Basta con abrir Instagram o encender la televisión para que nos bombardeen con una idea muy específica de perfección. Mandíbulas talladas, piel sin poros, un coeficiente intelectual por las nubes y una resiliencia emocional de acero. Pero, si nos ponemos técnicos y miramos la biología de cerca, esa imagen es una mentira absoluta. De hecho, es un desastre evolutivo.
Si te preguntas cuál es el humano perfecto, la respuesta corta es que no existe. La respuesta larga es mucho más fascinante porque depende de quién haga la pregunta: ¿un genetista, un ingeniero biónico o un filósofo?
A ver. La evolución no busca la "perfección". Busca lo que "funciona lo suficiente para no morir antes de reproducirse". Por eso tenemos dolores de espalda, muelas del juicio que no caben en la boca y un conducto para comer que está peligrosamente cerca del que usamos para respirar. Somos un conjunto de parches biológicos.
La anatomía del "humano perfecto" según la ciencia
Hace unos años, la anatomista Alice Roberts decidió diseñar un cuerpo humano eliminando nuestros fallos de fábrica. El resultado fue... inquietante. Para que un humano fuera "perfecto" en términos de durabilidad y eficiencia, no se parecería en nada a un modelo de pasarela.
Roberts sugirió que deberíamos tener orejas grandes como las de los murciélagos para procesar mejor el sonido. Nuestros ojos deberían ser como los de los pulpos, que no tienen el punto ciego que nosotros sí tenemos debido a cómo se conecta el nervio óptico. ¿Y la espalda? Olvídate de la columna vertebral en forma de S que tanto sufre. Un diseño más eficiente sería algo más rígido, similar al de los chimpancés, o directamente una estructura que no colapse bajo la gravedad terrestre tras 40 años de caminar erguidos.
Piel de reptil y bolsas de canguro
Para ser realmente resistentes, nuestra piel debería ser más parecida a la de los reptiles para protegernos de los rayos UV sin necesidad de bloqueador solar constante. Además, Roberts propuso una bolsa marsupial. Sí, como los canguros. El parto humano es uno de los más peligrosos y dolorosos del reino animal porque nuestras cabezas son demasiado grandes para nuestras pelvis (consecuencia de caminar en dos patas). Un bebé que nazca mucho antes y termine de desarrollarse en una bolsa externa sería, técnicamente, una solución perfecta.
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Honestamente, nadie querría verse así. Pero ahí está la paradoja: la estética humana es enemiga de la eficiencia biológica.
El mito del ADN impecable
A veces pensamos que el humano perfecto es aquel con "buenos genes". Pero la genética es un juego de equilibrio.
Tomemos como ejemplo la anemia falciforme. Es una enfermedad dolorosa y grave. Sin embargo, tener una copia del gen que la causa protege contra la malaria. Entonces, en una región con muchos mosquitos, ¿quién es el humano más "perfecto"? ¿El que tiene sangre "limpia" pero muere de malaria, o el que porta un gen de enfermedad pero sobrevive a la epidemia?
La perfección genética es un concepto móvil. Cambia según el entorno.
- Adaptabilidad térmica: Un cuerpo perfecto en el Ártico (bajo, robusto, con mucha grasa parda) sería un fracaso total en el Sahara.
- Resistencia a patógenos: Tu sistema inmunológico es perfecto hoy, hasta que el virus de mañana muta.
- Densidad ósea: Los huesos densos son geniales para evitar fracturas, pero te hunden si necesitas nadar largas distancias.
¿Qué pasa con la perfección mental?
Aquí es donde la cosa se pone subjetiva. Solemos asociar al humano perfecto con una inteligencia superior, una memoria fotográfica y una calma budista. Pero la neurociencia sugiere que nuestros "defectos" cognitivos son herramientas de supervivencia.
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El olvido, por ejemplo. Si recordaras absolutamente cada detalle de cada segundo de tu vida (una condición llamada hipermnesia), tu cerebro se saturaría. No podrías filtrar lo importante de lo trivial. La imperfección de nuestra memoria es lo que nos permite generalizar, crear conceptos y ser creativos.
