Cómo está el Real Madrid ahora mismo: entre lesiones, dudas tácticas y el peso de Mbappé

Cómo está el Real Madrid ahora mismo: entre lesiones, dudas tácticas y el peso de Mbappé

A ver, si alguien te dice que el Real Madrid está en crisis, probablemente esté exagerando. Pero si te dicen que todo va de maravilla, te están mintiendo en la cara. La realidad de cómo está el Real Madrid hoy es un rompecabezas de piezas carísimas que todavía no terminan de encajar, y honestamente, el ruido blanco del Bernabéu empieza a tener un tono de impaciencia que no veíamos desde hace tiempo.

No es solo perder un partido o empatar otro. Es la sensación de que el equipo ha perdido esa brújula que solía llevar en el bolsillo Toni Kroos.

El vacío de Kroos es un abismo

¿Te acuerdas cuando el Madrid sabía exactamente qué hacer con la pelota? Bueno, eso se fue a Alemania a jubilarse. La ausencia de Toni Kroos no es solo una estadística de pases acertados; es una cuestión de latidos. Sin él, el equipo corre más pero piensa menos. Fede Valverde está intentando multiplicarse, haciendo de pulmón, de lateral, de llegador y ahora de organizador, pero el uruguayo es un motor, no un arquitecto.

Carlo Ancelotti lo sabe. Lo admite en rueda de prensa con esa ceja levantada que ya conocemos. El técnico italiano está probando de todo: el 4-3-3, el 4-4-2 en rombo, meter a Camavinga de pivote único... pero la fluidez no llega. El balón no viaja a la velocidad que requiere una delantera con Vinícius y Mbappé. Si el pase sale tarde, las defensas rivales ya están escalonadas, y ahí es donde el Madrid se estrella contra muros de hormigón.

Kylian Mbappé y el dilema del carril izquierdo

Hablemos de lo que todo el mundo evita en las cenas familiares: Kylian no está cómodo. Es un hecho. El francés ha llegado al club de sus sueños para encontrarse con que su zona favorita, la banda izquierda, tiene dueño y señor. Vinícius Júnior no se va a mover de ahí porque es, ahora mismo, el jugador más desequilibrante del mundo en el uno contra uno.

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Entonces, cómo está el Real Madrid en ataque se resume en una congestión de tráfico. Mbappé termina ocupando zonas de "9" puro, algo que odia, o cayendo a la izquierda y chocando literalmente con Vini. Esto genera una asimetría extraña. La banda derecha suele quedar desierta, con Rodrygo intentando equilibrar un barco que siempre se escora hacia el mismo lado. Jude Bellingham, por su parte, ya no pisa el área con la frecuencia de la temporada pasada porque tiene que bajar a ayudar a sacar el balón. Es un efecto dominó de sacrificios tácticos que está mermando el brillo individual.

La enfermería: un dolor de cabeza constante

No podemos analizar el estado del club sin mirar el parte médico. Lo de las lesiones de ligamento cruzado en Valdebebas empieza a parecer una maldición gitana. La baja de Dani Carvajal es, posiblemente, la más dolorosa de todas. No solo pierdes al mejor lateral derecho del mundo, pierdes al tipo que grita, que muerde y que sabe cuándo hay que cometer una falta táctica.

Lucas Vázquez cumple, siempre lo hace, pero pedirle que sea Carvajal durante toda una temporada es injusto. Y luego está lo de Éder Militão. Otra vez. La defensa está en cuadro. Antonio Rüdiger está jugando prácticamente todos los minutos posibles, y si el alemán se constipa, el Madrid tiene que tirar de la cantera o de experimentos como retrasar a Tchouaméni.

  • La zaga está bajo mínimos.
  • Falta un central de jerarquía que dé relevo.
  • Las rotaciones son casi inexistentes por miedo a perder puntos.

