El Benito Villamarín es un termómetro constante. Si vas por Heliópolis un domingo de partido, el ambiente te dice exactamente cómo va el Betis antes incluso de que ruede el balón. Ahora mismo, la sensación es de una tensa calma mezclada con esa ambición que Manuel Pellegrini ha inyectado en el club desde que aterrizó en 2020. No es el Betis de hace una década que sufría por no bajar. Es un equipo que se ha acostumbrado al caviar de Europa, pero que este año está encontrando piedras en el camino que nadie esperaba.
La irregularidad es la palabra que más suena en las tertulias de la Avenida de la Palmera.
A ver, seamos realistas. El equipo está vivo en la pelea por los puestos europeos, que es el objetivo mínimo que se marca la directiva de Ángel Haro. Pero la eliminación temprana en competiciones continentales y algunos pinchazos contra rivales teóricamente inferiores han generado un debate necesario. ¿Se le está agotando el crédito al "Ingeniero"? Honestamente, parece que no, pero el fútbol tiene poca memoria. El esquema del chileno sigue siendo el 4-2-3-1 de manual, aunque las piezas han cambiado drásticamente tras la salida de figuras que eran el alma del vestuario.
La vida sin Isco y el peso de las lesiones
Si te preguntas cómo va el Betis en términos de juego, la respuesta corta es: esperando a Isco Alarcón. La lesión del malagueño fue un mazazo. No es solo que sea el mejor jugador de la plantilla; es que era el sistema entero. Sin él, el Betis ha perdido esa pausa necesaria en el último tercio del campo. Lo de Isco no fue una simple molestia, su fractura de peroné y las complicaciones posteriores han dejado un hueco que ni Fornals ni Lo Celso —en sus picos de forma— han logrado llenar con la misma regularidad mágica.
Giovani Lo Celso volvió como el hijo pródigo. Empezó marcando goles casi sin querer, tirando del carro cuando el equipo se hundía. Pero el físico le ha jugado malas pasadas. Es la historia de siempre con el argentino: calidad de sobra, minutos de menos por problemas musculares.
El centro del campo ha sufrido una metamorfosis total. Marc Roca y Johnny Cardoso se han convertido en los pulmones. Cardoso, especialmente, es un perfil que el Betis no tenía. Un tipo que abarca mucho campo, que roba y que permite que los laterales suban con cierta alegría. Sin embargo, la falta de gol de los delanteros centro sigue siendo el gran talón de Aquiles. Bakambu no termina de arrancar por sus problemas físicos crónicos y el Chimy Ávila aporta más garra que efectividad pura frente a la portería contraria.
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El muro defensivo y la sorpresa de la cantera
Lo curioso es que, tradicionalmente, el Betis era un coladero. Ya sabes, ese equipo que te marcaba tres pero te encajaba cuatro. Eso ha cambiado. Cómo va el Betis en defensa es quizás la nota más alta de la temporada. Diego Llorente ha resultado ser un fichaje de manual. Sobrio, bien por arriba y con una salida de balón que recuerda a los mejores tiempos de Bartra, quien por cierto, sigue intentando recuperar su mejor nivel tras un calvario de lesiones en el tendón de Aquiles.
Abde es otro caso de estudio.
El marroquí ha pasado de ser un revulsivo eléctrico pero atolondrado a ser un titular casi indiscutible. Ha ganado madurez. Ya no intenta regatear a cuatro defensas en una cabina de teléfonos; ahora levanta la cabeza. Y eso se nota. El equipo vuelca mucho el juego por su banda, buscando ese uno contra uno que desequilibre bloques bajos.
La gestión de la cantera también está siendo clave. Pellegrini, que no es muy dado a regalar minutos a los chavales porque sí, ha tenido que tirar de la cantera por pura necesidad. Y los chavales han respondido. Nombres como Assane Diao siguen ahí, aunque su progresión se ha estancado un poco, pero otros como Mateo Flores están pidiendo paso. Es ese equilibrio entre veteranía y juventud lo que mantiene al equipo a flote cuando el presupuesto no da para fichar cracks de 50 millones de euros.
El factor Manuel Pellegrini: ¿Fin de ciclo?
Hablar de cómo va el Betis es hablar de Pellegrini. Es el entrenador con más victorias en la historia del club. Ha dado estabilidad, títulos (esa Copa del Rey de 2022 que todavía se celebra en cada esquina de Sevilla) y una identidad clara. Pero hay sectores de la afición que empiezan a ver síntomas de agotamiento. El juego a veces se vuelve previsible. El toque-toque horizontal sin profundidad desespera a más de uno cuando el marcador va 0-1 en contra.
