Cómo va el Sevilla y por qué este año se siente como una montaña rusa sin frenos

Cómo va el Sevilla y por qué este año se siente como una montaña rusa sin frenos

El Sevilla FC es un enigma. No hay otra forma de decirlo. Si intentas explicarle a alguien que no sigue La Liga cómo va el Sevilla, probablemente acabes rascándote la cabeza porque la lógica parece haberse tomado unas vacaciones largas en Nervión. Estamos en enero de 2026 y el club sigue atrapado en esa transición eterna que parece no tener fin. Es frustrante. Es emocionante a ratos. Pero, sobre todo, es confuso para una afición que se acostumbró al caviar de la Europa League y ahora tiene que pelear cada centímetro de césped como si fuera una final de supervivencia.

No es solo el marcador. Es el alma del equipo lo que está en juego.

La realidad de los puntos: ¿Cómo va el Sevilla en la tabla?

A ver, siendo directos: la clasificación no miente, pero a veces camufla la realidad. Actualmente, el equipo merodea la zona media, mirando de reojo hacia arriba con esperanza y hacia abajo con un miedo que no termina de desaparecer. La irregularidad ha sido la norma. Un fin de semana le ganan a un rival directo con una solvencia que te hace pensar "vale, ya han vuelto", y a los siete días se desmoronan por un error defensivo infantil que parece impropio de profesionales de este nivel.

La defensa ha sido el gran quebradero de cabeza. García Pimienta ha intentado imponer un estilo de juego asociativo, de tener la pelota, de ser protagonistas. Kinda funciona. Pero cuando pierden el balón en zonas de transición, el equipo sufre horrores. Los centrales se quedan expuestos y la velocidad de repliegue no es precisamente la de un Fórmula 1. Si miras las estadísticas de goles encajados, ahí tienes la respuesta de por qué el Sevilla no está cinco puestos más arriba.

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La buena noticia es que el Sánchez-Pizjuán sigue siendo un fortín a ratos. La gente aprieta. El "Dicen que nunca se rinde" no es solo un eslogan de marketing; es lo que mantiene a los jugadores corriendo en el minuto 85 cuando las piernas ya pesan una tonelada. Pero fuera de casa... ay, fuera de casa la historia cambia y el equipo se vuelve vulnerable, casi tímido.


El factor cantera y los nombres propios

Lo que sí es refrescante este año es ver caras nuevas que sienten el escudo. Ante la falta de presupuesto para fichajes de 50 millones de euros, el Sevilla ha tenido que mirar hacia abajo, hacia la carretera de Utrera. Y honestamente, ha sido lo mejor que les podía pasar. Isaac Romero sigue siendo ese soplo de aire fresco, un delantero que muerde, que pelea balones imposibles y que le da al equipo esa garra que los mercenarios de años anteriores no tenían.

  • Ejuke y su desborde: Ha sido de lo más divertido de ver, aunque a veces se exceda en el regate.
  • La madurez de Lokonga: En el centro del campo, cuando las lesiones le respetan, se nota que tiene un nivel superior. Dicta el ritmo, pausa el juego y sabe cuándo acelerar.
  • La sombra de las lesiones: Es el cuento de nunca acabar. Badé, Saúl... parece que el departamento médico tiene más trabajo que el cuerpo técnico.

Saúl Ñíguez llegó como el líder espiritual, el veterano que debía poner orden en el caos. Su impacto inicial fue brutal, pero las sanciones y los problemas físicos han cortado ese ritmo. Cuando él está, el equipo juega a otra cosa. Tiene ese "oficio" que se echa de menos en una plantilla tan joven y, a veces, algo inocente.

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¿Qué pasa con la directiva?

No se puede hablar de cómo va el Sevilla sin mencionar el palco. La guerra interna entre José María del Nido Benavente y la actual gestión de Del Nido Carrasco sigue siendo un ruido de fondo constante. Es imposible que eso no afecte. Los jugadores dicen que se abstraen, pero tú y yo sabemos que no es verdad. Cuando el entorno institucional es un polvorín, el césped acaba quemándose. Las juntas de accionistas se parecen más a un programa de telerrealidad que a la gestión de un club de élite, y eso desgasta a una afición que solo quiere ver a su equipo ganar.

