanca, lo mejor es ignorar las encuestas nacionales. No sirven de mucho. Fíjate mejor en las encuestas estado por estado en los siete que mencionamos arriba. Ahí es donde realmente se decide si alguien suma los 270 o si nos vamos a un escenario de tribunales y recuentos infinitos.
Para profundizar, puedes monitorear sitios como 270toWin, donde puedes jugar con el mapa y ver qué combinaciones de estados le dan la victoria a cada bando. Entender este sistema es la única forma de no llevarse sorpresas cuando los mapas de la tele empiecen a pintarse de rojo y azul.