Si has visto suficientes partidos de Alavés contra Real Madrid, ya sabes cómo va la historia. Mendizorroza ruge. El frío de Vitoria se te mete en los huesos incluso a través de la pantalla. Y, de repente, un equipo que presupuestariamente no debería aguantarle ni diez minutos al gigante de Chamartín, empieza a morder. No es solo fútbol. Es una resistencia casi cultural que ha dejado cicatrices en la historia reciente de La Liga.
El Madrid llega siempre como favorito. Obvio. Pero hay algo en el ADN del Deportivo Alavés que parece activarse cuando ven las camisetas blancas frente a ellos. No es que ganen siempre, claro que no, pero obligan al Madrid a bajar al barro. A sufrir. A mirar el reloj cada dos minutos.
El fantasma del centenario y otras pesadillas blancas
Hay derrotas que no se olvidan. Para el Madrid, una de las más sonrojantes ocurrió en 2018. El Alavés no le ganaba al Madrid en Vitoria desde hacía 87 años. Casi nada. Parecía el típico partido de trámite donde el Madrid domina pero no marca, hasta que en el minuto 95, Manu García aprovechó un caos en el área tras un córner para batir a Courtois. El estadio explotó. Ese gol no fue solo tres puntos; fue el recordatorio de que en el fútbol de élite, la complacencia te mata.
Ese resultado no fue una anomalía aislada. En la temporada 2020-21, en pleno silencio de la pandemia, el Alavés fue al Alfredo Di Stéfano y dio un golpe sobre la mesa ganando 1-2. Lucas Pérez y Joselu—un exmadridista que siempre parece tener una cuenta pendiente—ajusticiaron a un Madrid que se veía incapaz de romper el orden defensivo de los babazorros. Honestamente, es fascinante cómo un equipo puede pasar de sufrir contra colistas a ser una roca inexpugnable ante el actual campeón de Europa.
La táctica del muro: Cómo se frena a Vinícius y compañía
¿Cómo lo hacen? No hay magia negra involucrada, aunque a veces lo parezca. El planteamiento en los partidos de Alavés contra Real Madrid suele basarse en una intensidad física que roza el límite. El Alavés no te deja respirar. Sus laterales suelen recibir ayudas constantes porque saben que dejar a Vinícius Jr. o a Rodrygo en un uno contra uno es suicidio puro.
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Históricamente, entrenadores como Abelardo o Luis García Plaza han entendido que la clave no es quitarle el balón al Madrid—eso es casi imposible—sino elegir dónde dejar que lo tengan. Les obligan a jugar por fuera. Les cierran el embudo en la frontal del área. Y luego, aprovechan que el Madrid suele dejar espacios a la espalda de sus centrales cuando se vuelca al ataque. Es un juego de paciencia y nervios de acero. El Madrid se desespera. Empiezan las protestas al árbitro. El ritmo se corta. Y ahí, en ese caos controlado, es donde el Alavés se siente como en casa.
El factor Joselu y el peso de la "ley del ex"
Es imposible hablar de estos enfrentamientos sin mencionar a Joselu Mato. Antes de su regreso triunfal al Bernabéu para ganar la Decimoquinta, Joselu era el terror de la defensa blanca vistiendo la camiseta albiazul. Tiene una capacidad innata para ganar duelos aéreos y fijar a centrales de la talla de Militao o Rüdiger.
Su salida dejó un vacío, pero el Alavés ha sabido reinventarse con perfiles como Samu Omorodion, cuya potencia física puso en serios aprietos a la zaga madridista en sus últimos choques. El Madrid sufre contra delanteros que no solo corren, sino que chocan. Si el delantero centro del Alavés tiene un buen día y logra bajar tres o cuatro balones largos, el Madrid se ve obligado a retroceder 20 metros, perdiendo su dominio territorial.
El Bernabéu no siempre es un refugio
Podrías pensar que cuando el Alavés viaja a Madrid la cosa cambia radicalmente. A veces sí, como ese 5-0 de mayo de 2024 donde el Madrid dio un recital de pegada. Pero otras veces, el Bernabéu se convierte en un escenario de ansiedad. La afición blanca es exigente. Si el Alavés aguanta el 0-0 hasta el minuto 60, los pitos empiezan a sonar y las piernas de los jugadores locales pesan el doble.
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En términos de estadísticas puras, el Real Madrid domina el historial con una superioridad aplastante. Han ganado más del 80% de los encuentros totales. Sin embargo, el dato engaña. Si miras los marcadores, muchos de esos triunfos se decidieron en los últimos diez minutos o por detalles individuales de genios como Bellingham o Modrić. No son paseos militares.
Lo que los datos no te cuentan sobre la rivalidad
Más allá de los goles, hay un componente emocional muy fuerte. Vitoria es una ciudad que vive el fútbol con una humildad orgullosa. Para el Alavés, recibir al Madrid es el evento del año. Para el Madrid, ir a Vitoria es ese examen difícil para el que te da pereza estudiar pero que sabes que si suspendes, se te complica todo el curso.
- Intensidad en los duelos: El Alavés suele cometer un 20% más de faltas de su promedio habitual cuando juega contra los blancos. Cortar el ritmo es su seguro de vida.
- Balón parado: Casi el 40% de las ocasiones claras del Alavés contra el Madrid nacen de saques de esquina o faltas laterales. Saben que en el juego fluido pierden, así que maximizan el laboratorio.
- La fatiga post-Champions: El calendario suele ser el mejor aliado del Glorioso. Si el Madrid viene de jugar contra el Bayern o el City un miércoles, el sábado en Mendizorroza se les hace cuesta arriba.
Claves para entender el próximo enfrentamiento
Si vas a ver o apostar en los próximos partidos de Alavés contra Real Madrid, fíjate en la alineación del centro del campo. Si Ancelotti decide rotar y no pone a sus "perros de presa", el Alavés suele encontrar grietas en las transiciones. La baja de figuras como Toni Kroos ha cambiado la forma en que el Madrid gestiona estos partidos de "pico y pala". Ya no hay tanta pausa; ahora todo es vértigo, y eso a veces favorece el estilo de ida y vuelta que le gusta al equipo vasco.
No ignores tampoco el factor climatológico. Parece un tópico, pero la lluvia y el viento de Vitoria afectan la circulación del balón. Un campo rápido beneficia al Madrid, pero un campo pesado y difícil nivela las fuerzas de una manera asombrosa.
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Para disfrutar realmente de este duelo, hay que apreciar la belleza de la resistencia. No busques solo los regates de Vinícius. Mira cómo se mueve la línea defensiva del Alavés. Mira cómo achican espacios. Es una lección de táctica defensiva contra el talento puro.
Qué hacer si sigues estos partidos
Para los analistas o aficionados que buscan profundizar en esta rivalidad, lo ideal es no quedarse solo con el resultado final de Google.
- Revisa los mapas de calor: Verás que el Madrid suele estar "atrapado" en las bandas, incapaz de entrar por el carril central.
- Observa los primeros 15 minutos: Si el Alavés logra salir vivo de la presión inicial sin encajar, las probabilidades de un partido cerrado aumentan drásticamente.
- Sigue las declaraciones post-partido: Los entrenadores rivales suelen elogiar la "capacidad de sufrimiento" del Alavés, una frase que ya es un mantra en Vitoria.
El fútbol español necesita estos contrastes. Sin el muro de Mendizorroza, las ligas del Real Madrid tendrían mucho menos mérito. Cada vez que estos dos se cruzan, se pone a prueba la jerarquía contra la voluntad. Y a veces, solo a veces, la voluntad gana.