Cuáles son los mandamientos de Dios y por qué la gente aún los confunde

Cuáles son los mandamientos de Dios y por qué la gente aún los confunde

Si vas por la calle y le preguntas a diez personas cuáles son los mandamientos de Dios, lo más probable es que recibas diez respuestas incompletas. Algunos recordarán lo de no matar o no robar, otros mencionarán algo sobre el deseo y la mayoría se quedará en blanco a mitad de camino. Es curioso. Hablamos de un código ético que ha moldeado la civilización occidental durante milenios, pero que hoy parece guardado en un cajón de sastre mental junto a las capitales de los países que nunca visitamos.

No son solo leyes antiguas. Son, básicamente, un mapa de relaciones humanas.

La realidad es que el Decálogo —que es el nombre técnico que reciben estas "diez palabras"— no apareció de la nada en una película de Charlton Heston con efectos especiales de los años 50. Para entender realmente cuáles son los mandamientos de Dios, hay que mirar el texto del Éxodo y del Deuteronomio en la Biblia. Ahí es donde la cosa se pone interesante porque, dependiendo de si le preguntas a un católico, a un judío o a un protestante, la lista cambia un poquito. No en el fondo, pero sí en cómo los agrupan.

Es una locura pensar que algo tan fundamental tenga versiones distintas, ¿verdad?

El origen real: Más que simples reglas

Hace unos 3,000 años, en el monte Sinaí, se supone que Moisés recibió estas tablas. Pero antes de entrar en la lista, hay que entender el contexto. El pueblo de Israel acababa de escapar de Egipto. Estaban libres, pero estaban perdidos. Sin leyes, la libertad se convierte en caos muy rápido. Los mandamientos no se entregaron para quitarles la diversión, sino para que no se terminaran matando entre ellos en el desierto.

Honestamente, si lo miras sin el filtro religioso, es un contrato social primitivo.

La primera tableta: La conexión vertical

Los primeros mandamientos suelen enfocarse en la relación entre el individuo y lo divino. El primero es rotundo: "Amarás a Dios sobre todas las cosas". Para el pensamiento judío, esto es el cimiento. Si no hay una autoridad superior, el resto de las reglas son sugerencias opcionales. Luego viene lo de no tomar el nombre de Dios en vano. Mucha gente cree que esto solo significa no decir palabrotas usando nombres sagrados, pero los expertos en teología como San Agustín o los rabinos del Talmud sugieren que es algo más profundo. Se trata de no usar la religión para justificar maldades o mentiras. Es decir, no seas hipócrita.

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Después está el tema del día de reposo. En el Éxodo se nos dice que hay que santificar las fiestas o el sábado (Sabbat). En un mundo donde hoy trabajamos 24/7 y no soltamos el móvil ni para dormir, esta regla suena casi revolucionaria. ¿Un día entero para no producir nada? Qué locura. Pero ahí reside la sabiduría del descanso obligatorio.

La segunda tableta: Cómo no ser una persona horrible

Aquí es donde entramos en lo que la mayoría recuerda de cuáles son los mandamientos de Dios. Son las reglas de convivencia. El cuarto mandamiento (o quinto, según la numeración) es honrar a tu padre y a tu madre. Es el primer mandamiento que viene con una "promesa": que te irá bien y vivirás mucho tiempo. No se trata solo de obedecer cuando eres niño, sino de cuidar la estructura familiar cuando los padres envejecen.

Luego vienen los "No":

  • No matarás.
  • No cometerás actos impuros.
  • No robarás.
  • No dirás falso testimonio ni mentirás.

Parecen obvios. Pero fíjate en el de "no matarás". El hebreo original usa una palabra específica para el asesinato ilegal, no para toda forma de quitar la vida. Es un matiz importante que ha generado debates teológicos eternos sobre la guerra o la legítima defensa. Y sobre el "no robar", no solo se refiere a meter la mano en la caja registradora. Implica la justicia social, el no quitarle al otro lo que le pertenece por derecho, ya sea su tiempo, su salario o su dignidad.

El problema de las dos versiones

¿Por qué tu amigo evangélico dice que hay un mandamiento sobre las imágenes y tu tía católica no lo menciona?

Aquí está el truco. La Biblia no numera los mandamientos del 1 al 10. Es un bloque de texto. El judaísmo considera que el primer mandamiento es la declaración "Yo soy el Señor tu Dios que te sacó de Egipto". Los protestantes suelen separar la prohibición de adorar imágenes como el segundo mandamiento. Los católicos y luteranos, en cambio, agrupan la prohibición de otros dioses e imágenes en el primero y, para llegar a diez, dividen el mandamiento sobre la codicia en dos: no desearás la mujer de tu prójimo y no codiciarás sus bienes.

