Cómo hacer lentejas: lo que tu abuela nunca te explicó sobre el sofrito y el remojo

Cómo hacer lentejas: lo que tu abuela nunca te explicó sobre el sofrito y el remojo

Hacer un plato de legumbres parece la tarea más sencilla del mundo, pero la realidad es que cómo hacer lentejas con ese sabor profundo y textura aterciopelada es casi un arte perdido en la era de la comida rápida. Te han dicho mil veces que es tirar todo a la olla y ya. Mentira. Si haces eso, terminas con un caldo aguado o, peor aún, con lentejas que parecen perdigones flotando en agua triste.

La cocina tradicional española, esa que huele a hogar un martes a las dos de la tarde, se basa en la paciencia y en el orden de los factores. Porque aquí el orden sí altera el producto. No es lo mismo echar el pimentón al principio que al final. No es lo mismo usar agua del grifo si vives en una zona de aguas duras que usar agua filtrada. Son esos pequeños detalles los que separan una comida mediocre de un plato que te hace querer lamer el fondo de la cazuela.

Honestamente, la mayoría de la gente falla en lo básico. Se saltan el sofrito o compran legumbres de baja calidad que llevan tres años cogiendo polvo en el estante del supermercado. Si quieres aprender de verdad, olvídate de las prisas. Vamos a mancharnos las manos.

El dilema del remojo: ¿Es realmente necesario?

Mucha gente se pregunta si hay que poner las lentejas en remojo. Depende. Si usas la variedad lenteja pardina (esa pequeñita y marrón que no se deshace), técnicamente no lo necesitas. Pero, si tienes tiempo, dales un par de horas. ¿Por qué? No es solo por la cocción. El remojo ayuda a eliminar los antinutrientes como los fitatos, lo que básicamente significa que te van a sentar mejor y no te vas a sentir como un globo después de comer.

Si optas por la lenteja castellana, que es más grande y plana, el remojo es casi obligatorio si no quieres estar dos horas vigilando el fuego. Seamos sinceros: nadie tiene tanto tiempo un día de diario. El remojo acorta el proceso y asegura que la piel no se desprenda de la carne de la legumbre, algo que queda fatal visualmente.

El agua importa más de lo que crees

Si vives en un sitio como Valencia o zonas costeras donde el agua tiene muchísima cal, tus lentejas nunca van a quedar tiernas por mucho que las hiervas. Es física pura. La cal endurece la piel. Usa agua mineral o filtrada. Es un cambio ridículo pero que transforma el plato por completo. Es la diferencia entre una textura mantecosa y una sensación arenosa en la boca.


Cómo hacer lentejas con un sofrito que tenga alma

El sofrito es el corazón del plato. Es donde vive el sabor. Si echas la cebolla cruda al agua, vas a tener unas lentejas hervidas, no un guiso. Necesitas que la cebolla se rinda, que se vuelva transparente y dulce en el aceite de oliva virgen extra.

Empieza con una buena cantidad de aceite. No escatimes. Pica la cebolla muy fina, casi que desaparezca, y añade un par de dientes de ajo picados. Pero cuidado. El ajo se quema en un suspiro. Cuando el aroma del ajo empiece a invadir la cocina, es el momento de los vegetales. A mí me gusta ponerle zanahoria en rodajas y un poco de pimiento verde. El pimiento rojo también funciona, pero el verde le da un toque más herbáceo que corta la grasa del chorizo.

El secreto del pimentón

Aquí es donde muchos arruinan el guiso. El pimentón de la Vera es sagrado, pero es extremadamente delicado. Si lo echas y dejas que se fría demasiado, se amarga. Y si se amarga, puedes tirar las lentejas a la basura porque ese sabor no se va con nada. El truco es: retira la sartén del fuego, echa la cucharadita de pimentón, remueve cinco segundos y añade inmediatamente el tomate triturado o un chorrito de agua para frenar la cocción. Magia.

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La importancia de la proteína (o la falta de ella)

No todo el mundo quiere chorizo y morcilla. Lo entiendo. Las lentejas viudas (solo con verduras) pueden ser espectaculares si potencias el sabor con un buen caldo de verduras casero en lugar de agua. Pero si vas por el camino tradicional, el compango es vital.

  • Chorizo: Que sea de calidad. Si suelta mucha grasa naranja chillón nada más tocar el agua, es que tiene más colorante que carne.
  • Panceta o tocino: Aporta esa untuosidad que hace que el caldo "pegue" los labios.
  • Hueso de jamón: Un clásico que aporta salinidad y profundidad. Ojo con la sal luego, porque el hueso ya suelta lo suyo.

Si decides hacerlas vegetarianas, añade un poco de comino. El comino no solo ayuda a la digestión, sino que engaña al paladar dándole una nota terrosa que compensa la ausencia de carne. Es un truco de vieja escuela que nunca falla.

El proceso paso a paso: Fuego lento vs. Olla exprés

A ver, yo soy fan del fuego lento. Hay algo casi terapéutico en ver el chup-chup durante cuarenta minutos. Sin embargo, entiendo que la vida va a mil por hora. Si usas olla exprés, el truco para saber cómo hacer lentejas de diez es no pasarte con el agua. En la olla rápida no hay evaporación. Si cubres las lentejas con tres dedos de agua como harías en una cazuela normal, te van a quedar aguadas. Cubre justo un dedo por encima y ya.