Incluso la ansiedad, esa que tanto odiamos, fue perfecta para nuestros ancestros. El humano "perfecto" que no sentía miedo en la sabana terminó siendo la cena de un león. Nosotros somos los descendientes de los humanos paranoicos y estresados.
La era del Biohacking y la edición genética
Con herramientas como CRISPR-Cas9, la pregunta sobre cuál es el humano perfecto ha dejado de ser filosófica para volverse una cuestión de laboratorio. Ya no esperamos a que la evolución decida. Ahora queremos decidir nosotros.
Científicos como He Jiankui (quien generó una enorme controversia mundial al editar embriones humanos) han intentado crear humanos "resistentes" a enfermedades como el VIH. Pero jugar a ser dioses tiene un precio. A menudo, mejorar una característica debilita otra. Es lo que se llama pleiotropía: un solo gen afecta múltiples rasgos. Quieres más inteligencia, pero quizás termines con una hipersensibilidad al dolor. Quieres músculos que nunca se atrofien, pero quizás tu corazón sufra por el esfuerzo metabólico.
El concepto de "Antifragilidad"
Nassim Taleb introdujo el concepto de lo antifrágil, y creo que se aplica perfectamente aquí. El humano perfecto no es el que es robusto y nunca cambia. Es el que mejora con el caos.
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Nuestros huesos se fortalecen cuando se estresan por el peso. Nuestros músculos crecen cuando se rompen sus fibras en el gimnasio. Nuestro sistema inmune aprende cuando se expone a bacterias. Si creáramos un humano "perfecto" que no necesitara adaptarse, sería el ser más frágil del planeta. Al primer cambio ambiental, se extinguiría.
Básicamente, nuestra capacidad de ser imperfectos y arreglarnos sobre la marcha es nuestra mayor ventaja competitiva.
Perspectiva cultural: La belleza de la cicatriz
En Japón existe el concepto de Kintsugi, que consiste en reparar cerámica rota con oro. La pieza final es más valiosa por haber sido dañada.
Socialmente, estamos obsesionados con la simetría facial y el IMC bajo. Pero si miras la historia de la humanidad, los individuos que han movido la aguja del progreso rara vez encajaban en el molde de la perfección de su época. La imperfección suele ser el motor del cambio.
Lo que puedes hacer hoy para "optimizar" tu humanidad
Si buscas alcanzar una versión más cercana a tu ideal, olvídate de la perfección absoluta y céntrate en la funcionalidad real. No necesitas ser un superhumano de ciencia ficción, necesitas un cuerpo y una mente que respondan a tus objetivos.
- Prioriza la variabilidad de la frecuencia cardíaca (VFC): Es un indicador real de qué tan bien responde tu sistema nervioso al estrés. No se trata de no tener estrés, sino de recuperarte rápido.
- Entrena para la longevidad, no para el espejo: La fuerza de agarre y la masa muscular en las piernas son mejores predictores de una vida larga que tener abdominales marcados.
- Fomenta la neuroplasticidad: Aprende algo que te haga sentir estúpido. El proceso de pasar de la incompetencia a la maestría es lo que mantiene el cerebro "joven".
- Acepta el desfase evolutivo: Entiende que tu cerebro quiere azúcar porque piensa que estás en el Paleolítico. No eres débil, solo tienes un software antiguo. Al reconocerlo, dejas de culparte y empiezas a hackear tu entorno.
Al final, el humano perfecto es el que es capaz de navegar un mundo imperfecto sin romperse en el intento. La perfección es un estado estático, y la vida, por definición, es movimiento y error.
Deja de buscar la falla en el espejo. Evolutivamente hablando, el simple hecho de que estés aquí leyendo esto significa que tus genes ya han superado pruebas brutales durante miles de años. Ya eres un éxito biológico, aunque te duela la espalda al levantarte de la silla.