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Es la misma información, solo que cortada de forma diferente. Al final, lo que importa es el espíritu de la norma, no el número de la lista.

¿Siguen vigentes en el siglo XXI?

Vivimos en una era de relativismo. "Mi verdad", "tu verdad", "cada quien con lo suyo". En ese escenario, una lista de mandamientos absolutos suena a algo rancio. Pero si quitas el envoltorio religioso por un momento, te queda un código de ética que cualquier sociedad funcional necesita.

¿Podemos tener una sociedad sana si el falso testimonio (la mentira) es la norma? Probablemente no. La desinformación y las "fake news" son versiones modernas de romper este mandamiento, y ya vemos el daño que hacen. ¿Podemos prosperar si nadie respeta la propiedad ajena o la vida? Imposible.

Kinda parece que, aunque nos creamos muy modernos, seguimos necesitando esos límites básicos para no despedazarnos.

Los mandamientos explicados uno por uno (Versión resumida)

Para que no te líes la próxima vez que salga el tema, aquí tienes la esencia de lo que realmente dicen estos textos antiguos, sin tanta parafernalia:

  1. Reconocer una prioridad absoluta. No poner el dinero, el ego o el poder por encima de los valores espirituales o éticos más altos.
  2. Cuidar el lenguaje. No usar lo sagrado o lo importante para manipular a los demás.
  3. El descanso necesario. Reconocer que no somos máquinas y que el tiempo de desconexión es sagrado.
  4. Respeto a las raíces. Cuidar el vínculo con quienes nos dieron la vida y la educación.
  5. Respeto a la vida. No solo no asesinar, sino no destruir al otro.
  6. Integridad en los vínculos. La fidelidad como base de la confianza en la pareja.
  7. Respeto a lo ajeno. La honestidad básica en lo material.
  8. La verdad como pilar. No mentir ni difamar. La reputación ajena es sagrada.
  9. Pureza de pensamiento. No ver a las personas como objetos para nuestro deseo.
  10. Controlar la envidia. Estar satisfecho con lo propio sin amargarse por lo que el vecino ha logrado.

La simplificación de Jesús

Si eres de los que se agobian con tantas reglas, hay un "atajo". En los Evangelios, cuando le preguntan a Jesús cuál es el mandamiento más importante, él no elige uno de los diez. Él resume todo en dos: "Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón" y "Amarás a tu prójimo como a ti mismo".

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Básicamente dice que si logras hacer eso último, los otros nueve mandamientos se cumplen solos. Si amas a tu prójimo, no le vas a robar, no le vas a mentir y no le vas a quitar la vida. Es lógica pura. Sorta de una genialidad pedagógica que reduce la complejidad legal a una actitud ante la vida.

La trampa de la codicia

Mucha gente ignora los últimos mandamientos, los de "no codiciar". Son los más difíciles porque ocurren dentro de la cabeza. No son acciones externas. Puedes no robarle el coche a tu vecino, pero estar muriéndote de envidia por dentro porque él tiene un Tesla y tú un utilitario de hace diez años.

Esa codicia es la raíz de la infelicidad moderna. Estamos bombardeados por publicidad que nos dice que necesitamos lo que no tenemos. Al final, los mandamientos de Dios terminan siendo un manual de salud mental: deja de mirar lo que tiene el otro y enfócate en tu propio camino.

Pasos prácticos para aplicar estos principios hoy

No hace falta ser un monje para que este conocimiento sea útil en tu día a día. Aquí tienes cómo bajar estas ideas a la tierra:

  • Audita tus prioridades. ¿Qué es lo que realmente rige tu vida? Si es el trabajo o el éxito a cualquier precio, quizás estás rompiendo el primer mandamiento sin darte cuenta.
  • Practica el "Sabbat" digital. Elige un día, o al menos unas horas a la semana, para desconectar totalmente de la producción y el consumo. Recupera tu tiempo.
  • Revisa tus palabras. Antes de hablar mal de alguien o soltar una mentira piadosa, recuerda que la verdad es lo que mantiene unida a la sociedad.
  • Cultiva la gratitud. La mejor forma de combatir la codicia (el décimo mandamiento) es hacer una lista diaria de tres cosas que ya tienes y por las que estás agradecido.

Entender cuáles son los mandamientos de Dios va mucho más allá de memorizar una lista para un examen de religión. Es comprender un sistema de pesos y contrapesos diseñado para que la convivencia humana sea algo más que una lucha de todos contra todos. Al final del día, se trata de respeto: respeto a lo trascendente, respeto a los demás y, sobre todo, respeto a uno mismo.