65: al borde de la extinción y por qué la crítica no supo qué hacer con ella

65: al borde de la extinción y por qué la crítica no supo qué hacer con ella

A veces, Hollywood intenta vendernos algo tan sencillo que nos terminamos rompiendo la cabeza buscando un significado oculto que simplemente no existe. Eso pasó con 65: al borde de la extinción. Cuando salió el primer tráiler, todo el mundo pensó que veríamos una entrega extraña de Jurassic Park o quizás un spin-off secreto de alguna franquicia de ciencia ficción de alto presupuesto. Pero no. La realidad es que Scott Beck y Bryan Woods, los mismos que escribieron la angustiante A Quiet Place, querían hacer algo mucho más crudo. Querían a un tipo con un arma futurista disparándole a lagartos gigantes. Punto.

Es una película de serie B con un presupuesto de serie A. Eso confunde.

Adam Driver interpreta a Mills, un tipo que no es un superhéroe, sino un trabajador que acepta un contrato de dos años en el espacio para poder pagar el tratamiento médico de su hija. Todo sale mal, claro. Acaba estrellándose en un planeta desconocido que resulta ser la Tierra hace 65 millones de años. La premisa es tan directa que asusta. No hay grandes giros de guion políticos ni metáforas profundas sobre la existencia humana. Es supervivencia pura. Honestamente, ver a un actor del calibre de Driver, que suele estar en proyectos de Ridley Scott o Noah Baumbach, enfrentándose a un T-Rex es una de esas anomalías cinematográficas que deberíamos agradecer más a menudo.

El caos detrás de 65: al borde de la extinción

La producción no fue un camino de rosas. Se rodó principalmente en los bosques de Luisiana y en los pantanos de Oregón, intentando capturar esa sensación de naturaleza indómita que los efectos digitales a veces suavizan demasiado. El problema es que, cuando intentas mezclar dinosaurios con realismo sucio, el público se queda un poco descolocado. ¿Es para niños? No, es demasiado oscura. ¿Es para cinéfilos exigentes? Probablemente no, el guion es casi minimalista.

Sony Pictures movió la fecha de estreno varias veces. Eso suele ser una señal de pánico en la industria. Sin embargo, 65: al borde de la extinción sobrevivió a su propia campaña de marketing confusa. La película dura apenas 93 minutos. En una era donde las películas de Marvel o las epopeyas de Nolan rozan las tres horas, que una cinta de ciencia ficción vaya directo al grano es casi un milagro. Mills encuentra a Koa, la única otra superviviente, y tienen que llegar a una nave de escape antes de que el asteroide que todos conocemos borre el mapa.

La química entre Adam Driver y Ariana Greenblatt es lo que sostiene la tensión. Ella habla un idioma diferente. No pueden comunicarse con palabras, solo con gestos y necesidad. Es un recurso que Beck y Woods ya dominaban en A Quiet Place, pero aquí lo llevan al terreno de la prehistoria. Hay una escena específica, en una cueva, donde el silencio se vuelve un personaje más. No es solo el miedo a lo que hay afuera, es el peso de saber que el mundo entero está a punto de acabarse bajo sus pies.

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¿Por qué los dinosaurios se ven "raros"?

Si buscas exactitud científica, vas a salir decepcionado. Los paleontólogos probablemente tuvieron pesadillas después de ver los diseños de las criaturas. En 65: al borde de la extinción, los dinosaurios no son necesariamente los que encuentras en un libro de texto de primaria. Se ven más monstruosos, más agresivos, casi como sacados de una pesadilla alienígena.

Esto fue una decisión deliberada de los directores. No querían hacer un documental de National Geographic. Querían que el espectador sintiera lo mismo que Mills: que está en un lugar hostil donde nada es familiar. Los depredadores no se comportan como animales cazando por hambre, actúan como obstáculos en un videojuego de terror. Es una decisión creativa arriesgada. Algunos dicen que le quita realismo; otros opinan que le añade esa vibra de "cine de monstruos" que se ha perdido un poco con tanto CGI pulido.

  • Presupuesto estimado: Unos 45-50 millones de dólares. No es poco, pero tampoco es una superproducción de 200 millones.
  • Diseño de sonido: Espectacular. Los crujidos en el bosque y los rugidos distantes están diseñados para ser escuchados en una sala de cine con buen equipo.
  • El factor Adam Driver: Su compromiso físico es total. Se nota que no usó dobles para gran parte de las escenas de acción en el barro.