El estilo de juego: ¿Funciona el 'Pimienta-ball'?

García Pimienta es un romántico del fútbol. Quiere salir jugando desde atrás, incluso cuando el portero tiene a tres delanteros encima presionando la salida. Es arriesgado. Mucho. A veces sale bien y el Sevilla rompe líneas con una elegancia que recuerda a los mejores tiempos de Banega. Otras veces, el error es fatal y el murmullo en la grada empieza a sonar fuerte.

Lo cierto es que el equipo genera ocasiones. No es un Sevilla aburrido de ver, eso hay que concedérselo. Han pasado de ese fútbol de centros laterales infinitos de la era Mendilibar a un juego más interior, buscando asociaciones cortas. El problema es la pegada. Falta ese "killer" que no perdone. Se generan cinco ocasiones claras para meter una, y en Primera División, si perdonas, te acaban castigando. Básicamente, el Sevilla es un equipo que propone mucho pero concreta poco.

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La presión de la Europa League

Este año, la ausencia de competiciones europeas es un arma de doble filo. Por un lado, tienes toda la semana para preparar los partidos, descansar y recuperar efectivos. Por otro, el Sevilla sin Europa se siente como un pez fuera del agua. Económicamente es un golpe duro, y deportivamente, el prestigio se resiente. El objetivo real, aunque nadie quiera decirlo en voz alta para no meter presión extra, es volver a asomar la cabeza por los puestos que dan acceso a jugar los jueves (o los martes/miércoles) por el continente.


Cómo afrontar lo que queda de temporada: Pasos clave

Si eres sevillista o simplemente quieres seguir de cerca la evolución del equipo, hay varios puntos críticos que determinarán si este año termina en celebración en la Puerta de Jerez o en otra decepción silenciosa. La clave no está solo en los resultados, sino en la estabilidad del proyecto.

  1. Blindar la defensa en transiciones: El equipo necesita encontrar un equilibrio entre la posesión y la seguridad defensiva. No se puede atacar con tantos hombres si no hay un sistema de coberturas sólido. El regreso de piezas clave en la zaga será vital.
  2. Confianza ciega en la cantera: Los chavales han demostrado que tienen más hambre que muchos veteranos. Hay que darles continuidad, incluso cuando cometan errores de juventud. Juanlu, Isaac y compañía son el futuro y el presente.
  3. Gestionar el mercado de invierno: Con el límite salarial apretando, la dirección deportiva de Víctor Orta tiene que hacer magia. Salidas de jugadores con fichas altas que no aportan y buscar cesiones inteligentes que aporten músculo en el mediocampo.
  4. Aislamiento del ruido externo: La plantilla debe cerrar filas. Lo que ocurra en los juzgados o en las asambleas de accionistas no puede entrar en el vestuario. Los capitanes como Jesús Navas, en su último tramo, tienen la misión de mantener el grupo unido.

El Sevilla está en una fase de reconstrucción profunda. No es un bache de dos meses; es un cambio de modelo total. Pasar de un equipo veterano y caro a uno joven y sostenible lleva tiempo y, desgraciadamente, conlleva derrotas dolorosas por el camino. Pero si algo nos ha enseñado la historia de este club es que nunca hay que darlo por muerto. Justo cuando crees que se hunde, encuentra una forma de reinventarse y volver a morder. La pregunta no es solo cómo va el Sevilla, sino hasta dónde es capaz de llegar este grupo de jugadores cuando por fin se lo crean del todo.

La estabilidad táctica será el factor diferencial. Si Pimienta logra que sus jugadores confíen plenamente en su idea sin miedo al error, el Sevilla volverá a ser ese equipo que nadie quiere visitar. Mientras tanto, toca sufrir, apretar los dientes y esperar que la calidad individual de los de arriba empiece a compensar las lagunas de atrás. El fútbol en Nervión siempre ha sido una cuestión de fe, y ahora mismo, la fe es lo único que no se puede perder.

Sigue de cerca los próximos tres partidos en casa, porque ahí es donde se va a decidir si el Sevilla lucha por Europa o se queda en tierra de nadie. La exigencia es máxima, pero la recompensa, recuperar la identidad, vale todo el esfuerzo.