Es una pregunta que surge casi siempre que alguien termina de ver una serie en Netflix o lee un libro sobre la época del terror en Colombia. ¿Cuántas personas mató Pablo Escobar? Parece una cifra sencilla de obtener, pero la verdad es que entrar en ese laberinto de estadísticas es asomarse a un abismo. No hay un contador oficial en una pantalla que se detuvo el día que cayó en aquel tejado de Medellín.
Lo que tenemos son estimaciones. Cálculos de historiadores. Reportes judiciales que a veces se quedan cortos.
Si buscas un número rápido, la mayoría de los expertos y biógrafos, como Alonso Salazar, coinciden en un rango aterrador: entre 4,000 y 5,000 muertes vinculadas directamente a sus órdenes. Pero espera. Eso es solo la superficie. Si sumamos las víctimas indirectas de la guerra entre carteles, el bombardeo de aviones civiles y la ofensiva contra el Estado, algunos analistas sugieren que la cifra podría ser mucho más alta. El rastro de sangre que dejó el Cartel de Medellín no es solo una estadística; es una cicatriz que cambió la demografía de un país entero.
El peso real de las cifras: ¿De dónde salen los 5,000 muertos?
Para entender cuántas personas mató Pablo Escobar, hay que diferenciar entre el gatillero que jala el gatillo y el hombre que firma el cheque. Escobar no era un asesino en serie al estilo de Hollywood que buscaba a sus víctimas en callejones oscuros. Era un gerente de la muerte.
La contabilidad del horror se divide básicamente en tres frentes: los magnicidios de figuras públicas, la guerra contra la policía y el terrorismo indiscriminado.
En los años 80 y principios de los 90, Medellín se convirtió en la capital mundial del homicidio. No exagero. En 1991, la tasa de asesinatos llegó a 381 por cada 100,000 habitantes. Si comparas eso con cualquier ciudad moderna considerada "peligrosa", lo de Medellín era una zona de guerra activa. Se estima que solo en la guerra contra la Policía Nacional, Escobar pagó por la muerte de unos 500 oficiales. Tenía una lista de precios. Un policía raso valía cierta cantidad; un oficial de alto rango, mucho más. Era un mercado de sicariato abierto.
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Los nombres que cambiaron la historia
No todas las muertes pesaron igual en la balanza del poder, aunque todas dolieron por igual a las familias. Escobar apuntó directamente a la columna vertebral de la democracia colombiana.
- Rodrigo Lara Bonilla (1984): El Ministro de Justicia que se atrevió a denunciar el dinero caliente en el fútbol y la política. Su asesinato fue el punto de no retorno.
- Guillermo Cano (1986): El director de El Espectador. Matar a un periodista de ese calibre fue un mensaje directo: nadie podía hablar.
- Luis Carlos Galán (1989): Probablemente el crimen que más dolió a Colombia. Era el candidato presidencial que prometía acabar con el narcotráfico. Su muerte en la plaza de Soacha dejó al país en un estado de orfandad política absoluta.
El terrorismo puro: Cuando las víctimas fueron civiles inocentes
Aquí es donde la cifra de cuántas personas mató Pablo Escobar se vuelve más oscura y difícil de digerir. Ya no hablamos de enemigos políticos o policías armados. Hablamos de gente que iba a trabajar o de vacaciones.
El atentado al avión de Avianca (Vuelo 203) en 1989 es el ejemplo más cruel. Escobar quería matar a César Gaviria, el sucesor de Galán. Pusieron una bomba en un Boeing 727. Murieron 107 personas. Gaviria ni siquiera se subió al avión.
Luego está el bus-bomba contra el edificio del DAS. Una explosión que destruyó manzanas enteras en Bogotá, dejando 63 muertos y más de 600 heridos. ¿Cómo cuentas a los que murieron años después por secuelas de esas heridas? ¿O a los que perdieron la vida en las más de 200 bombas que estallaron en centros comerciales y calles de Medellín y Bogotá? La metodología de Escobar era el caos total. Básicamente, si el Estado no se rendía, él quemaba el país con la gente adentro.
La guerra de carteles: El conflicto con Cali
Muchos olvidan que una parte masiva de las muertes ocurrió en la sombra, en la guerra contra el Cartel de Cali. Los Rodríguez Orejuela no eran santos, y la guerra entre el Valle y Antioquia llenó los ríos de cuerpos.