El asteroide como reloj de arena

Lo más interesante de la trama es la presión constante. No solo te persiguen lagartos de tres metros con ganas de cenar, sino que el cielo se está cayendo literalmente. La película utiliza el evento de extinción masiva del Cretácico-Paleógeno como un cronómetro. Sabemos que el impacto va a ocurrir. Sabemos que no hay forma de detenerlo. Esa inevitabilidad le da a la película un tono de desesperación que la separa de otras aventuras espaciales.

Koa, la niña, representa la esperanza en un entorno donde la muerte es la única certeza. Mills está roto por dentro debido a la enfermedad de su hija en su planeta natal, y salvar a Koa se convierte en su redención personal. Es una estructura clásica de "lobo solitario y cachorro", muy al estilo de The Last of Us o Logan. No reinventa la rueda, pero funciona porque Driver sabe cómo transmitir dolor sin decir una sola palabra.

Lo que la mayoría de la gente no entendió

Muchos críticos destrozaron la película por su falta de profundidad. "Es demasiado simple", decían. Pero, ¿desde cuándo la simplicidad es un pecado? 65: al borde de la extinción no intenta ser Interstellar. Es una película de supervivencia que dura lo que tiene que durar. En un mercado saturado de universos cinematográficos interconectados que requieren que hayas visto 15 series y 30 películas previas para entender el contexto, encontrarse con una historia cerrada, con principio, nudo y desenlace claro, es refrescante.

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Hay algo casi primitivo en ver tecnología avanzada fallando en un entorno salvaje. Mills tiene escáneres, granadas de plasma y un rifle de largo alcance, pero nada de eso le sirve de mucho cuando está hundido hasta el cuello en arenas movedizas o atrapado en un sistema de cuevas colapsando. La tecnología falla. El instinto no.

Incluso los momentos de calma son tensos. Hay una escena donde intentan descansar y Mills le enseña a Koa a usar un silbato. Es un respiro necesario antes de que el tercer acto se convierta en una huida frenética hacia la cima de una montaña. La película entiende el ritmo. Sabe cuándo apretar y cuándo dejarte respirar, aunque esos respiros duren poco.

El legado de la película en el streaming

Curiosamente, donde la película realmente encontró su público fue en las plataformas digitales. En los cines tuvo un paso tibio, recaudando unos 60 millones de dólares a nivel mundial. No fue un desastre, pero tampoco el éxito que Sony esperaba. Sin embargo, en Netflix y otros servicios de streaming, se convirtió en un fenómeno. ¿Por qué? Porque es la película perfecta para ver un viernes por la noche sin complicaciones.

La gente quiere ver a Adam Driver peleando contra dinosaurios. Es una propuesta honesta. No hay engaños. Si entras esperando una reflexión sobre la condición humana y los viajes en el tiempo, te vas a sentir estafado. Si entras queriendo acción directa y una ejecución técnica sólida, vas a disfrutar cada minuto.

A veces, la industria del cine se olvida de que el entretenimiento puro también tiene valor. No todo tiene que ser una "elevated horror" o una tragedia griega disfrazada de ciencia ficción. 65: al borde de la extinción es honesta con sus limitaciones y brilla en sus fortalezas. Los efectos visuales, a cargo de Framestore (los mismos de Guardians of the Galaxy), son más que decentes para el presupuesto que manejaban.

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Cómo verla hoy y qué esperar

Si decides darle una oportunidad ahora, olvida las comparaciones con Jurassic World. Aquella es una fantasía de parque temático; esta es una pesadilla de supervivencia.

Consejos para disfrutarla al máximo:

  1. Sube el volumen: El diseño sonoro es la mitad de la experiencia. Los ruidos ambientales de la Tierra prehistórica son inquietantes.
  2. No busques lógica científica: Los dinosaurios están modificados para dar miedo, no para ser precisos. Acéptalo y sigue adelante.
  3. Fíjate en los detalles del equipo de Mills: La tecnología que usa tiene un diseño industrial muy interesante, desgastada y funcional, muy alejada de la estética limpia de Star Trek.

La película termina de una manera que no deja lugar a secuelas innecesarias, lo cual es de agradecer. Es una cápsula de tiempo, un momento específico de lucha por la vida antes de que el fuego lloviera del cielo. No necesita más. Mills y Koa son solo dos motas de polvo en la historia de un planeta que está a punto de cambiar para siempre, y esa perspectiva es, posiblemente, lo más profundo que la película ofrece sin esforzarse demasiado.

Para sacarle el mayor provecho a esta experiencia, lo ideal es verla en la pantalla más grande que tengas disponible. Aunque ya no esté en carteleras de estreno, su fotografía aprovecha muy bien los espacios abiertos y los contrastes entre la luz solar filtrada por la selva y la oscuridad total de las cavernas. No es una obra maestra, pero es un ejercicio de género sólido que cumple exactamente lo que promete en el póster. No más, no menos.