Si cierras los ojos y piensas en la moda de finales del siglo pasado, probablemente te vengan a la mente colores neón y gente bailando techno. O quizás camisas de cuadros muy grandes. La verdad es que cómo se vestían en los 90 fue mucho más caótico de lo que las tiendas de "fast fashion" actuales nos quieren hacer creer. No todo era perfecto ni todo combinaba. De hecho, la mayor parte del tiempo, la meta era precisamente que no combinara nada.
Fue una década de contrastes brutales. Pasamos del glamour excesivo de los 80 a un desaliño total que, curiosamente, se volvió carísimo. Es raro.
El Grunge o por qué todos parecíamos leñadores con frío
Todo empezó en Seattle. Si quieres entender cómo se vestían en los 90, tienes que entender a Kurt Cobain. No era una pose de marketing; era, literalmente, gente poniéndose lo que encontraba en tiendas de segunda mano porque no tenían un duro. Las camisas de franela se convirtieron en el uniforme oficial. Pero no se usaban planchadas ni ajustadas. Se llevaban tres tallas más grandes, desabrochadas o amarradas a la cintura.
La superposición de capas era clave. Te ponías una camiseta de manga corta sobre una de manga larga y, encima, la camisa de cuadros. Si hacía frío, un cárdigan de lana viejo y lleno de bolas. El aspecto "sucio" era el máximo estatus social. Marcas como Marc Jacobs intentaron llevar esto a la pasarela en 1992 y, aunque lo despidieron de Perry Ellis por eso, cambió la historia de la moda para siempre.
Honestamente, era cómodo. No tenías que preocuparte por las arrugas. Los vaqueros estaban rotos, pero no rotos de fábrica como los que compras ahora por 50 euros, sino desgastados por el uso real.
Los pantalones que podían albergar a una familia pequeña
A mediados de la década, las cosas se pusieron anchas. Muy anchas. Los pantalones "baggy" dominaron la escena, impulsados por la cultura del skate y el hip-hop. Si no arrastrabas el bajo del pantalón por el suelo hasta que se deshilachara, no estabas en nada.
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Empresas como JNCO llevaron esto al extremo. ¿Te acuerdas de esos pantalones con perneras de 50 centímetros de ancho? Eran ridículos. Pero en ese momento, eran lo más. La silueta se volvió pesada abajo y pequeña arriba, especialmente para las mujeres que empezaron a usar los famosos "crop tops".
El fenómeno del chándal de táctel
No podemos hablar de esta época sin mencionar el tactel. Ese tejido sintético que hacía un ruido insoportable al caminar. Shic-shic-shic. Si ibas al parque, escuchabas a la gente antes de verla. Los colores eran una pesadilla psicodélica: violeta, verde lima, fucsia y turquesa, todo en una sola chaqueta. Era la herencia visual de los 80 que se resistía a morir, fundiéndose con una estética más deportiva.
El "Heroin Chic" y la estética minimalista
Mientras los adolescentes se vestían como si fueran a acampar, en las revistas de alta costura pasaba algo distinto. Calvin Klein y Kate Moss definieron lo que se llamó el "Heroin Chic". Era una mirada pálida, ojjerosa y extremadamente delgada. Se alejaba de las supermodelos atléticas como Cindy Crawford para buscar algo más crudo.
Aparecieron los vestidos lenceros o "slip dresses". Básicamente, salir a la calle en camisón. Courtney Love lo hacía con un toque punk, mientras que Gwyneth Paltrow lo llevaba con una elegancia minimalista casi clínica. El negro volvió a ser el color de seguridad. Menos era más, siempre y cuando ese "menos" fuera de una marca de lujo.
La invasión de la cultura Pop y las "Clueless" vibes
A finales de los 90, la oscuridad del grunge se disipó y llegó el color, pero de una forma más plástica y pulida. Si viste la película Clueless (Ni idea), sabes de lo que hablo. Conjuntos de cuadros escoceses amarillos, faldas tableadas, calcetines hasta la rodilla y mucho pelo liso.
