Cómo va El Salvador: Lo que nadie te cuenta sobre la realidad actual

Cómo va El Salvador: Lo que nadie te cuenta sobre la realidad actual

Si entras a Twitter —bueno, X— te vas a encontrar con dos mundos paralelos. En uno, El Salvador es básicamente la Wakanda de Centroamérica, un paraíso de bitcóin y seguridad total. En el otro, es un régimen autoritario donde el costo de la vida está asfixiando a la gente. Pero, ¿cómo va El Salvador realmente? La respuesta corta es que depende de a quién le preguntes y en qué billetera te fijes. No es blanco ni negro. Es un gris bastante complejo que merece que nos detengamos a mirar las cifras de Hacienda, los reportes de seguridad y, sobre todo, los precios del cartón de huevos en el súper.

La transformación es innegable. Hace cinco años, hablar de este país era hablar de las maras. Hoy, el ambiente en las calles de San Salvador o Santa Ana es otro. Pero esa paz tiene un precio, y no me refiero solo a los derechos humanos, sino al bolsillo de los salvadoreños que están viendo cómo la canasta básica sube mientras el crecimiento económico se siente, honestamente, un poco estancado para el ciudadano de a pie.

La seguridad: El fin de las fronteras invisibles

No podemos hablar de cómo va El Salvador sin tocar el elefante en la habitación: el Régimen de Excepción. Es el pilar de todo. Para el que vive afuera, las imágenes de la megacárcel (CECOT) son impactantes, pero para el que vive en la colonia Soyapango o en la Campanera, el cambio es que ya no tienen que pagar "la renta" a un pandillero para poder abrir su tienda.

Las fronteras invisibles han desaparecido. Eso es un hecho factual. Antes, pasar de una calle a otra controlada por la pandilla contraria era una sentencia de muerte. Hoy, la gente camina por el Centro Histórico a las diez de la noche. Según datos oficiales de la Policía Nacional Civil (PNC), el país ha pasado de ser el más violento del mundo a tener tasas de homicidios que compiten con países europeos. Es una locura si lo piensas.

Sin embargo, hay matices que duelen. Organizaciones como Cristosal y el Socorro Jurídico Humanitario han documentado miles de detenciones de personas que no tenían nada que ver con pandillas. Hay familias enteras buscando a parientes que "se llevó el régimen" y de los que no saben nada. Esa es la otra cara de la moneda. La seguridad es real, pero el costo institucional es altísimo. Se ha sacrificado el debido proceso a cambio de la paz social. ¿Vale la pena? Para la gran mayoría de salvadoreños, que según las encuestas de la UCA (Universidad Centroamericana José Simeón Cañas) siguen aprobando la gestión de seguridad, parece que sí. Pero si te toca a ti ser el "error" del sistema, la perspectiva cambia por completo.

La economía de El Salvador: Bitcóin, deuda y el costo del súper

Aquí es donde la cosa se pone color de hormiga. Si bien la seguridad ha atraído turismo —y mucho—, la macroeconomía es un rompecabezas que no termina de armar. Bukele apostó fuerte por el Bitcóin en 2021. Fue el primer país del mundo en hacerlo moneda de curso legal. ¿Ha funcionado? Depende de qué midas.

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Como estrategia de marketing, fue brillante. Puso a El Salvador en el mapa de inversores tecnológicos que antes no sabían ni dónde quedaba el país. Pero en el uso diario, la verdad es que el bitcóin no ha pegado. Vas a un mercado en Santa Tecla y la gente quiere dólares. Punto. La billetera estatal Chivo Wallet tuvo un "boom" inicial por el bono de $30, pero hoy muchos la tienen olvidada.

El problema del bolsillo diario

Lo que realmente preocupa al salvadoreño hoy no es el precio del BTC, sino que el aceite subió casi el doble. La inflación alimentaria ha golpeado fuerte. El Salvador es un país que importa casi todo lo que come. Si el combustible sube o si hay problemas logísticos mundiales, el precio de la tortilla vuela.

  • La deuda pública ronda el 80% del PIB.
  • El crecimiento económico para este año se proyecta entre el 2% y el 3%, según el Banco Central de Reserva (BCR).
  • La inversión extranjera directa ha crecido, pero no al ritmo necesario para generar empleo masivo fuera del sector servicios o turismo.

Honestamente, el país está viviendo de las remesas. Casi el 25% del Producto Interno Bruto viene de los salvadoreños en el exterior (los "hermanos lejanos"). Sin ese dinero, la economía colapsaría mañana. Es una dependencia peligrosa porque si la economía de Estados Unidos estornuda, a El Salvador le da neumonía.

Turismo: De las olas al Centro Histórico

Si hay algo que va bien, es el turismo. El concepto de "Surf City" no fue solo un eslogan bonito; funcionó. La zona de El Tunco y El Zonte están llenas de nómadas digitales y surfistas de todo el mundo. Las playas que antes daban miedo ahora tienen hoteles boutique y cafeterías de especialidad.

