El fútbol no espera a nadie y mucho menos a un equipo que ha acostumbrado al mundo a la perfección absoluta. Si te estás preguntando cómo quedó el Manchester City, la respuesta corta es que el equipo atraviesa uno de los momentos más desafiantes de la era de Pep Guardiola. Ya no es ese rodillo imparable que ganaba por inercia. Ahora, cada partido se siente como una batalla táctica y física donde las costuras empiezan a verse.
No es una crisis terminal. Para nada. Pero el City ha dejado de ser ese equipo que podías predecir con los ojos cerrados.
El peso de la ausencia de Rodri
No podemos hablar de cómo quedó el Manchester City sin mencionar el agujero negro que dejó la lesión de Rodri. Ganar el Balón de Oro y romperse los ligamentos casi al mismo tiempo es una ironía cruel. Básicamente, Rodri era el termómetro. Sin él, el equipo ha perdido esa capacidad de pausar el juego cuando el rival presiona alto. Mateo Kovačić ha intentado cubrir el hueco, y lo hace bien con la pelota en los pies, pero defensivamente el City se siente mucho más vulnerable en las transiciones.
¿Vieron el partido contra el Brighton o la derrota ante el Sporting de Lisboa en Champions? Fue un caos. El equipo quedaba partido a la mitad. Guardiola ha probado de todo: meter a Rico Lewis por dentro, usar doble pivote, incluso retrasar a Bernardo Silva. Nada termina de cuajar del todo porque Rodri es, sencillamente, irreemplazable en el sistema actual.
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La sequía (relativa) de Erling Haaland
Decir que Haaland está en crisis suena a chiste cuando miras sus números, pero si analizas cómo quedó el Manchester City en sus últimos compromisos, notas que el noruego ya no recibe balones con la misma ventaja de antes. Los rivales han aprendido a asfixiar a Kevin De Bruyne y Phil Foden. Si cortas el suministro, Haaland se convierte en un espectador de lujo.
Kevin De Bruyne ha tenido problemas físicos recurrentes. Eso duele. Ver al belga en el banquillo o entrando solo los últimos 20 minutos cambia por completo la cara del equipo. Sin su visión periférica, el juego del City se vuelve lateral, previsible y, honestamente, un poco aburrido por momentos. Foden, por su parte, ha tenido un inicio de temporada irregular tras el desgaste de la Eurocopa. El brillo que lo llevó a ser el mejor jugador de la Premier el año pasado aparece solo por ráfagas.
Los resultados que marcaron el rumbo
Para entender el estado actual, hay que mirar el marcador. El City encadenó una racha de derrotas consecutivas que no se veía desde hace años. Perder contra el Tottenham en la Carabao Cup fue el primer aviso. Luego vino la derrota en Premier ante el Bournemouth, un partido donde se vieron superados en intensidad física.
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Pero el golpe más duro fue en Europa. El 4-1 sufrido ante el Sporting de Lisboa de Ruben Amorim fue una bofetada de realidad. El City dominó la posesión, sí, pero fue frágil. Cada vez que el rival cruzaba la mitad del campo, parecía que iba a marcar. Esa sensación de invencibilidad se ha esfumado. Los equipos ya no le tienen miedo al Etihad Stadium; ahora le tienen respeto, pero también ven una oportunidad.
La defensa: un rompecabezas sin piezas
Ruben Dias y John Stones han lidiado con lesiones que han obligado a Pep a improvisar. Manuel Akanji ha tenido que multiplicarse. Josko Gvardiol, aunque aporta muchísimo en ataque (vaya goles marca de fuera del área), a veces sufre a sus espaldas. La defensa alta del City es un riesgo suicida si la presión arriba no es perfecta. Y ahora mismo, la presión no es perfecta.
Savinho ha sido la nota positiva. El brasileño encara, desborda y le da esa electricidad que el equipo perdió con la salida de Mahrez o el bajón de Grealish. Pero un extremo de 20 años no puede cargar con toda la generación de peligro de un equipo que aspira a ganar el triplete cada año. Es pedirle demasiado.
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¿Qué esperar del Manchester City ahora?
Muchos analistas dicen que este es el fin de un ciclo. Yo no sería tan drástico. Guardiola suele encontrar soluciones locas a problemas complejos. Quizás veamos un cambio de dibujo táctico más radical en la segunda mitad de la temporada. Lo que es seguro es que la lucha por la Premier contra el Liverpool y el Arsenal será una de las más apretadas de la década.
El City ha quedado en una posición de persecución. Ya no son los que marcan el ritmo, sino los que tienen que remar desde atrás. Históricamente, eso se les da bien. Recuerden las remontadas épicas contra el Liverpool de Klopp. Pero esta vez, el desgaste físico parece mayor. La plantilla es corta y la exigencia del nuevo formato de la Champions League no da respiro.
Pasos a seguir para entender la evolución del equipo
Si quieres seguir de cerca la evolución de este Manchester City, no te fijes solo en el resultado final. Hay tres indicadores clave que te dirán si el equipo de Pep está volviendo a su mejor versión o si la caída continuará:
- La distancia entre líneas: Observa si el equipo se mantiene compacto cuando pierde el balón. Si ves que el mediocampo deja espacios de más de 10 metros con la defensa, el City seguirá sufriendo.
- La conexión De Bruyne-Haaland: El termómetro del ataque es la frecuencia de pases filtrados del belga hacia el "Androide". Si esa conexión vuelve a activarse dos o tres veces por partido, los goles volverán a caer por racimos.
- El rol de Rico Lewis: Pep confía ciegamente en él para arreglar el mediocampo. Su capacidad para decidir bajo presión será vital para liberar a los creativos de tareas defensivas pesadas.
El panorama es complejo, pero descartar al Manchester City es el error más común que puedes cometer en el fútbol moderno. Siguen vivos en todas las competiciones y, aunque el golpe por la baja de Rodri fue sísmico, el ADN competitivo del club sigue intacto. Toca observar cómo gestionan este invierno, que será decisivo para sus aspiraciones de levantar trofeos en mayo.