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Aquí los números se vuelven borrosos.
Muchos de los desaparecidos de esa época nunca entraron en las estadísticas oficiales de "víctimas de Escobar" porque se consideraban "ajustes de cuentas" entre delincuentes. Pero la orden venía de arriba. Los sicarios de Escobar, liderados por figuras como "Popeye", no solo mataban a narcos rivales. Mataban a sus abogados, a sus contadores y a cualquier persona que tuviera un vínculo, por pequeño que fuera, con sus enemigos. Fue una limpieza sistemática que dejó miles de familias destrozadas en ambos bandos.
¿Por qué las cifras varían tanto según a quién le preguntes?
Si hablas con un exsicario, te dará un número basado en la "efectividad" de sus oficinas de cobro. Si hablas con una asociación de víctimas, el número sube porque incluyen a los desaparecidos.
La realidad es que el sistema judicial colombiano de la época estaba colapsado. Muchos expedientes se quemaron en el Palacio de Justicia o simplemente se perdieron en el mar de la burocracia y el miedo. Ningún juez quería firmar una sentencia contra Escobar. Por eso, muchas muertes que hoy sabemos que fueron suyas, en su momento quedaron como "autores desconocidos".
Incluso su hijo, Juan Pablo Escobar (hoy Sebastián Marroquín), ha dicho en varias entrevistas que es imposible dar un número exacto, aunque reconoce la responsabilidad sistémica de su padre en la destrucción de una generación. Honestamente, intentar llegar a un número final es un ejercicio de frustración académica. Lo que importa es el impacto: Escobar deshumanizó la vida en Colombia durante más de una década.
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Mitos y exageraciones: Lo que no fue
A veces la cultura popular infla las cosas. He leído en foros de internet que Escobar mató a 15,000 personas. Eso es poco probable si hablamos de órdenes directas.
Sin embargo, si consideramos el aumento de la violencia generalizada y el surgimiento de grupos paramilitares que el mismo Escobar ayudó a financiar en sus inicios (como el MAS, Muerte a Secuestradores), la onda expansiva de su violencia sí pudo haber alcanzado esas cifras en el largo plazo. Pero hay que ser precisos. Una cosa es lo que él ordenó y otra el caos social que su existencia facilitó.
El legado del miedo y cómo entender la historia hoy
Mirar hacia atrás y preguntarse cuántas personas mató Pablo Escobar no debe ser un ejercicio de morbo. Es necesario para entender por qué Colombia es como es hoy.
Hoy en día, puedes visitar Medellín y ver una ciudad transformada, pero si hablas con la gente mayor en barrios como Castilla o la Comuna 13, las historias de esos años todavía se cuentan en voz baja. La cifra real de víctimas está grabada en las lápidas de los cementerios de San Pedro y los jardines de Montesacro.
Para los que buscan la verdad histórica, la clave no es solo el número, sino la identidad de los que se fueron. No eran solo números en un reporte de prensa; eran la élite intelectual, la fuerza policial y, sobre todo, miles de jóvenes que terminaron siendo carne de cañón en una guerra que no era suya.
Pasos para investigar la verdad histórica por cuenta propia
Si de verdad quieres profundizar en este tema sin quedarte en la narrativa de las series de televisión, aquí tienes una ruta clara:
- Lee "La Parábola de Pablo" de Alonso Salazar. Es, probablemente, la biografía más seria y menos glamorizada que existe. Salazar fue alcalde de Medellín y conoce el territorio como nadie.
- Consulta el Centro Nacional de Memoria Histórica de Colombia. Tienen informes detallados sobre la época del narcoterrorismo que desglosan las víctimas por regiones y tipos de ataque.
- Visita (o investiga) el Museo Casa de la Memoria en Medellín. Su enfoque no está en el victimario, sino en las víctimas. Es el lugar donde los números cobran nombre y apellido.
- Diferencia la ficción de la realidad. Series como Narcos o El Patrón del Mal se toman licencias creativas. A menudo combinan a tres o cuatro personajes reales en uno solo para agilizar la trama, lo que distorsiona la percepción de quién mató a quién.
La historia de Escobar es una advertencia sobre lo que sucede cuando el poder criminal supera la capacidad de respuesta de un país. Más allá de si fueron 4,000 o 5,000, la lección es el costo impagable de una era donde la vida no valía nada.