Cómo va el PSG: El caos táctico de Luis Enrique y la cruda realidad post-Mbappé

Cómo va el PSG: El caos táctico de Luis Enrique y la cruda realidad post-Mbappé

El Parque de los Príncipes ya no vibra con el mismo glamour de antes. Se siente distinto. Si te preguntas cómo va el PSG esta temporada, la respuesta corta es que el club está en una crisis de identidad profunda, navegando entre la genialidad táctica de Luis Enrique y una alarmante falta de pegada en Europa. Ya no está Messi. Neymar es un recuerdo lejano. Y Kylian Mbappé, el último gran pilar del proyecto de las "superestrellas", ahora viste de blanco en Madrid.

Honestamente, el equipo es una montaña rusa.

En la Ligue 1, como suele pasar, caminan con cierta tranquilidad porque el presupuesto de Qatar sigue siendo un abismo comparado con el del Brest o el Reims. Pero en la Champions League, que es donde realmente se mide el éxito en París, la cosa está color hormiga. Luis Enrique ha intentado instaurar un modelo donde el "colectivo" está por encima de las individualidades, pero cuando necesitas un gol en el minuto 85 contra el Atlético de Madrid o el Arsenal, ese colectivo a veces se queda mirando al banquillo buscando un milagro que no llega.

El experimento de Luis Enrique y la falta de un 9 real

Luis Enrique es un tipo testarudo. Lo sabemos todos. Su filosofía de posesión extrema y presión tras pérdida es innegociable, pero este año está llevando el concepto de "falso nueve" al límite. Al principio de la temporada, la lesión de Gonçalo Ramos dejó un hueco enorme. ¿Qué hizo "Lucho"? En lugar de fichar desesperadamente o confiar ciegamente en Kolo Muani, ha rotado a Marco Asensio, Bradley Barcola e incluso a Lee Kang-in en esa posición central.

A veces funciona de maravilla. El equipo fluye, mueve la pelota rápido y asfixia al rival. Pero otras veces, sobre todo en las noches europeas, el PSG parece un boxeador que lanza mil jabs pero ningún gancho de knockout. La efectividad goleadora ha caído en picado si comparamos los datos de goles esperados ($xG$) con los goles reales marcados en la fase de liga de la Champions.

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Barcola ha dado un paso al frente, eso es innegable. El chico tiene una zancada eléctrica y se ha convertido en el máximo goleador del equipo en el torneo doméstico. Sin embargo, pedirle a un joven que acaba de aterrizar en la élite que llene las botas de Mbappé es, básicamente, una misión suicida. La presión es asfixiante.

La defensa y el drama de la portería

Si hablamos de cómo va el PSG atrás, hay que mencionar a Gianluigi Donnarumma. El italiano es capaz de hacer la parada del siglo y, cinco minutos después, cometer un error en la salida de balón que le cuesta el partido al equipo. La sombra de Safonov empieza a ser alargada. Luis Enrique valora más que nada que su portero sepa jugar con los pies, y ahí "Gigio" sufre horrores.

La defensa central, liderada por Marquinhos, sigue pecando de cierta fragilidad mental en los momentos críticos. Pacho ha caído de pie en París, aportando una agresividad necesaria, pero la baja prolongada de Lucas Hernández se nota. Nuno Mendes es un puñal por la banda izquierda, pero a veces sube tanto que deja una autopista a sus espaldas. Es un equipo divertido de ver para el espectador neutral, pero un dolor de cabeza para sus propios aficionados.

El centro del campo: La luz de Vitinha y Warren Zaïre-Emery

Lo mejor del equipo está en la zona de máquinas. Vitinha es, probablemente, uno de los centrocampistas más infravalorados del mundo ahora mismo. Todo pasa por él. Dicta el ritmo, esconde la pelota y tiene un guante en el pie derecho. Junto a él, el "niño maravilla" Warren Zaïre-Emery sigue madurando a pasos agigantados, aunque esta temporada se le ha visto un poco más fatigado, quizás por la carga de partidos acumulada desde su explosión el año pasado.

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João Neves ha sido el gran acierto del mercado de fichajes. El portugués tiene una capacidad de recuperación asombrosa para su estatura y una visión de juego que encaja perfectamente con lo que busca el técnico asturiano. Es un mediocampo con mucha técnica, pero quizás algo ligero físicamente cuando toca enfrentarse a transatlánticos como el Bayern o el City.

¿Hacia dónde va este proyecto sin estrellas galácticas?

Nasser Al-Khelaïfi asegura que el modelo ha cambiado. Ya no quieren "cromos", quieren un equipo. Pero la realidad es que el PSG es una marca global que vive de los resultados y del brillo. Si los resultados no llegan en Europa, la paciencia de Doha se agotará, como ha pasado con todos los entrenadores anteriores. Luis Enrique tiene crédito, pero no es infinito.

La Ligue 1 se ganará, casi por inercia. El problema es que el dominio local ya no le sirve a nadie en París. La gente quiere ver si este grupo de jóvenes talentos puede competir de tú a tú contra la aristocracia del fútbol europeo sin depender de un chispazo de genialidad individual de una superestrella. Por ahora, la moneda sigue en el aire.

Hay partidos donde el PSG parece el mejor equipo del mundo por su forma de esconder la pelota. Otros donde parecen un equipo amateur defendiendo jugadas a balón parado o centros laterales. Esa inconsistencia es lo que define cómo va el PSG en este arranque de 2026.

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Qué esperar en los próximos meses

Para entender el futuro inmediato del club, hay que vigilar de cerca tres factores clave:

  1. La recuperación de Gonçalo Ramos: El equipo necesita un referente en el área. Alguien que fije a los centrales y convierta las medias ocasiones en goles. Si Ramos vuelve en forma, el sistema de Luis Enrique ganará la verticalidad que le falta.
  2. El mercado de invierno: Se rumorea que el club busca un central zurdo y, quizás, un extremo con más desborde individual. La chequera está lista, pero Luis Campos ahora busca perfiles más específicos y menos mediáticos.
  3. La gestión emocional de Luis Enrique: Su relación con la prensa francesa es tensa, por decir lo poco. Si los resultados en Champions no mejoran, el ruido mediático puede desestabilizar a un vestuario que, por primera vez en años, parece estar unido y sin clanes internos.

En resumen, el PSG está en plena transición. Es un proceso doloroso y fascinante a la vez. Ya no son el equipo de los sueños de los videojuegos, sino un equipo de autor que intenta demostrar que el fútbol es un juego de once, no de uno solo. Veremos si les alcanza para romper la maldición europea o si terminan siendo otra víctima de su propia ambición.

Para seguir de cerca la evolución del equipo, lo ideal es monitorizar los mapas de calor de Vitinha y la efectividad de Barcola en los duelos individuales, ya que de ellos depende gran parte del flujo ofensivo. También conviene estar atentos a las rotaciones en la portería; cualquier indicio de titularidad de Safonov en partidos importantes marcará un antes y un después en la jerarquía de Luis Enrique. La clave estará en si logran mantener la intensidad defensiva durante los 90 minutos, algo que hasta ahora ha sido su gran asignatura pendiente.