David Alaba sigue en un proceso de recuperación que se ha alargado más de lo previsto, y eso ha obligado a la dirección deportiva a mirar el mercado de invierno, algo que Florentino Pérez suele evitar como si fuera la peste. Nombres como Aymeric Laporte o incluso el regreso de canteranos como Miguel Gutiérrez (aunque sea lateral) están en el aire, pero el Madrid prefiere no fichar por impulso.

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La gestión de vestuario y el "Efecto Ancelotti"

A pesar de todo esto, el ambiente interno no es un polvorín. Esa es la gran virtud de este club. Ancelotti es un maestro de la diplomacia. Mientras la prensa externa especula con celos entre los delanteros, dentro de Valdebebas se respira una calma tensa pero profesional. Mbappé y Vinícius se llevan bien, se buscan, se ríen. El problema no es personal, es posicional.

El Madrid siempre ha sido un equipo de momentos. De épica. De ganar partidos que no merece ganar simplemente por inercia histórica. Pero este año, esa inercia parece estar fallando en la Champions League, donde equipos con una presión alta y organizada, como el Liverpool o el Milan en su momento, le han sacado los colores a la espalda de los centrocampistas.

¿Qué esperar en los próximos meses?

Para entender cómo está el Real Madrid, hay que mirar el calendario. Enero y febrero van a dictar sentencia. Con la nueva estructura de la Champions, no hay margen de error. El equipo necesita que Arda Güler y Endrick empiecen a tener minutos de calidad, no solo los "minutos de la basura". Hay un sector de la afición que pide a gritos más protagonismo para el turco, viendo en él esa pizca de magia y visión de juego que falta desde que Kroos colgó las botas y Modric, por pura biología, no puede jugar 90 minutos cada tres días.

Luka Modric sigue siendo el mejor "plan B" del planeta, pero el Madrid no puede depender de un genio de casi 40 años para desatascar partidos contra el Getafe o el Mallorca. La transición dulce se ha vuelto un poco amarga por la falta de un plan de juego asociativo claro.

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Hoja de ruta para el madridista

Si eres de los que sigue al equipo día a día, fíjate en estos tres puntos clave para las próximas semanas:

  1. La posición de Bellingham: Si Jude vuelve a jugar cerca del área rival, el Madrid marcará más goles, pero sufrirá más en defensa. Es la manta corta: si te tapas los pies, te enfrías la cabeza.
  2. El mercado de invierno: Si el club no ficha un central o un lateral derecho, la temporada se va a hacer eterna para Rüdiger y Valverde. El desgaste físico será el principal enemigo en abril.
  3. La conexión Vini-Mbappé: Observa si empiezan a intercambiar posiciones de forma natural o si siguen ocupando el mismo metro cuadrado. De esa química depende el éxito de la temporada.

El Real Madrid está en una fase de metamorfosis. Ya no es el equipo de las transiciones letales de la vieja guardia, pero todavía no es el "Dream Team" que todos imaginamos cuando se anunció el fichaje de Mbappé. Es un gigante que camina con una piedra en el zapato: tiene la fuerza, tiene el tamaño, pero todavía le duele cada paso que da en terrenos pantanosos. No los des por muertos, porque sería el primer error del manual del fútbol, pero prepárate para una montaña rusa de emociones y, probablemente, algún que otro cambio táctico drástico antes de que lleguen los títulos en juego.

La paciencia no es una virtud común en Chamartín, pero este año va a ser más necesaria que nunca. El equipo tiene los ingredientes, pero el chef todavía está ajustando el punto de sal. Si logran ajustar la salida de balón y proteger la espalda de una defensa diezmada, volverán a ser imparables. Si no, será un año de aprendizaje muy costoso.

Para seguir de cerca la evolución del equipo, lo ideal es monitorizar los entrenamientos en Valdebebas donde Ancelotti está probando a Aurélien Tchouaméni como central fijo, una solución de emergencia que podría convertirse en permanente. Además, la vuelta progresiva de Eduardo Camavinga al ritmo competitivo será vital para dar ese equilibrio defensivo que hoy brilla por su ausencia. El club se juega mucho más que tres puntos en cada jornada; se juega la identidad de un proyecto diseñado para dominar la década.