Cómo va el Inter: Realidad, Crisis y el Futuro del Proyecto de Inzaghi

Cómo va el Inter: Realidad, Crisis y el Futuro del Proyecto de Inzaghi

El Inter de Milán no es un equipo cualquiera. Es una montaña rusa emocional que viste de azul y negro. Si te estás preguntando cómo va el Inter ahora mismo, la respuesta corta es que están en una pelea de perros por mantener el dominio en Italia mientras intentan no desmoronarse en Europa. No es tan simple como mirar la tabla. Hay mucho ruido de fondo.

Simone Inzaghi tiene un problemón. Ganar la segunda estrella —el vigésimo Scudetto— fue increíble, una fiesta que paralizó Milán, pero el éxito es una droga peligrosa. Te relaja. Y este Inter parece, por momentos, un equipo que todavía tiene resaca de los festejos en la Piazza del Duomo. La intensidad no es la misma. Los mecanismos que antes eran relojería suiza ahora chirrían un poco.

El muro que se convirtió en cristal

Hablemos de la defensa. Es lo más preocupante. El año pasado, Sommer podía haberse echado una siesta en varios partidos y no pasaba nada. Eran un bloque de granito. Acerbi, Bastoni y Pavard se entendían con la mirada. Pero el tiempo no perdona a nadie, y menos a Francesco Acerbi, que ya pasa de los 35. Las transiciones defensivas están siendo un dolor de cabeza constante. Los equipos rivales ya no le tienen miedo a la presión tras pérdida del Inter porque saben que, si superan la primera línea, hay praderas de espacio a la espalda de Calhanoglu.

Es raro verlo. Un equipo de Inzaghi concediendo goles por errores de bulto o por falta de retorno defensivo. No es falta de talento, es falta de piernas o quizá de hambre. Lautaro Martínez lo dijo hace poco: hay que correr más. Y si el capitán lo dice, es porque el vestuario sabe que algo no carbura.

La "Lu-La" que ya no existe y el factor Thuram

Marcus Thuram ha sido una bendición, honestamente. Llegó gratis y se convirtió en el socio perfecto, pero la dependencia de su potencia física es total. Cuando Thuram no está fino, el Inter se vuelve previsible. Lautaro, aunque es un fuera de serie y un candidato eterno al Balón de Oro, ha tenido rachas de sequía que desesperan al Meazza.

Y luego está el banquillo. Taremi llegó para dar profundidad, pero no es lo mismo que tener a un revulsivo que cambie la dinámica del partido en Champions. La gestión de minutos de Inzaghi está bajo lupa. A veces parece que los cambios son por decreto, minuto 60 y fuera, sin importar si el jugador está en su mejor momento o si el partido pide otra cosa.

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Cómo va el Inter en la gestión de Oaktree

Fuera del campo, la cosa está igual de movida. El cambio de propiedad de Suning a Oaktree Capital no fue solo un movimiento de papeles en un despacho de abogados. Fue un terremoto. Los Zhang se fueron y entraron los estadounidenses. Al principio hubo miedo. La gente pensaba que vendrían a vender hasta las taquillas para recuperar la inversión.

Pero parece que la estrategia es distinta. Beppe Marotta, el verdadero arquitecto de este Inter, ha sido ascendido a presidente. Eso da mucha tranquilidad. Si Marotta está al mando, el barco no se hunde. Él es quien consigue a los Zielinski y a los Taremi sin pagar un euro de traspaso. Es un mago. Sin embargo, la sostenibilidad financiera es la prioridad absoluta. No esperes fichajes de 100 millones. El Inter sobrevive siendo más inteligente que los demás, no más rico.

El dilema de la Champions League

¿Se puede competir en Europa y en la Serie A con la misma plantilla? El nuevo formato de la Champions es una trituradora de carne. Más partidos, más viajes, más desgaste. El Inter ha demostrado que puede jugarle de tú a tú al Manchester City o al Real Madrid, lo vimos en aquella final de Estambul. Pero una cosa es un partido a vida o muerte y otra es la regularidad de una temporada larga.