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Aquí es donde entran las Spice Girls. Cada una representaba un arquetipo, y eso permitió que millones de niñas y adolescentes eligieran un "bando" estético. Las plataformas gigantes (las Buffalo eran el santo grial) elevaron la estatura de toda una generación. Literalmente. Era casi imposible caminar con ellas sin doblarse un tobillo, pero ¿a quién le importaba?
- Las gargantillas "choker" que parecían tatuajes de plástico negro.
- Las pinzas de pelo con forma de mariposa que se llenaban de purpurina.
- Los bolsos baguette que apenas servían para llevar el móvil (que por cierto, era un ladrillo).
El calzado que definió una era
Aparte de las plataformas, hubo dos reyes indiscutibles: las Dr. Martens y las Adidas Gazelle. Las botas militares eran el nexo de unión entre los pijos y los alternativos. Todo el mundo las quería. Por otro lado, el britpop de bandas como Oasis o Blur puso de moda las zapatillas de ante y las chaquetas de chándal de marcas como Fred Perry o Sergio Tacchini.
Era un estilo muy de "clase trabajadora británica" que se exportó a todo el mundo. Gorros de pescador (bucket hats) incluidos. Kinda weird, pero funcionaba.
¿Por qué nos obsesiona tanto hoy?
Es una mezcla de nostalgia y funcionalidad. Gran parte de lo que hoy consideramos "estilo urbano" nació en esos años. Los logos grandes, la ropa deportiva como prenda de gala y la obsesión por las zapatillas limitadas.
Pero hay una diferencia clave: en los 90 no había Instagram. La gente no se vestía para la foto, se vestía para la calle. Había una especie de "descuido real" que hoy es muy difícil de replicar porque estamos demasiado pendientes de cómo nos vemos en una pantalla.
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Realidades olvidadas de los armarios noventeros
Mucha gente olvida los pantalones de tiro bajo. No, no los que ves ahora. Los de verdad. Aquellos que empezaban tan abajo que sentarte era un deporte de riesgo. Fue una tendencia que causó estragos en la autoestima de muchísima gente, imponiendo un estándar corporal casi imposible.
Y el tejido polar. Dios mío, el tejido polar. De repente, todo el mundo llevaba chaquetas de marcas de montaña como The North Face o Helly Hansen para ir a comprar el pan. Fue el inicio del "athleisure" aunque ni siquiera sabíamos que se llamaba así.
Cómo aplicar la estética de los 90 sin parecer que vas disfrazado
Si estás intentando rescatar esa esencia, no intentes copiar el look completo de Britney Spears en 1998. Vas a parecer que vas a una fiesta temática. La clave está en los detalles y en la calidad de las prendas.
- Busca vaqueros de 100% algodón. Los Levi's 501 vintage son mejores que cualquier imitación moderna porque tienen esa caída rígida que define la silueta de la época.
- Usa una sola prenda "oversize". Si llevas pantalones anchos, usa una parte de arriba más ajustada. El error común en los 90 era ir ancho arriba y abajo, lo cual te hacía parecer una caja.
- Invierten en calzado clásico. Unas Dr. Martens o unas Converse All Star nunca pasan de moda y te dan ese aire rebelde de forma instantánea.
- Menos maquillaje, más actitud. La estética de los 90 celebraba la piel real (a veces demasiado mate, eso sí). Olvida el "contouring" excesivo.
La moda de los 90 era, en esencia, una rebelión contra la perfección. Era un "me he puesto esto porque estaba encima de la silla". Intentar que parezca demasiado planeado rompe el hechizo. La próxima vez que te pongas una sudadera vieja con unos vaqueros rectos, recuerda que no estás siendo flojo; estás rindiendo homenaje a una de las décadas más influyentes de la moda moderna.
Para dominar el estilo, lo mejor es bucear en tiendas de segunda mano reales, no en las secciones "vintage" de las grandes cadenas. Busca tejidos que pesen, costuras que aguanten y, sobre todo, ropa que te permita moverte. Al fin y al cabo, los 90 se trataban de libertad, de música y de no tomarse la moda demasiado en serio.