Ramón Valdés no era solo un actor. Para millones de personas que crecieron viendo la vecindad, él era ese tío flaco, gruñón y de gran corazón que todos teníamos. Por eso, cuando alguien pregunta cuándo murió Don Ramón, la respuesta no es solo una fecha en un calendario. Es el recordatorio de un vacío que la comedia latinoamericana nunca pudo volver a llenar. Sucedió el 9 de agosto de 1988. Tenía 64 años.
Fue una noticia que paralizó a México y gran parte de Sudamérica. En ese entonces no había Twitter ni notificaciones en el celular. La gente se enteró por la televisión, por la radio, o por el vecino que pasaba la voz. Se sentía como si un pariente se hubiera ido. Fue triste. Realmente triste.
El cigarrillo y la batalla final
La causa de su muerte no fue un misterio, aunque a veces los rumores de internet intenten inventar historias extrañas. Don Ramón era un fumador empedernido. Siempre lo veías con un cigarro en la mano, incluso en los sets de grabación cuando las cámaras estaban apagadas. Esa adicción le pasó factura en forma de cáncer de estómago.
A pesar de que los médicos le detectaron la enfermedad a mediados de los 80, Ramón no dejó de trabajar. Tenía esa ética de trabajo de la vieja escuela. Se sometió a una cirugía para reducir su estómago a la tercera parte, pero el cáncer ya había decidido que no se iba a ir tan fácil. Hizo metástasis en la columna vertebral.
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¿Sabes qué es lo más increíble? Su actitud. Sus compañeros de reparto, como Carlos Villagrán (Quico), cuentan que incluso en sus últimos días en el hospital, Ramón seguía haciendo bromas. No perdió el sentido del humor ni cuando el dolor era insoportable. Villagrán lo visitó poco antes de que falleciera y Ramón, viendo que su amigo estaba llorando, le soltó un: "Ya, no llores cachetón, allá te espero". Genio y figura hasta la sepultura.
Por qué nos dolió tanto la fecha en que murió Don Ramón
Hay una razón por la cual seguimos hablando de él décadas después. Ramón Valdés era el pegamento de El Chavo del 8. Sin él, la dinámica se rompió. Cuando él salió del programa por problemas con Florinda Meza y la dirección de Roberto Gómez Bolaños, el show simplemente no fue el mismo. Faltaba el blanco de los golpes, el deudor de la renta, el padre soltero que hacía lo que podía por la Chilindrina.
Los últimos pasos de un ícono
Después de dejar la vecindad, Ramón intentó seguir su camino. Se fue con "Quico" a Venezuela para hacer Federrico y luego ¡Ah qué Kiko!. Pero el destino ya estaba marcado. Su salud se deterioraba rápido.
Mucha gente cree que murió siendo millonario, pero la realidad es distinta. Ramón Valdés era un hombre sencillo. Vivía al día, muy parecido a su personaje, aunque con más trabajo encima. Tuvo 10 hijos. Sí, 10. Eso requiere mucho esfuerzo económico.
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El 9 de agosto de 1988, en el Hospital Santa Elena de la Ciudad de Ciudad de México, el corazón de "Monchito" dejó de latir. Su funeral fue multitudinario, pero hubo una ausencia que dolió a los fans: Roberto Gómez Bolaños no asistió. Chespirito estaba fuera del país y, aunque expresó su dolor años después, el hecho de que no estuviera ahí alimentó durante años las teorías sobre su mala relación.
Mitos y realidades sobre su partida
A veces escuchas que murió en el set o que estaba en la miseria total. No es cierto.
- Murió rodeado de su familia.
- Tenía cáncer, no fue un accidente.
- Angelines Fernández, la "Bruja del 71", fue la que más sufrió en el entierro. Se quedó dos horas junto a su féretro gritando "¡Mi rorro, mi rorro!". Fue una escena que rompió el alma a los asistentes. Eran amigos íntimos en la vida real.
Es curioso cómo el tiempo vuela. Si sacas cuentas, ya han pasado casi cuatro décadas desde cuándo murió Don Ramón, y si pones un capítulo hoy, te sigues riendo igual. Su comedia no caduca porque no se basaba en chistes tecnológicos o modas pasajeras. Se basaba en la humanidad. En el tipo que no tiene dinero pero tiene dignidad (o algo parecido). En el hombre que recibe un golpe de un niño y, aunque se enoja, al final lo perdona.
El legado que no se apaga
Si vas a la Ciudad de México, mucha gente todavía visita su tumba en los Mausoleos del Ángel. No es un monumento gigante. Es algo sobrio. Pero siempre tiene flores. Siempre hay alguien dejando una nota o simplemente diciendo "gracias".
¿Qué podemos aprender de esto? Básicamente, que la autenticidad es lo que te hace eterno. Ramón Valdés no actuaba de Don Ramón; él era Don Ramón, solo que con un poco más de guion. Su naturalidad es lo que lo mantiene vivo en YouTube, en TikTok y en los memes de hoy en día.
Para entender el impacto de su partida, solo hay que ver cómo terminó la serie. Sin él, el Señor Barriga no tenía a quién cobrarle, la Chilindrina quedó huérfana de trama y Doña Florinda se quedó sin nadie a quien abofetear injustamente. Él era el centro de gravedad.
Cómo mantener viva la memoria de Don Ramón hoy
Si quieres honrar su legado más allá de saber la fecha exacta de su fallecimiento, aquí tienes un par de pasos prácticos que puedes seguir:
- Busca las entrevistas raras: En plataformas de video existen un par de entrevistas que dio en Chile y Perú poco antes de morir. Verlo hablar como él mismo, con su sencillez, te da una perspectiva nueva sobre el hombre detrás del sombrero de mezclilla.
- Visita el canal oficial de la familia Valdés: Miguel Valdés, su nieto, ha hecho un trabajo increíble recuperando fotos y videos inéditos que muestran a un Ramón fuera de cámaras, siendo un abuelo y padre amoroso. Es el mejor lugar para obtener datos reales sin el filtro de los rumores de pasillo.
- Revalora su trabajo en el cine de oro mexicano: Antes de ser Don Ramón, actuó en decenas de películas junto a su hermano Germán Valdés "Tin Tan". Verlo joven, bailando y mostrando su rango actoral es una experiencia necesaria para cualquier fan de la comedia.
- Lee "Después de usted": El libro de memorias de Rubén Aguirre (El Profesor Jirafales) dedica capítulos hermosos a Ramón, donde describe la complejidad de su personalidad y la calidez que aportaba al grupo, confirmando que el 9 de agosto de 1988 no solo murió un actor, sino el alma de un equipo.
Don Ramón nos enseñó que no hay trabajo malo, lo malo es tener que trabajar. Pero sobre todo, nos enseñó que se puede ser inolvidable siendo simplemente uno mismo.