En cazuela tradicional, el proceso es distinto. Tienes que "asustar" a las lentejas. Cuando empiecen a hervir a borbotones, echa un chorrito de agua fría. Esto corta la ebullición y ayuda a que no se rompan. Hazlo un par de veces. Es un gesto casi místico que los chefs de antes juraban que era la clave del éxito.

¿Cuándo echar la sal?

Siempre al final. Siempre. Si salas al principio, la piel de la lenteja se endurece. Es una reacción química simple. Espera a que la legumbre esté casi tierna para ajustar el punto de sal. Así además evitas pasarte si el chorizo o el jamón han soltado más de la cuenta.

Errores comunes que arruinan tu guiso

Uno de los fallos más típicos es revolver las lentejas con una cuchara de metal como si estuvieras batiendo huevos. No hagas eso. Vas a romper la piel y vas a terminar con un puré. Si necesitas remover, mueve la cazuela por las asas con un vaivén suave.

Otro error es el exceso de laurel. El laurel es potente. Una hoja es suficiente para una olla familiar. Si echas tres o cuatro, al final solo vas a saber a bosque y vas a tapar el sabor de la lenteja y el sofrito.

Y por favor, no les pongas patata si vas a congelarlas. La patata congelada tiene una textura de corcho que es francamente desagradable. Si sabes que vas a guardar raciones para la semana, mejor hazlas sin patata o añade la patata cocida aparte en el momento de comer.

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Espesar el caldo sin usar harinas

Si te han quedado un poco líquidas, no entres en pánico. No le eches harina cruda, por favor. El mejor truco es sacar un par de cucharadas de lentejas y un trozo de zanahoria del guiso, triturarlas con un poco de caldo y volver a echar esa pasta a la olla. Remueve un poco y verás cómo el caldo adquiere un cuerpo increíble en cuestión de segundos. Es una técnica profesional que mantiene el sabor puro de la legumbre.


Nutrición y ciencia: Más que solo hierro

Siempre nos han dicho que las lentejas tienen mucho hierro. Es verdad, pero es hierro "no hemo", lo que significa que a nuestro cuerpo le cuesta absorberlo. ¿La solución? Vitamina C. Si acompañas las lentejas con un chorrito de vinagre (muy típico en muchas casas) o te comes una naranja de postre, estás multiplicando la absorción de ese hierro.

Además, son una bomba de fibra. En un mundo lleno de ultraprocesados, volver a la legumbre es la mejor decisión que puedes tomar por tu microbiota. Según estudios publicados en el American Journal of Clinical Nutrition, el consumo regular de legumbres reduce significativamente el colesterol LDL y mejora el control glucémico. No es solo que estén ricas, es que son medicina en un plato hondo.

Variedades que deberías probar

Más allá de la pardina y la castellana, existen joyas como la lenteja beluga (negra y brillante, ideal para ensaladas porque no se deshace nada) o la lenteja roja pelada. Esta última es perfecta para cremas o para gente con digestiones muy pesadas, ya que al no tener piel se deshace completamente y es súper ligera. Se cocina en apenas 10-15 minutos, lo cual es un salvavidas para cenas rápidas.

Pasos finales para un resultado de experto

Una vez que apagues el fuego, deja que las lentejas reposen. Al menos diez o quince minutos. El guiso necesita asentarse, que los sabores terminen de conocerse y que el almidón termine de ligar el caldo. De hecho, como casi todos los guisos, están mucho más ricas al día siguiente.

Para elevar el plato a otro nivel antes de servir, puedes añadir:

  • Un chorrito de aceite de oliva en crudo justo al emplatar.
  • Unas piparras o guindillas en vinagre para limpiar el paladar de la grasa.
  • Un poco de arroz blanco cocido aparte si quieres la proteína completa (la combinación de legumbre y cereal aporta todos los aminoácidos esenciales).

Dominar cómo hacer lentejas no requiere un título de cocina, pero sí requiere respeto por el producto. No intentes atajar caminos. Respeta el sofrito, elige bien la legumbre y vigila el fuego. Con estos pilares, pasarás de hacer una comida funcional a crear un plato que tu familia recordará.

Acciones inmediatas para tu próximo guiso:

  • Revisa tu despensa: Si tus lentejas llevan ahí más de un año, tíralas. Estarán duras como piedras sin importar cuánto las cocines. Compra legumbre de la cosecha del año.
  • Haz el sofrito a fuego muy lento: Tómate al menos 15 minutos solo para la cebolla y el pimiento. Ese es el cimiento de todo el sabor.
  • Controla el agua: Es preferible quedarse corto y añadir un poco de agua caliente a mitad de cocción que acabar con una sopa aguada donde tienes que bucear para encontrar una lenteja.
  • El toque ácido: Prueba a añadir una cucharadita de vinagre de Jerez justo antes de comer. Verás cómo resalta todos los sabores del sofrito y hace el plato mucho menos pesado.