El Centro Histórico de San Salvador también ha tenido un lavado de cara impresionante. La Biblioteca Nacional (BINAES), donada por China, pasa llena 24/7. Es un espacio de lujo que los salvadoreños han adoptado como propio. Esto ha generado una sensación de orgullo nacional que no se veía en décadas. Ver a familias enteras paseando por la Plaza Libertad un domingo por la tarde es algo que, hace diez años, parecía ciencia ficción.

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Pero hay un efecto secundario: la gentrificación. En zonas como Escalón o San Benito, los alquileres se han disparado. Los apartamentos se venden en precios que solo extranjeros o la élite local pueden pagar. Muchos jóvenes salvadoreños sienten que, aunque el país está más bonito, ellos ya no pueden permitirse vivir en él.

El escenario político y la concentración de poder

¿Cómo va El Salvador en términos democráticos? Pues, básicamente, hay una sola voz. Las elecciones de 2024 confirmaron lo que ya sabíamos: Nayib Bukele tiene un control total. Ganó con un margen histórico, aplastando a los partidos tradicionales (ARENA y FMLN) que se hundieron solitos después de décadas de corrupción.

La oposición está desarticulada. No hay una figura que le haga sombra. Esto permite que las decisiones se tomen rápido. ¿Quieres construir un viaducto en la carretera a Los Chorros? Se hace. ¿Quieres cambiar la ley de pensiones? Se cambia en una tarde. La eficiencia es alta, pero los frenos y contrapesos son casi nexistentes. La Asamblea Legislativa es, en la práctica, una oficina que sella los decretos presidenciales.

Esto preocupa a organismos internacionales como la OEA o la ONU, que señalan el debilitamiento de la separación de poderes. Pero a pie de calle, a mucha gente no le importa la "institucionalidad" si siente que por fin alguien "está haciendo algo". Es una tensión constante entre la eficacia autoritaria y la democracia liberal.

Educación y Salud: ¿Hubo cambios reales?

Se ha invertido mucho en infraestructura. El programa "Enlaces con la Educación" entregó computadoras y tablets a casi todos los estudiantes del sistema público. Es un avance tecnológico gigante, aunque todavía hay escuelas en el interior del país que no tienen techo o donde el internet no llega. La brecha digital se cerró en hardware, pero la calidad educativa todavía tiene mucho camino por recorrer.

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En salud, se modernizaron hospitales y se creó el sistema de emergencias médicas (SEM) con ambulancias de primer nivel. Pero vas a un hospital nacional y todavía te encuentras con citas para especialistas que tardan seis meses. Las deficiencias históricas del sistema de salud salvadoreño son tan profundas que no se arreglan en un solo periodo presidencial, por más publicidad que se le haga.

Qué esperar en los próximos meses

Si estás pensando en invertir o visitar, tienes que entender que el país está en una etapa de "consolidación". Ya pasó la euforia de los anuncios de Bitcóin y ahora toca ver si el modelo es sostenible. La clave será ver si el gobierno logra atraer industria pesada o centros tecnológicos que generen empleos de alto valor, porque el turismo solo no alcanza para alimentar a 6 millones de personas.

También habrá que seguir de cerca la relación con los organismos financieros internacionales. El Salvador necesita un acuerdo con el FMI (Fondo Monetario Internacional) para estabilizar sus finanzas y bajar las tasas de interés de su deuda. El tema del bitcóin sigue siendo el punto de fricción en esas negociaciones.


Pasos a seguir si te interesa el contexto salvadoreño:

  1. Si vas de visita: No te quedes solo en la capital. Ve a la Ruta de las Flores (Apaneca, Juayúa) para ver la parte agrícola y cultural, y luego baja a Surf City para ver el contraste moderno.
  2. Si vas a invertir: Busca asesoría legal local actualizada. Las leyes de incentivos para tecnología son muy atractivas (exención de impuestos por 15 años), pero la burocracia todavía tiene sus mañas.
  3. Para entender la realidad social: No te quedes solo con las noticias de la televisión estatal ni con los hilos de activistas en X. Lee medios de ambos lados y, si puedes, habla con un salvadoreño que trabaje en el sector informal (que es el 70% de la economía). Ahí es donde realmente entiendes cómo va El Salvador.
  4. Monitorea los precios: Vigila el índice de precios al consumidor si planeas mudarte. San Salvador ya no es la ciudad barata que solía ser hace cinco años.

La realidad salvadoreña es vibrante y llena de energía, pero requiere una mirada crítica. El país ha dejado atrás su época más oscura de violencia, pero ahora enfrenta el reto de construir una economía sólida que no dependa solo de la imagen de un líder o de la volatilidad de una criptomoneda.