La rotación excesiva le ha costado puntos en liga. El Inter va "bien" si comparamos con la crisis de otros grandes, pero la exigencia aquí es máxima. Ya no vale con entrar en el top 4. El objetivo es ganar. Y ahora mismo, el Napoli de Conte (un viejo conocido que sabe perfectamente cómo romper al Inter) y la Juventus de Thiago Motta están apretando las tuercas.

Lo que los datos no te cuentan

Si miras las estadísticas avanzadas, el Inter sigue creando muchas ocasiones. Los Expected Goals (xG) dicen que deberían llevar más goles. El problema es la eficacia. Se fallan goles que el año pasado entraban llorando. Es esa pizca de suerte o de concentración que te da el hambre de gloria.

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  • Puntos clave del rendimiento actual:
    • La salida de balón desde Sommer sigue siendo de las mejores del mundo.
    • Barella es el motor absoluto; si él se resfría, el equipo estornuda.
    • Dimarco es un extremo disfrazado de lateral, su pie izquierdo es un guante.
    • La dependencia de Calhanoglu para organizar el juego es casi excesiva.

Mucha gente critica a Inzaghi por ser demasiado rígido con su 3-5-2. Es verdad que a veces falta un Plan B cuando los equipos se encierran atrás con dos líneas de cuatro muy juntas. Falta ese regateador puro, un jugador tipo "desatascador" que rompa líneas en el uno contra uno. Buchanan podría ser ese perfil, pero las lesiones lo han frenado.

¿Hacia dónde va este proyecto?

No nos engañemos, el ciclo de este núcleo de jugadores está en su punto de maduración máximo. Eso significa que es ahora o nunca. Dentro de dos años, muchos de los pilares tendrán que ser reemplazados. El Inter va por un camino de transición dulce, pero cualquier bache puede convertirla en amarga.

La clave de cómo va el Inter en las próximas semanas dependerá de la gestión de la enfermería. No tienen una plantilla tan larga como para aguantar tres bajas importantes al mismo tiempo. Si Bastoni o Calhanoglu se rompen, el esquema se cae como un castillo de naipes.

Hay un runrún en la prensa italiana sobre la renovación de ciertos contratos y las tentaciones de la Premier League. Siempre están ahí. Pero el sentido de pertenencia que ha creado Inzaghi es fuerte. Los jugadores quieren estar en Milán. Se nota en cómo celebran cada gol, en cómo se abrazan. Eso no se compra.

La realidad del Scudetto

A día de hoy, el Inter es el rival a batir, pero ya no es el favorito indiscutible. La competencia ha subido el nivel. El Milan está en reconstrucción pero tiene chispazos, y el Napoli no tiene competiciones europeas, lo que les permite entrenar toda la semana para un solo partido. Eso es una ventaja competitiva brutal contra la que el Inter tiene que luchar con menos descanso.

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Es fascinante ver cómo evoluciona este equipo. De ser un conjunto que jugaba a la contra con Conte, a ser un equipo que quiere la pelota y dominar con Inzaghi. Pero a veces, en ese deseo de ser protagonistas, se olvidan de cerrar la puerta de atrás. Y en Italia, si dejas la puerta abierta, te roban hasta la alfombra.

Para entender cómo va el Inter, hay que mirar más allá del resultado del domingo. Hay que observar la cara de Marotta en el palco, la energía de Inzaghi en la banda (que parece que va a jugar él en cualquier momento) y la conexión de la grada con el equipo. El Meazza sigue llenándose cada jornada. La comunión es total.

Pasos a seguir para evaluar el futuro del Inter:

Monitorear el rendimiento de la defensa en los primeros 15 minutos de los partidos. Si entran dormidos, hay un problema de mentalidad que Inzaghi no ha resuelto. Observar el mercado de agentes libres para el próximo verano; ahí es donde el Inter gana sus ligas antes de que empiecen. Seguir de cerca la evolución física de Lautaro Martínez tras los parones de selecciones, ya que su desgaste es el termómetro del ataque nerazzurro. Analizar si el club logra cerrar la refinanciación de la deuda o si habrá necesidad de una venta dolorosa en junio para cuadrar balances.