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Sin embargo, la directiva lo tiene claro: mientras se compita por entrar en Europa, Manuel no se toca. El respeto que impone en el vestuario es su mayor activo. Los jugadores van a muerte con él. Es un líder silencioso que no necesita dar gritos en la banda para que se haga lo que él dice. La pregunta es si podrá reinventarse una vez más cuando recupere a todos sus efectivos.
Las finanzas y el mercado de fichajes
No podemos entender cómo va el Betis sin mirar la cuenta corriente del club. El límite salarial de LaLiga es un dolor de cabeza constante para Manu Fajardo, el director deportivo. El club ha tenido que hacer malabares para inscribir jugadores y eso afecta a la planificación. La venta de piezas clave como Germán Pezzella o la salida de Guido Rodríguez dejaron un vacío emocional y táctico difícil de llenar sin dinero fresco en la caja.
El Betis está apostando por un modelo de "comprar barato, revalorizar y vender". No hay otra. Por eso dolió tanto la eliminación en la Conference League, porque el dinero de las rondas finales es oxígeno puro para las arcas béticas. Sin ese flujo de ingresos, el próximo mercado de verano se presenta como un desafío donde quizás haya que vender a algún intocable para poder traer tres o puntos de refuerzo de nivel medio.
La competitividad en LaLiga y el sueño de Champions
Mirando la tabla, el Betis siempre merodea la zona noble. Pero la competencia es feroz. El Athletic Club de Valverde está volando, el Real Sociedad siempre acaba despertando y luego están los gigantes de siempre. Para entrar en Champions, el Betis necesitaría una racha de esas de diez partidos sin perder que hace tiempo que no vemos.
La regularidad en casa es fundamental. El Villamarín tiene que volver a ser un fortín donde nadie saque puntos. Últimamente, se han escapado empates contra equipos de la zona baja que al final de temporada son los que marcan la diferencia entre viajar a Londres los jueves o quedarse viendo la tele en casa.
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Básicamente, el equipo está en una fase de transición competitiva.
No es una crisis, ni mucho menos. Es una readaptación. El equipo ha perdido a sus capitanes históricos —Joaquín se retiró, Guardado se fue— y el nuevo liderazgo está en manos de tipos como Marc Bartra o el propio Isco cuando está en el césped. Esa jerarquía no se construye de la noche a la mañana.
Qué esperar en los próximos meses
Para saber realmente cómo va el Betis, hay que fijarse en el calendario que viene. Los duelos directos contra rivales de "su liga" (Villarreal, Valencia, Sevilla) van a definir si el equipo aspira a la sexta plaza o si puede soñar con algo más. La vuelta de los lesionados de larga duración va a ser como fichar en invierno. Si Isco vuelve al 80% de su nivel anterior, el Betis automáticamente sube un escalón en su peligrosidad ofensiva.
El equipo necesita que Vitor Roque explote. El joven brasileño tiene movimientos de delantero de élite, pero la ansiedad por marcar le ha pasado factura en algunos partidos. Si empieza a enchufarlas, el problema del gol desaparece de un plumazo. Es un diamante en bruto que Pellegrini está puliendo con paciencia, a veces demasiada para el gusto del bético impaciente.
Insights para seguir al equipo
Si quieres estar al día de la evolución del equipo y entender mejor su dinámica actual, aquí tienes unos puntos clave para observar en los próximos partidos:
- Vigilancia del centro del campo: Observa si Pellegrini mantiene el doble pivote defensivo o si se arriesga con un perfil más creativo cuando los partidos se atascan. La gestión de los minutos de Johnny Cardoso será vital para evitar que se queme físicamente.
- Efectividad en las áreas: El Betis genera mucho volumen de juego pero concreta poco. El ratio de goles por ocasiones creadas es uno de los más bajos de los equipos de la parte alta. Si esta estadística no mejora, el equipo sufrirá para mantener el ritmo europeo.
- Estado físico de las estrellas: No quites el ojo a las rotaciones. Con tres competiciones (o la carga acumulada), el equipo suele tener un bajón físico alrededor del minuto 70. Los cambios de Pellegrini suelen ser conservadores, pero este año necesita ser más valiente con el banquillo.
- El factor ambiental: El Villamarín es soberano. Un par de resultados malos pueden torcer el gesto de una afición que, aunque fiel, empieza a exigir que el crecimiento del club se traduzca en una mayor regularidad y, por qué no, en llegar más lejos en los torneos cortos.
Seguir la actualidad del Real Betis Balompié requiere entender que el club vive en una montaña rusa emocional constante, pero con un conductor, Manuel Pellegrini, que sabe perfectamente dónde está el freno y dónde el acelerador. La clave será ver si el motor aguanta hasta mayo sin griparse. El plan está trazado, solo falta que la pelota entre y que las lesiones den un respiro a una plantilla que, nombre por nombre, tiene calidad de sobra para dar muchas alegrías a su gente.